Es mi intención leerme la bibliografía de Ibbotson
que no sea estrictamente infantil o de fantasía. Son poquitos libros, pero
buenos.
Aquí, en concreto, reúne relatos. Data de los primeros momentos de la carrera de Ibbotson. Como cualquier conjunto de
cuentos, los hay mejores y peores, pero todos merecen la pena. Con ese aire
algo de cuento de hadas, a veces sentimental y con toques de humor acá y allá.
En conjunto, un estilo encantador, ambientándolo en
lugares diversos (Viena, Rusia, Reino Unido), y en tiempos diferentes (la época
anterior a la PGM, y después, incluso alguno que suena muy de los setenta o de
los ochenta).
Merece la pena si te gusta el estilo de la autora.
A mí me encanta. Algunos relatos son más nostálgicos y otros son pequeñas
historias románticas con final feliz. Es curioso cómo algunas cosas se veían
con otra moralidad, más digamos centroeuropea, como el tema del adulterio.
Creo que de los que más me gustan es uno que se supone ambientado en época reciente, sobre un concurso de misses un poco loco («La ganadora de este
año»). También disfruté un montón de «La pequeña condesa». Se ambienta en Rusia, con todos los
personajes exageradamente trágicos, sufridores y exaltados, vistos por la
perspectiva de una institutriz inglesa bastante sensata.
Me llama la atención que el título original se
refiera al relato «Una tienda de guantes en Viena», mientras que en español,
prefieren señalar otro, «La calle del Teatro», sobre ballet, Rusia, un
romance intercultural,... sí, son cosas que aparecen en otras novelas largas de la
autora.
Si le pongo «sólo» tres estrellas es porque hay
cosas suyas que me han gustado más, y porque creo que en algún caso se nota que
estaba todavía probándose como escritora. Ciertos temas, y ambientes, igual
no suenan tan convincentes en ella. Pero, ¡ah!, ahí está el germen de muchas y
muy buenas historias.
La he leído en español, en una traducción competente.
Si tenéis la oportunidad de leer esta novela, y os
gustan las cosas con aire literario, yo creo que es un buen libro para probar
el estilo de Ibbotson.
Alexandra
Vargas no ha hablado con JT Talon en siete años. Ha superado el
desamor y ahora tiene el bebé —y la vida— que siempre quiso. Pero todo cambia
una fría tarde de diciembre cuando una parada conduciendo sale terriblemente
mal, y Alexandra se encuentra huyendo con un único lugar posible donde
esconderse: la remota cabaña de montaña de JT, el mismo lugar donde, hace once
años, rompió su compromiso una semana antes de la boda.
JT
debe enfrentarse a su peor pesadilla al descubrir que no solo el amor de su
vida es una fugitiva de la policía, sino que también debe intervenir y poner a
salvo a una niña, cuando nunca quiso hijos.
El
pasado y el presente chocan mientras JT y Alexandra luchan por reencontrarse y
sanar la brecha que los ha separado durante tanto tiempo. Pero su pasado aún
amenaza su futuro, y nadie está a salvo hasta que se revele la verdad detrás de
cada engaño.
¿Entra dentro
de “Lo mejor de la novela romántica”?
No, está perdida en mi base de datos, por el puesto 20.000 y pico o más
allá. Tiene el tópico de second chance.
CRÍTICA
Con este libro cerró Rachel Grant su
serie de Evidence. Cuenta la autora en una nota al final que es la novela que
le pidieron los lectores. Se ve que la historia de JT y Alex quedó un poco
colgando en la primera de la serie, Concrete evidence. Esa la leí hace años y no recuerdo
gran cosa. Esta False evidence sería como una continuación de Concrete
evidence.
Alexandra Vargas (41) se ve metida en un lío, la busca la
policía. No se le ocurre otra cosa que buscar refugio en el último lugar donde
creen que podrían buscarla: la cabaña de su ex, Joseph Talon Jr. (47).
Su ruptura fue muy pública y muy desagradable. No se han vuelto a ver en años,
salvo en ocasiones esporádicas, por tener amigos comunes.
