Vaya peliculón, casi como una
clásica del Oeste
DATOS GENERALES
Título original: A
reason to live
Subgénero:
histórica/1865
Fecha
de publicación: 9/2006
Parte de una serie: Forrester Brothers #1
Editorial: Berkley Sensation
Páginas: 281
ISBN 9780425212202 (Mass Market Paperback)
NO
TRADUCIDA AL ESPAÑOL
SINOPSIS (de Fiction Data Base)
¿Cómo
podía negarme al deseo de un hombre moribundo?
30
de mayo de 1865: durante la guerra, cuidé de demasiados jóvenes en el hospital;
los consolaba mientras clamaban por sus seres queridos y me susurraban sus
últimas palabras. Llevar un registro de sus nombres, familias y mensajes
finales me parecía un pequeño homenaje a su sacrificio... hasta que la guerra
terminó y encontré una nueva misión en la vida.
Visitaría
a los seres queridos de aquellos pobres soldados y les entregaría sus mensajes,
para que pudieran hallar algo de consuelo incluso en medio del dolor...
Pero
Laurel Covey jamás esperó encontrar a un hombre como Creede Forrester:
un antiguo pistolero que había cabalgado desde Texas hasta Virginia con la
esperanza de encontrar a su hijo, y que terminó salvándola de una banda de
rufianes. Le causa un profundo dolor tener que comunicarle la muerte del
muchacho; cree que, en el fondo, Creede se culpa a sí mismo por haber alejado a
su hijo. Sin embargo, hay algo más en este hombre de aspecto rudo y cansado.
Algo que atrae a Laurel hacia él... algo a lo que no puede resistirse...
¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
Sí. Entró en mi primera lista
de las mil mejores novelas románticas, en el puesto 223, y aún pasa el
corte. Tuvo críticas máximas en dos páginas de referencia, The Romance Reader
(un Five hearts Keeper) y All About Romance (Desert Island Keeper). Wendy the
Superlibrarian le puso una A (la incluye en su Top de históricas del Oeste),
ganó el premio RT 2006 en la categoría Romance histórico ambientado en Estados
Unidos; en esa página también fue un Top Pick! En la encuesta que hacían en All
About Romance entre sus lectores, ganó en la categoría de mejor romance de
histórica estadounidense o de Frontera (empatada con otra). En la miniencuesta
que hicieron en 2014 de novelas ambientadas en el Oeste o la Frontera, estuvo
la 12. Fue escogida entre las favoritas de una de sus críticas (Pat). También
en 2006 fue elegida entre las mejores del año por Romance Readers at Heart.
CRÍTICA
Esta es la novela más apreciada de una autora para mí desconocida.
La compré en papel, en inglés, y me encantó. Quise leerla poco a poco,
degustando cada palabra, pero me atrapó la historia y acabé leyendo casi de un
tirón.
Estupenda, de esas que sigues pensando en los personajes
tiempo después de haberla acabado.
El planteamiento es bien original. En Laurel Monteille
Covey (27) tenemos a una norteña de Massachusetts que, por haberse casado con
un oficial sureño, pasó la guerra de Secesión como enfermera del ejército
confederado.
Los doctores confían en ella para hacer el triaje, o sea,
decidir a qué soldados se puede razonablemente salvar y a quienes no. Acompaña
a los desahuciados en sus últimos momentos, apunta sus nombres y, en algún
caso, los mensajes que quieren enviar a sus seres queridos, quizá algún objeto
personal.
Laurel, con fidelidad casi notarial, todo lo apunta y lo
recoge.
Acabada la guerra, ya viuda, esto le pasa factura en algo
que ahora reconocemos como PTSD, pero que en la época no tenía ese
nombre ni se entendía bien. Realmente solo después de la guerra de Vietnam se aceptó
esto del estrés postraumático. Me recordó a otra novela sobre enfermera con
este padecimiento, A soldier’s heart (1994), de Kathleen Korbel, otro
cinco estrellas.
Hay una creencia generalizada en que los traumas se
olvidan, algo muy freudiano. Pero la experiencia real es más bien la contraria:
no te lo quitas de la cabeza, vuelve una y otra vez. A veces, en casos
extremos, lo hace con tal realismo que no es que lo recuerdes, es que lo revives
otra vez.
Es lo que le pasa a Laurel. Además de las pesadillas y
los dolores de cabeza, a veces lo que la rodea desaparece y se encuentra de
nuevo en ese hospital de campaña, rodeada de olores repulsivos y soldados
moribundos, muchos unos auténticos críos.
Cree que se está volviendo loca. Pero tiene una última
misión que cumplir, antes de enajenarse por completo: llevar esos mensajes a las familias. Está ya en la
recta final de su viaje cuando se encuentra con el chico de la película.
¿Y quién es él?
Pues Creede Forrester (38), otro viudo, que la busca para
saber de su hijo, quien se marchó de casa a la guerra. Laurel le informa de que su hijo murió pero, ay, de él no tiene ningún recuerdo ni últimas palabras.
