¿Por qué no hablar,
sencillamente, de la novela de amor?
Parece el término favorito de quienes no quieren que se les confunda con
autores del género romántico (Vade retro
Satana).
Carmen Amoraga (“Amoraga reivindica las novelas de amor en 'Todas las caricias'”, El País, 4.05.2000) quien
rápidamente advierte que escribió una “novela de amor, aunque desde luego no es una novela rosa”. Con lo
cual me suscita la duda de si eso quiere decir que acababa mal, en cuyo caso,
claro, hace bien en situarse fuera del género. No tuve el gusto de leer Todas las caricias.
El artículo “Nuevos románticos” (El Periódico, 24.08.2010) leemos que “La
novela de amor huye de la etiqueta rosa y se reinventa para atrapar a
todo tipo de lectores”. Claro que en esta joya del periodismo de investigación
se entiende que la “renovada novela romántica” está “escrita mayoritariamente
por hombres”. Sostienen aquí, que Federico Moccia “reinventó la novela
de amor” (Periodista Digital, 16.10.2013). No es el único, para Lluís
Fernández, de La Razón (9.02.2012), Moccia
es “el renovador de la novela romántica contemporánea”.
Y las Smart Bitches sin
enterarse…
No sé por qué, pero me parece
que es la denominación que prefieren los hombres cuando hablan de este tipo de
novelas.
Personalmente, me gusta, pero
reconozco que es gracias a Luis Sepúlveda y su novela Un viejo que leía novelas de amor (1993). Que, por cierto, no tiene
nada de romántica sino que es ficción literaria; te narra un episodio en la
Amazonía. Pero el protagonista es un señor que “un buen día decidió
leer con pasión las novelas de amor -«del verdadero, del que hace sufrir»-”,
después de que se las describieran de la siguiente manera: “cuentan la historia de
dos personas que se conocen, se aman y luchan por vencer las dificultades que
les impiden ser felices”.
El
viejo que leía novelas de amor las descubrió con…
El Rosario, de Florence Barclay, contenía amor, amor por todas partes. Los personajes sufrían y mezclaban la dicha con los padecimientos de una manera tan bella, que la lupa se le empañaba de lágrimas.
Si queréis saber algo más de
esta novela, en Librópatas hablan de este clásico de las novelas románticas, que fue todo
un superventas a principios del siglo XX, con adaptaciones cinematográficas y todo.
O sea, “sufrimientos, amores desdichados y finales felices” ¿y por qué? Pues porque estas novelas “hablaban del amor con palabras tan hermosas que a veces le hacían olvidar la barbarie humana”.
Ya digo que es una denominación
muy masculina. Quizá porque suena seria, y por ello se puede utilizar institucionalmente.
Así titularon así una exposición organizada por el Gobierno asturiano en la
Biblioteca Ramón Pérez de Ayala de Oviedo dedicada a Corín Tellado: Corín Tellado. Sesenta años de novela de
amor (2007).
Una variante de esta
denominación sería novela amorosa.
Así, leo en Los miserables, vol. II, pág.
104 (Random House Mondadori, 2005; trad. Nemesio Fernández Cuesta):
“Se ha abusado tanto de las miradas en las novelas amorosas, que se ha concluido por darles poca importancia; apenas se atreve hoy un novelista…”
Novela de amor o amorosa
Qué tiene de bueno:
define el tema central sin connotaciones peyorativas.
Problema: no deja
claro si hay o no un final feliz.
Resumiendo: ¿Novela rosa,
romántica, de amor, del corazón, sentimental? ¿Romance?
Yo me quedo con novela
romántica, pero ya vemos que hay expresiones de significado semejante que
tampoco están mal. Y lo de novela rosa,… mejor lo dejamos para los romances
genéricos tipo harlequín, o a la española de los años veinte, treinta,
cuarenta...
Termino mi repaso de la denominación del género con un deseo. O dos. Primero, que la RAE cambiara la definición de "novela rosa", dando una más objetiva y menos desdeñosa. Segundo, que incluyeran por algún lado la acepción de "novela romántica" como un género actual.