JT tiene sus propios planes para
Navidad. Estos dos acabarán reencontrándose. La huida de Lex les da la
oportunidad de hablar. JT conocerá así a Gemma, la nena de dos años de Lex, y
cuidará de ella. Él, que nunca quiso tener hijos, se queda flipado con la
bebita.
La novela tiene un par de cosas que
me resultan atractivas: es una historia de segundas (o terceras) oportunidades
y con personajes ya cuarentones. Estos dos se conocieron cuando ella tenía 25
años y él 31. Durante cinco años salieron juntos y se iban a casar, pero la
cosa se torció: él no quería hijos y además tenía ambiciones políticas que
ocultaba a su novia. Después de suspenderse aquella boda volvieron a estar
juntos un tiempo, como pareja de amantes, amigos, cuando él pasaba por un mal
momento y ella intentó ayudarlo pero… El fue bastante gilipollas y ella lo
dejó. Se buscó la vida, lejos de él, realizó su deseo de ser madre, y no
hubiera vuelto a tratarlo si no fuera por esta situación límite en la que se
encuentra.
Ahora está ya en su madurez, han
cambiado, y cumple bien el second chance: tenía lógica que rompieran en
el pasado, también que no se volvieran a ver entremedias, y su final feliz es
creíble.
Hay otras dos cosas en esta novela
que me llaman bastante menos: es novela con niña (ya sabéis que soy un poco
Herodes) y el suspense y el romance no me parece que se entrelacen muy bien.
Parece seguir el esquema: suspense-romance-suspense.
Empieza con el misterio.
Luego toda la parte central se
dedica al reencuentro romántico, con flashbacks, retazos de su historia
anterior, y vuelta al hoy, con JT repitiendo cuánto lo siente. En el tiempo que
no han estado juntos, él ha cambiado, ha ido a terapia, y ahora está todo el
rato pidiendo perdón por su necedad. Incluso tiene momentos de llorar. Pero,
¿sabéis?, es como cuando lloran los tíos en las de Brockmann, no suena
auténtico. No es como los protas de Tal Bauer, cuyo derrumbe emocional el
lector nota y siente y comparte. Aquí queda un poco frío, forzado, como si lo
sintiera necesario para que vieras que JT se ha deshecho de su masculinidad
tóxica, o cosa semejante, y resulta poco convincente.
Como no han dejado de quererse, con facilidad vuelven a emparejarse. Entonces regresa el suspense a primer plano. Es como si la autora
se acordara de que había dejado una trama de misterio bastantes páginas atrás y
se le ocurriera ahora seguir.
Grant sigue soltando de vez en
cuando algún mítin, no puede evitar ser preachy.A mi me sacaba de la
historia, por ejemplo cuando Alexandra le pregunta a JT por qué no quiere tener
hijos, e inmediatamente corrige algo que suena políticamente incorrecto ya que nadie
pregunta al que quiere hijos su porqué. Es como si ofendiera a los que no
quieren ser papás.
Yo no lo veo así. Las preguntas se
hacen cuando hay algo que se sale de lo habitual, eso es lo que causa
curiosidad. Nadie se pregunta por qué está mojado el suelo cuando llueve, pero
sí cuando lo ve húmedo un día de sol. Claro que no tener hijos es una opción
vital tan respetable como no tenerlos. Sin embargo, entra dentro de lo lógico
que alguien pregunte por qué otro no quiere tenerlos, cuando al final, la
mayoría de los seres humanos parece que acabamos queriendo hijos.
O sea, no le doy tantas vueltas. Más
de una vez dice algo y parece como que la autora se estuviera autocorrigiendo.
Le gusta Love Actually, aunque como es una peli no muy PC, ya
tiene que decir que la ve aunque la mayoría de las historias no le gusten.
O que pasa algo de una mujer
brillante y ya te suelta lo difícil que es la vida académica de las mujeres en STEM. Vale, OK, pero no me lo cuentes, show me!
Es que parece que se les olvida el
ABC de contar una historia.
Suelo decir que las series de
televisión se van a garete cuando empiezan a sacar niños. No por el tema
infantil, sino porque demuestra que a los guionistas se les han acabado las
ideas. Pienso lo mismo de las sagas románticas.