Creede, vistos los peligros a los que se enfrenta Laurel
y sabiendo que el final de su periplo es Texas, decide acompañarla y
protegerla, sin saber muy bien por qué.
Al principio, Laurel lo rechaza. Luego se da cuenta de
que eso es un enfurruñamiento algo infantil, y decide aceptar su compañía y
ayuda. Juntos, irán recorriendo el sur posterior a la guerra, hablando con las
familias, encontrando diferentes situaciones, unos lo llevan mejor, otros peor.
Encuentran paisanos muy particulares, como un dueño de
hotel gay que Creede trata con fría distancia. Laurel lo acepta, como acepta
todo:
—Después de lo que vi durante la guerra, he
aprendido que una persona tiene que encontrar la felicidad donde pueda. No soy
quien para juzgar.
Estar con Creede le hace preguntarse si no estará haciendo más mal que bien
reabriendo la herida de aquellas familias. Ninguno de los dos es muy abierto
con sus pasados; poco a poco se irán conociendo. La atracción física entre
ellos está ahí presente, desde el primer momento, cosa que afrontan como
adultos, hablándolo.
—Quiero más, Creede. Te quiero a ti.
—Sí, ahora sí, pero mañana lo lamentarías.
Sí, los mimitos están bien, pero no arreglan los
problemas de fondo, o incluso los complican demasiado.
La compasiva Laurel ha sufrido, ha perdido demasiado y
carece de esperanzas respecto a su futuro. Por eso, cierra su corazón y
pretende distanciarse de todo.
Claro que peor es lo de Creede, que perdió a su mujer y a
su hijo.
Me encanta que en Creede encontramos cero mansplaining.
Respeta el conocimiento de Laurel, la apoya en lo que puede, sin pretender saber
más de ella respecto a su ámbito de experiencia. Aunque, a veces, le frustra
que Laurel se arriesgue tanto por desconocidos.
Conmovedora, durilla a veces, ¡no te extrañe si mojas la
pestaña! Aunque también tiene momentos sexis y ciertos toques de humor, que
parecen imposibles en un entorno tan tremendo.
Por eso creo yo que es fácil de leer, por la humanidad de
los personajes, por esos diálogos entre personas adultas, que se plantean cosas
serias, lo mismo que, a veces, se vacilan un poco.
Tiene de bueno que no romantiza el conflicto
independentista llamado guerra de Secesión, ni la situación de los antiguos
esclavos. Claro que el principal mensaje no es, creo yo, sobre el sufrimiento
en sí de la guerra, o los motivos que llevaron a ella, sino que hace
reflexionar a los personajes (y al lector con ellos) sobre eso que dice el
título: «una razón para vivir» cuando has perdido a tus seres queridos.
¿Por qué se tomaba la molestia? ¿Quién era Laurel
para él, aparte de alguien a quien acompañar hasta Texas? Sí, ella había estado
con su hijo en sus últimos momentos, pero no tenía nada que ofrecerle a él
—ninguna de esas preciosas palabras que regalaba a otras familias. Si tuviera
una pizca de cerebro, se montaría en su caballo y se alejaría, dejándola a su
suerte.
Entonces, ¿por qué no lo hacía? Porque ella
atraería a todos los rufianes en un radio de ochenta kilómetros a la redonda.
Porque, maldita sea, Laurel Covey era demasiado compasiva para su propio bien.
Porque contra todo sentido común, estaba enamorándose de esta mujer tan
frustrante, exasperante y hermosa.
Por cierto que hay un giro final que ves venir de lejos,
pero no cómo lo resuelve. Muy hábil, sorprende y quieres abrazar a Creede y
Laurel como peluchitos.
En mi experiencia, ha sido toda una joyita. No me extraña
en absoluto que gustara a alguien tan exigente como Wendy the Superlibrarian, o
que tenga crítica de DIK A en All About Romance, o ganara un premio RT, o las
lectoras de AAR la escogieran entre lo mejor del año.
A ver si leo alguna cosa más de esta autora. Claro que
esta manía mía de empezar a leer a un autor por lo más apreciado de su
producción significa que el resto posiblemente no las disfrute tanto.
Valoración personal: sobresaliente,
5
Se la recomendaría a: quienes
gusten de históricas bien escritas y mejor ambientadas.
Otras críticas de la
novela:
En español no he encontrado
nada. Paso al inglés:
All About Romance, DIK A.
Wendy the Superlibrarian le
dedica crítica de A, en
un artículo titulado «Dead, my ass» (2006), considera que el western no está muerto,
solo descuidado, en hibernación. ¿Ahora seguirá pensando lo mismo?
En The Good, the Bad and the Unread comentan este libro (y lo recomiendan) entre otros referents al romance
del Oeste: «Recs: A Little Less Talk & A Lot More Western».
The Passionate Reader incluyó esta novela entre las que
ella calificó como A+, y si vas repasando, es una lista impresionante con un
montón de novelas muy conocidas y populares.
Si quieres saber algo más sobre Maureen McKade, aquí está
su entrada en Writer’s Space.
Enlace a Goodreads, donde tiene una valoración media
discreta, 3.98 estrellas, con 344 ratings y 30 reviews.