At first
she wasn’t sure he was real.
[…] She
thought he was a trick of her unfocused eyes or a product of late afternoon
drowsiness and midsummer ennui.
[…] Like
the pines, he was motionless. The trees stood as majestic and tall as
sentinels.
[…] The
unmoving form was undeniable male. So was the stance. Ah, yes, his stance was
definitely, arrogantly masculine. One knee was bent, throwing his hip slightly
off center.
It was
intimidating to wake up from a nap and discover someone standing not twenty
yards away watching you with the silence and patience of a predator. It was
doubly disconcerting to find that that someone was a self-assured and cocky
male who clearly saw you as the trespasser.
[…] “Get
your nap out, pichouette?”
Así presenta Sandra Brown al protagonista masculino de esta
novela, el cajún Cash Boudreaux. Schyler Crandall acaba de llegar a su casa de
Luisiana, después de seis años de ausencia, y se duerme una siesta al aire
libre. Se despierta con una figura masculina inquietante rondándola. Arrogante, sí, aunque también atractiva.
Dolors Udina, para la colección Cisne, tradujo esos mismos
fragmentos de la forma que voy a decir a continuación aunque, para mí, no tiene
la misma rotundidad que el original:
Al principio no estaba segura de que fuera
real.
[…] Pensó que era un espejismo producido
por la modorra de la tarde y el aburrimiento del verano.
[…] Como los pinos, que se erguían con majestuosidad
cual centinelas, él permanecía inmóvil.
[…] Aquella forma inmóvil era sin lugar a
dudas masculina, como su postura. ¡Ah! Sí, la postura era, definitiva y
arrogantemente masculina. Tenía una rodilla doblada y la cadera ligeramente
inclinada.
Era intimidante despertarse de una siesta y
descubrir a alguien a menos de veinte metros mirándote con el silencio y la
paciencia de un depredador. El desconcierto era aún mayor al ver que este
alguien era un macho seguro de sí mismo y engreído que, por si fuera poco,
miraba como si tú fueras el intruso.
[…] –
¿Ha terminado la siesta, pichouette?
«Slow heat in Heaven» es una novela de suspense romántico, publicada
por primera vez en el año 1988, no sé si en enero o en mayo, porque he
encontrado referencias a las dos fechas, para mi que debe ser mayo.
Creo que la leí primero en inglés, porque mi ejemplar tiene
el sello de la Llibreteria Salas de Barcelona. Debí adquirir la traducción al
español después. Así que calculo que la debí leer primero en inglés en 1996-1997, uno de esos años, y después en español.
No me gusta nada su portada en la edición española, que además
cambia el color del pelo de los protagonistas. Se supone que Schyler es rubia
de pelo largo y Cash más bien moreno, como cajún o acadio. O sea, justo lo contrario de lo que perpetraron en la edición de Cisne.
Comenté la novela aquí en el año 2017, cuando estaba
repasando toda la bibliografía de Sandra Brown.
Es un noir sureño que he leído tropecientas veces, puro
exceso de los ochenta, muy bigger than life. Una de esas novelas que
cumple a la perfección lo que Billy Wilder dice de las películas: al público
hay que agarrarle por el cuello en los primeros cinco minutos y no soltarle
hasta el final.
El escribir sobre mis héroes favoritos de romántica (aquí y aquí) me ha hecho pensar en releer algunos de
estos libros, a ver qué impresión me dan. Y en ello estoy.
Cash Boudreaux es un héroe de los de antes, recio y áspero
como papel de lija. Un bastardo (literal) con resentimiento frente al mundo.
—No
le gusto, ¿verdad?
Cash
respondió con franqueza:
–No,
supongo que no, pero no se lo tome como algo personal.
–Intentaré
recordarlo –dijo ella secamente–. ¿Por qué no le gusto?
–No
es que me disguste usted, sino lo que representa.
–¿Y
qué represento?
–Una
persona que está dentro de la sociedad.
No
esperaba una respuesta tan sucinta y simple.
–Eso
no es mucho.
–Lo
es para uno que está fuera.
En inglés reconozco que suena más cortante.
“An
insider”.
“That’s
not so much”
“To an outsider it
is”.