Al final, es una novela de Rachel
Grant, que suele ser muy competente. La recomiendo si la encuentras rebajada
(como me pasó a mí, a 0,99 € la adquirí en Google Play, hay veces que hay cosas
rebajadas ahí que no lo están en Amazon). Pasarás un buen rato.
Se lee bien, aunque no me parece de
lo mejor de la autora, ni de lejos.
Valoración personal: buena, 3 estrellas
Se la recomendaría a: quienes
gusten de novelas con bebés.
Una
apuesta de alto riesgo enfrenta a una aspirante a empresaria contra un CEO
despiadado en esta seductora comedia romántica.
Cuando
su vida se desmorona laboral y sentimentalmente, la consultora Layla Patel
regresa a casa de sus padres en San Francisco. Pero, a ojos de su padre,
propietario de un restaurante de estrella Michelín, no hay nada que su pequeña
pueda hacer mal, y haría cualquier cosa por volver a verla sonreír. Con sus
mejores intenciones, le ofrece ocupar las oficinas ubicadas en la planta
superior del local para empezar con su nuevo negocio y, a escondidas, le crea
un perfil en una web para encontrar pareja. Layla no sospecha que su padre ha
concertado varias citas a ciegas. hasta que el primer candidato llama a la
puerta.
Como
director de una empresa dedicada a los recortes de personal, Sam Mehta
está más que acostumbrado a gestionar conflictos. Y en su búsqueda de una nueva
oficina, encuentra el local perfecto justo encima de un restaurante hindú que
le recuerda a su hogar. Pero, tras un malentendido, se ve obligado a compartir
espacio con la preciosa (aunque exasperante) hija del propietario, su
disparatada familia y un desfile de candidatos que amenazan con alterar su
organizada vida.
¿Entra
dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
Sin estar entre las mil mejores, la tengo muy
arriba en mi base de datos, en torno al puesto mil ochocientos. Tiene crítica GBU A en The Good the
Bad and the Unread, y starred review en Publishers Weekly. La eligieron entre lo mejor del año 2020 Shannon
(crítica de All About Romance) y The Oprah’s magazine. Además de eso, la he
visto en dos listas: favorite
funnies y enemies to lovers.
Fue finalista en el premio Vivian, que sustituyó al RITA de la WRA. Estaba en
la categoría de contemporánea: larga; le ganó False start,
de Jessica Ruddick, que he leído y le puse tres estrellas. Yo creo que esta de
Desai es mejor.
CRÍTICA
Descubrí
esta novela por recomendación de una lectora de este blog. Me ha gustado tanto
que repetiré con la autora. Tres estrellas suenan a poco. Es la valoración
intermedia entre un principio que se me hizo muy cuesta arriba, y un final que
leí totalmente enganchada.
Digamos
que esta novela tendría forma de curva ascendente, de cero a cien.
Layla
Patel (26) ha dejado a su novio (en un episodio viral llamado «Furia azul», su
novio es un influencer y es el tipo de cosas que pasa ahora), la
despidieron de su empleo en Nueva York y regresa entonces a casa, a San
Francisco, algo derrotadilla.
Su
idea es poner una agencia de colocación, para ayudar a la gente a encontrar
trabajo. Su padre le ofrece la oficina que queda encima del restaurante
familiar.
¿El
problema? Pues que el padre ya se lo había alquilado antes a una empresa que se
dedica a lo contrario que Layla: a despedir.
Royce
& Mehta analizan empresas y las reestructuran, despidiendo a la gente que
haga falta para que el negocio no se hunda. Sam Mehta (32) es especialista en
eso que hacía George Clooney en aquella película, ¿cómo se llamaba? Up in the air (2009).
Sam
tiene una hermana que sufrió a manos de su marido. Si consiguen cierto
contrato, cree que podrá vengarse de ese impresentable.
Se
ha apartado bastante de las tradiciones familiares. A su hermana la ve todas
las semanas, aunque él apenas visita a sus padres. Viste a la occidental, sólo
come comida anglosajona, nada de esos sabrosos platos hindúes de los que tan
devota es Layla.
Como
tener el despacho en ese lugar es esencial para conseguir el contrato que
quiere, ni de coña piensa irse y dejárselo a Layla. Él quiere que ella se vaya.
Ella, que lo haga él. Chocan.
