Adam’s mouth dropped open in astonishment. Once he’d convinced himself that she wasn’t a nightmare, his head hit the pillow behind it with a defeated plop. He laughed mirthlessly. “God, I must have done dome serious sinning to find myself in this hell.”
“Hello to you too.”
[…]
“What the hell are you doing here?”
“I go out of my way to visit sick friends. It’s one of my virtues.”
“You don’t have any virtues. I doubt you have any friends. And if you do, I doubt you’re that conscientious about paying sick calls.”
Así presenta Sandra Brown la primera interacción entre Lilah y Adam en esta novela, en la que se reencuentran. No sé como lo traducirían en su momento en Harlequin Ibérica. Yo os pongo mi propia traducción:
Adam se quedó boquiabierto de asombro. Una vez convencido de que no era una pesadilla, dejó caer la cabeza sobre la almohada con un golpe derrotado. Se rio sin alegría.
—Dios, debo haber cometido algún pecado grave para acabar en este infierno.
—Hola a ti también.
[…]
—¿Qué coño estás haciendo aquí?
—Hago lo que sea por visitar a mis amigos enfermos. Es una de mis virtudes.
—Tú no tienes ninguna virtud. Dudo que tengas ningún amigo. Y si los tienes, dudo que seas tan consciente como para visitarlos cuando están enfermos.
Ella chasqueó la lengua.
—Vaya, estamos de mal humor hoy.
«Adam’s fall» es una novela romántica corta, genérica, tipo harlequín, publicada por primera vez en mayo de 1988, era el n.º 252 de Loveswept. La segunda de un dúo dedicado a las hermanas Mason.
A Sandra Brown la descubrí precisamente con una de sus novelas cortitas genéricas, en inglés. Luego vi que tenía traducidas novelas de suspense romántico y me las esnifé, una tras otra. Yo vivía por entonces en Barcelona, lo que podía encontrar en el Fnac de L’illa. Ya con internet, me fui poco a poco haciendo con todas sus novelas, las cortitas y las largas, gracias a la posibilidad de comprar en el extranjero. Entre todas sus novelas genéricas, esta es la que se convirtió en mis favoritas. La leí por vez primera…en abril de 2003, creo.
La comenté en este blog en el año 2017, cuando estaba repasando toda la bibliografía de Sandra Brown.
Las chispas de hostilidad entre estos dos se convirtieron para mi en prototipo de bantering entre enemies. Sí, es una de esas novelas de esas «qué divertido es ver lo mal que se llevan algunos».
Básicamente Adam es un millonario que ha sufrido un accidente y necesita fisioterapia. Como los profesionales sanitarios le duran menos que un caramelo a la puerta de un cole, Lilah acaba siendo el último recurso. Así que ella viaja hasta Hawái, donde Adam vive, recluido en su casoplón, para recuperarlo, quiera él o no quiera, a pesar de que no pueden ni verse (desde el libro anterior).
La he leído, al menos, cuatro veces. La última, en el mes de abril de 2026. Escribir sobre mis héroes favoritos de romántica (aquí y aquí) me ha hecho pensar en releer algunos de estos libros, a ver qué impresión me dan. Siempre he pensado que pocas novelas románticas aguantan una relectura. Cosas que te enamoraron la primera vez, a la segunda o tercera ya han perdido su brillo.
No sólo comentaba héroes de romántica, sino también parejas. Son novelas cuyos protagonistas principales funcionan de manera espectacular como pareja. Por separado, con otros personajes, no habrían tenido esa química.
Mencioné a Adam Cavanaugh & Lilah Mason como uno de esos casos que no tendrían el mismo feeling con otros. Esta novelita genérica «de enemigos a amantes» demuestra que no hacen falta mil páginas para una historia de amor resultona. 183 páginas tiene mi ejemplar.
Siempre la leí en inglés, no la tengo en español. Mi ejemplar es la versión que Bantam Books publicó en diciembre de 1994, cuando el original es de mayo de 1988. Las esgrimas verbales, y el tono de humor, son difícilmente traducibles. No creo que merezca la pena gastarme el dinero en la versión española.
Durante años ha sido, para mí, una novela de cinco estrellas.
He vuelto a leer esta novela, y la anterior, Fanta C (Fantasía), la primera de las hermanas Mason, donde Lilah y Adam se conocen. Al volver a Adam’s fall, veo que la chispa sigue estando allí. Es sexy y resulta muy divertido ver el enfrentamiento entre estos dos personajes. Ahora, también soy consciente de que alguien que la lea hoy, en 2026, ex novo, se va a fijar en cosas en entonces no llamaban la atención.
Lo sé. Hay besos y toquiteos sin consentimiento previo, aunque tú sabes que desde el minuto uno (¿qué digo? ¡desde el libro anterior!) que estos dos están deseando echarse la zarpa encima, pese a que no sean muy conscientes de ello.
También, hay un personaje de origen extranjero, y no pronuncia bien el inglés. Se supone que da toque humorístico, pero a día de hoy incomoda.
Que ella sea la fisioterapeuta hace que más de una vez parezca escasamente profesional, en su deseo de pinchar a Adam y que reaccione, que se esfuerce para recuperarse.
Por eso, si la leyera hoy, quizá se quedara en cuatro estrellas. Me sigue pareciendo increíble que en un formato tan corto sea capaz de crear personajes inolvidables, manteniendo la tensión romántica y sexual en todo momento.
¿Se escriben novelas así hoy en día?
Solo en un sentido muy laxo. Obviamente, las cosas que suenen incorrectas políticamente no se podrían publicar hoy en día. Tampoco adoptan formato de harlequines, pero hay mucha contemporánea de menos de 200 páginas con otro tipo de portadas. Recurren muchas veces al NA, que quita todo ese misterio que aquí ves entre líneas, y es ese delicioso saber que, por debajo de toda esa hostilidad, estos dos se desean, muy a su pesar. Lilah y Adam son perfectos el uno para el otro, por mucho que les separen cienes y cienes de cosas.
Aquí os dejo, a la izquierda, la portada original de Loveswept n.º 252, mayo de 1988, o sea hace... 38 años. A la derecha, mi ejemplar de 1994.




