viernes, 5 de junio de 2026

Crítica: “Fuego amigo, amor enemigo”, de Allegra Álos


Estupendo suspense romántico ambientado aquí

 


 

DATOS GENERALES

ISBN 13: 9788413485027

1.ª ed.: 4/2020 (ebook), 6/2020 (tapa blanda)

Editorial: Harlequin Iberica (Harper Collins)

Páginas: 320

Encuadernación: tapa blanda


SINOPSIS (tomada de La casa del libro)

¿Matarías por amor? Ella lo ha hecho, pero no es lo que parece

Cuando Lucía cree que la vida no puede ir a peor, va la vida y trae de vuelta a su maravilloso exnovio, que se dedica a derrochar encanto entre sus compañeras y a hacer más doloroso el recuerdo de todo lo perdido, tanto a nivel laboral como personal. Y, sin embargo, todo es susceptible de empeorar, como ocurrirá el día en que unos encapuchados entren en su oficina para convertirla en testigo involuntario de un robo a mano armada.

Las balas traerán consigo muchas incógnitas: ¿Que estaba pasando en la compañía de seguros donde trabaja? ¿Por qué estaba allí su ex? Pero la mayor incógnita a la que Lucía tendrá que enfrentarse será un inspector de policía arrogante e implacable dispuesto a sacar a la luz todos los secretos de esa mañana aciaga.

Las circunstancias les obligarán a compartir techo e investigación policial y a confiar el uno en el otro para esclarecer el caso y descubrir que todavía queda esperanza para el amor.


¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?

La tengo muy abajo en mi base de datos, así que, objetivamente no, no está entre lo mejor. Eso sí, ganó el VIII Premio Internacional HQÑ

 

CRÍTICA

Gracias a la recomendación que me hizo hace años una lectora de este blog, me decidí, a principios de mayo, por leer esta novela de suspense romántico ambientada en España.

Aunque me lleve mi tiempo, las recomendaciones las apunto y mira, en algún momento toca leer los libros.

Este libro me duró un suspiro, vamos, ¡veinticuatro horas! aprovechando que era fiesta.

Lo narra en primera persona Lucía Íscar, quien iba para policía y acaba dedicándose a la investigación de siniestros dudosos para una compañía de seguros. Un mal día en la oficina, se produce un tiroteo y, because of Romantic reasons, acaba marchándose de la ciudad a un pueblo castellanoleonés, donde acabará aislada por la nieve.

Que es algún pueblo de montaña perdido en Castilla y León lo deduzco yo de que habla de la diputación y que queda al norte de la ciudad. Las comunidades uniprovinciales, como Cantabria, La Rioja o Asturias, pues no tenemos diputaciones (o llamamos así, en realidad, al gobierno autonómico). La autora deja las cosas así sin concretar, pero te lo puedes imaginar fácilmente.

Allí, en aquel pueblo entre montañas, en medio de la nevada más intensa del invierno, la localiza Martín Larraz, un policía que está de untar pan y moja. Ha seguido a Lucía porque hay cosas que no le acaban de cuadrar sobre lo que ella ha dicho que le pasó en el trabajo. 

Tampoco entiende ella por qué este policía se empeña tanto en preguntarle. El avezado lector de suspense, intuye que aquí hay más pisto de lo que parece. ¿Qué está investigando este tipo, exactamente?

Esto de quedarse en un pueblo incomunicado por la nieve se llama en inglés snowed in. Hay unas cuantas novelas románticas que recurren a este tópico. Es una forma de intimidad forzada (forced proximity). Ya sabéis que el roce hace el cariño. Estás aparte de todo pero no en un peligro inminente, siempre que tengas refugio, calor, comida. Una situación que da juego.

En España no es un fenómeno meteorológico muy frecuente, aunque sí que se da todos los inviernos en muchos pueblos. El planteamiento me resultó muy original, dentro de lo que es la romántica en español.