La
cosa se complica cuando al despacho empiezan a llegar candidatos a la mano de
Layla. Al parecer su padre le ha hecho un perfil en una red hindú de matrimonios
concertados. Ha seleccionado a una serie de candidatos.
Sam,
que desconfía de esta institución tan propia de su cultura, la acompañará a las
citas, para ayudarla a encontrar a su hombre ideal y al tiempo protegerla. Si Layla
se casa, le dejará el despacho a él.
O
algo así se dicen. La cosa es que las chispas que saltan entre ellos no solo
son de hostilidad, sino también de deseo y hasta algo de respeto mutuo. Lo último
que querría Sam en este momento es liarse con nadie. Además, Layla forma parte
de una cultura que, en parte, no le interesa.
… Pero
no puede evitar quedarse colgado de sus curvas.
Las
referencias a la cocina hindú son constantes, es de esas novelas que te hacen
la boca agua. También se insiste en la red de parentesco, las tías, las
costumbres, hasta el cine de Bollywood, y algunas de sus más destacadas
películas y números musicales. Pasarán por aquí desde sus más conocidas
estrellas (como Shahrukh Khan o Priyanka Chopra) a otros actores que no me
suenan de nada.
Podéis
haceros un poco a la idea viendo el vídeo de Dard e disco, de la peli Om
Shanti Om (2007). Muy… picante. Abajo os lo dejo. Entre nosotras, acabé imaginándome a Sam
más como Shahrukh que como George.
Una
cosa que no me pareció muy realista es que Layla es muy fan de Bollywood, con
un conocimiento que parece enciclopédico, y sin embargo, no la recuerdo viendo
pelis. Los cinéfilos suelen estar viendo filmes con frecuencia, leyendo sobre
autores, músicos, directores, guiones, historias, festivales,…. Aquí Layla sabe
mucho, lo disfruta un montón… pero no la ves ni una sola vez disfrutando
del cine. ¿Dónde quedó el Show don’t tell?
Las
cosas entre Sam y Layla se pondrán sexis primero y románticas después, con la inevitable
ruptura del tercer acto.
Reconozco
que tardé en entrar en calor con esta novela. El principio me pareció anodino y
tópico. Vamos, porque supongo que la autora es de ascendencia hindú, que si no
me parecería hasta un poco burla en plan Apu el de los Simpson. También tenía
toques algo juveniles. ¿Esta gente trabaja de verdad o son chicos de instituto?
La forma de hablar con amigos, y de comportarse, era de lo más adolescente.
Además,
Layla a veces tiene la mano suelta (tortazo, patadita), un nivel de agresividad
física que, si la ejerciera Sam contra ella, resultaría intolerable. Como yo
creo en la igualdad entre los sexos, no me gusta que las heroínas les peguen a héroes,
o a cualquiera. La violencia física nunca es un juego.
Todo
esto sería la parte «insuficiente», un 4 sobre 10.
Pero
llegó un momento en que la cosa empezó a remontar y ya no pude parar de leer
hasta el final. Tiene muchos momentos que son sexis (muy buena la tensión
erótica entre estos dos, primero insatisfecha y luego, ¡viva la carne!), otros
que resultan muy románticos (ay, ese Sam haciendo lo que no quiere, por ella) e
instantes apasionados, de vivir la vida y lo que hacen, intensamente.
Fabuloso,
simplemente fabuloso.
Serían
los momentos de diez.
La
historia de Sam & Layla me ha dejado un estupendo sabor de boca y estoy
deseando leer más de la autora. Qué gustazo de contemporánea interesante en
tercera persona, con humor, sensualidad y romance. Tiene un nivel mayor a lo
que habitualmente encuentro hoy en contemporánea. Iba a ponerle cuatro estrellas,
pero luego recordé el primer tercio y no pude: realmente, me costó superarlo.
Es
una comedia romántica con protagonistas que son, parcialmente, de otra cultura,
muy vívida. Alucino con que esto sea una primera novela; para ser
lo primero que publica la autora, me parece rebuena.
La
leí en español. Por una vez, encontré más barato el libro electrónico traducido
que el original.
Gracias,
lectoras, por recomendaciones tan buenas.
Valoración personal: buena, 3
Se la recomendaría a: quienes
gusten de comedias con toque especiado.