Durante años ha sido, para mí, una novela de ⭐⭐⭐⭐⭐. Cuando la he vuelto a leer, en junio de 2026, me ha seguido
encantando.
Me alucina cómo la autora crea a los personajes y los mete en un mundo
propio, con sus sabores, olores, sonidos propios de la Luisiana de los bayous. Crear mundos con palabras es, para mí, lo que distingue al novelista de raza. Si la leyera ahora, seguiría siendo cinco estrellas.
¿Se escriben novelas así hoy en día?
Yo tengo la impresión de que no. Desde luego, si las hay, yo no las he encontrado en el género romántico.
Ahora no se intenta reconstruir toda una
cultura, que es lo que se hace en Odio en el Paraíso. Brown te pone ante los ojos todo un mundo, un paisaje y un paisanaje, con detalle. Aquí tienes la Luisiana de los bayous, sus relaciones sociales, la economía del lugar, la forma en que se trabaja y comercia con la extracción de madera, los diferentes personajes interactuando, cada uno con sus propias intenciones y una personalidad muy definida.
Suelo decir que las novelistas actuales dotan a los personajes de identidad, no de personalidad, y por eso acaban resultando incluso más cliché de lo habitual en un género tan dado al estereotipo. Por eso son todos perfectamente intercambiables y, leído uno, leídos todos.
En cambio, quien leyó esta novela recuerda siempre a Cash Boudreaux, como se recuerda de Derek Craven o a Clayton Westmoreland. No porque fueran perfectos o ideales, no; al contrario, estos tres que menciono tenían defectos y cometían errores; algunos, hasta actos reprobables. Se les recuerda porque las novelistas sabían crean personajes que sonaban individuales, con unos actos y unas palabras propios de ellos y no de ningún otro.
No veo en las novelas actuales personajes principales, y mucho menos secundarios, tan perfectamente descritos. Gente tan distinta y
compleja, con sus debilidades y pasiones, sus gustos y sus maquinaciones particulares. Secretos guardados durante años, planes que se tuercen, malvados que intrigan...
Tanta violencia, tanta intensidad.
El malo es de los que da mucho miedo, y ya sabéis que el suspense funciona mejor cuanto mejor sea el
malo.
Si sólo lees romántica de los últimos años, no te parecerá
que esta novela pertenezca al mismo género que las de Henry o Hazelwood. Hay
tantas cosas políticamente incorrectas en ella, y el héroe es tan controvertido…
Desde luego, no se parece en nada a esos protagonistas actuales que a mí me
suenan como si fueran la bestie de la protagonista femenina, y (lo digo y lo repito) perfectamente intercambiables con cualquier otro de otra novela, incluso de otra autora.
Cash es arrogante, brutal o sibilino, según las
circunstancias.
No pide permiso ni tampoco perdón.
Ahora, también es una persona que percibe la debilidad de los vulnerables e intenta ayudar siempre que puede, aunque al exterior sea, pues eso, ya digo, papel de lija.
Lo suyo con Schyler es pura atracción física, aunque luego, en la página, no haya más que unas pocas escenas explícitas. Pero el lector siente toda la intensidad
de su deseo por Schyler, toda la pasión por ella y su cuerpo. Una atracción larvada desde hace años, cuando era cría y la sacó de una situación complicada sin que nunca se lo agradecieran. Tienes que leer
entre líneas que Cash (pese a sus palabras y muchos de sus actos) está colado
por ella desde el minuto uno. Realmente, no te lo pone negro sobre blanco. Eso es
lo más delicioso, cuando parte de la historia la crea el espectador o el
lector.
Decía Lubitsch (siempre según Wilder) que al público había
que dejarle sumar dos y dos. Te querrán siempre.
Así son las novelas con solera, igual que las películas
clásicas. No te lo dan todo mascado, tienes que sumar dos más dos.
Yo la recomiendo totalmente, salvo si tienes una
sensibilidad muy woke o no eres capaz de suspender la incredulidad. Tampoco funcionará con lectores impacientes.
A continuación, os pongo una foto de mis dos ejemplares.
Como veis, al libro en español yo le puse otra portada, inventándome una especie de collage en tono rojo pasión. ¡No me gusta nada
de nada la portada original, ya os lo he dicho!