Me parece a mí que la autora aprovecha muy bien la tensión de estar en un pueblo de montaña, sin poder moverse. Aparte de las chispas de atracción que se dan entre Lucía y Martín, condimentada con esa mutua desconfianza, aquí sí que hay su poquito de peligro porque hay un maloncho merodeando por ahí con malas intenciones.

No había leído nada de esta autora. Me ha sorprendido lo mucho que engancha y lo bien que escribe. No leo mucho romance en español porque sus novelas me suelen parecer machistas y que están mal escritas, con exceso de adjetivos, o esa manía de meter «punto y final» una y otra vez. Por no decir que, además, las tramas me suelen parecer incoherentes, mal estructuradas, y los personajes, no bien construidos.

Esto no pasa aquí, ¡qué descanso!

(Luego leí otro libro suyo y ahí sí que cayó en lo de «punto y finalW, nadie es perfecto).

Leo que la autora es licenciada en Derecho y trabaja para la Administración Local. Esto, si es verdad, puede querer decir varias cosas, pero tampoco me voy a meter a investigar. La autora ha preferido el anonimato y eso hay que respetarlo.

Si menciono su titulación es porque eso explica, a mi modo de ver, la eficiencia en el lenguaje. La gente no suele caer en que las profesiones jurídicas consisten básicamente en leer y escribir la mayor parte del tiempo. Cuando te ganas la vida así, desarrollas ciertas cualidades que aquí se ven: estructurar el discurso, y usar lenguaje directo, sin florituras.

Admito que la narración en primera persona no es algo que me entusiasme en el suspense romántico. Aquí no canta mucho porque la protagonista resulta bastante interesante. Pero ocurren cosas fuera de cámara que al final no tengo muy claro exactamente qué pasó.

Ahora, el misterio creo que está muy bien llevado, te hace pensar, imaginar, preguntarte por qué pasa esto o aquello. Alguna cosa más o menos la sospeché, pero otras me sorprendieron, que es lo que más nos gusta a los lectores de suspense.

¿Es una novela perfecta? Pues no. Y aquí vengo yo con mis peticoñadas.

La autora no puede evitar usar los adjetivos en tríos («contacto áspero, húmedo, deleitoso», «mirada impasible, desconfiada y fría», cosas de ese tipo), o recurrir a algunos trilladetes (como «ominoso silencio», «blanco níveo»).

Otra cosa que no me suele gustar en la romántica en español son los títulos, que parece que quieren hacer chistes o juegos de palabras. La verdad es que ese es un defecto en el cual también cae esta novela. Ya lo siento.

Más cositas… 1) Hablar de la «emperatriz Victoria Eugenia», mezclando a la monarca británica del XIX con la reina de España del XX, Victoria Eugenia… 2) Que el padre de un personaje muy secundario, Carolina, en un lugar es magistrado, y más adelante catedrático (no son cosas excluyentes, pero sólo suele darse a nivel del Tribunal Supremo o Constitucional; en el resto del escalafón, digamos que no compensa dejar la universidad para quedar hundidos por la inmensa sobrecarga de trabajo de los tribunales españoles)... 3) Usar la muy cursi palabra pompis.

4) A veces aparecen palabras que no sé si son erratas u opciones lingüísticas que, al menos a mí, me resultan chocantes. Pongo ejemplos.

«Salivación de un enorme cretáceo» (para mí que quería decir cetáceo), «tubos sinfónicos» (por tubos sifónicos), «contracturas de mi vagina» (supongo que quiera decir contracciones, porque las contracturas suelen ser dolorosas, no placenteras), «los dientes me cloqueaban» (¿hacían el ruido propio de las gallinas? No me digáis que no suena raro).

Pero vamos, que son tonterías en las que me fijo porque escribe en español, que en inglés posiblemente también las pongan y a mi me pasan desapercibidas. El tema de los adjetivos, por ejemplo, lo veo también en otras modalidades de narrativa comercial, como la novela histórica. A veces me dan ganas de leer con un boli rojo, para ir tachando estas cosas.

Que esto sea una primera novela me resulta alucinante.

Valoración personal: notable, 4

 

Se la recomendaría a: quienes gusten suspense autóctono que engancha.

 

Otras críticas de la novela:

En Babelio hay una crítica, con valoración 3,5 estrellas.

Paseando a Miss Cultura, positiva.

Mil librosen mi biblioteca, también favorable.

Y como no he encontrado más, aquí os dejo entrevista con la autora que hace Miss Cultura. 

Goodreads, puntuación media de 3.96, con 28 valoraciones y 10 críticas.


 

Como siempre que reseño un libro en español, me siento obligada a poner esto:

 

WARNING!

miércoles, 3 de junio de 2026

¿De verdad necesitas tantas páginas?


Ayer mismo dejé de leer The dandelion princess, una NA que me estaba aburriendo y empecé a leer a saltos y aún así se me hacía larguísima. Acabé dejándolo en el punto 41%, miro en Goodreads y se supone que son 449 páginas. Tedioso, reiterativo, y todo para nada, ñoñerías.

Y me acordé que tenía escrito este artículo desde meses, sobre la longitud de las novelas

Lo pensé cuando me coincidió en el tiempo la lectura de una romántica contemporánea (Intenta conmigo), con tres de ficción literaria (Williwaw, El tren llegó puntual y País de nieve), y un clásico del suspense (Estudio en escarlata).


El tocho de romántica contemporánea Consider me son 462 páginas, según Goodreads. La de Conan Doyle, 166 páginas en mi edición en español, que ya sabéis que suelen tener un poco más que los originales en inglés. Ninguna de las tres novelas literarias que menciono arriba alcanzó las doscientas páginas. Recordé otro clásico que he leído este año, El gran Gatsby. Según Goodreads, la primera edición tampoco llegó a las doscientas páginas (180).

¿Por qué las autoras de ficción comercial romántica se sienten ahora impulsadas a llenar páginas y páginas de irrelevancia? —me pregunté. 

Autores de calidad contrastada, incluso ganadores del premio Nobel de Literatura, no necesitan tanto para armar buenas historias, retratar personajes y al tiempo dejarte con la boca abierta por su forma de escribir

Que en la literatura no todo es el Ulises, El Quijote o Guerra y paz.

Además, me daba la impresión de que eso era algo reciente, que en el pasado hubo romántica más corta. Una vez superados los tochos de los setenta y ochenta, eso sí.

Entonces di un paso atrás. Me dije (sí, yo hablo mucho conmigo misma, hasta discuto, estar en mi cabeza es de lo más entretenido): «Echa el freno. ¿De verdad ahora llenan más páginas? ¿No será tu impresión porque ahora escriben mucha tontada que no te interesa?».

 

¿Cómo saber si es impresión o realidad?

Lo ideal sería saber cuántas palabras tiene una novela, pero eso lleva mucho tiempo estudiarlo. Así que me fijé en las páginas. Cogí de mi base de datos las novelas románticas más apreciadas de cada década, hallé la media y la mediana (para un universo en que la muestra es tan pequeña, prefiero este último dato), y me puse a mirar a ver si había diferencias estadísticamente significativas (más menos diez por ciento). 


 

Aunque cogí novelas románticas de todo el siglo veinte, la verdad es que solo puedo hacer un análisis en serio respecto al período 1970-2025, ese es mi universo. Por diversas razones que no vienen a cuento, pero principalmente, por la heterogeneidad y escasez de muestra en las décadas anteriores. Además, ¿qué consideraríamos una novela romántica entre los treinta y los sesenta del siglo pasado? ¿Catalina de Anya Seton, Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell, Frederica de Heyer, Nueve carruajes esperan de Stewart?

Es verdad que la muestra ha sido muy pequeña, y se basa en las más apreciadas según mi base de datos. Las once más apreciadas de cada década. Hay que tener en cuenta que varía por el tamaño de letra, la edición, tapa dura o de bolsillo, etc. También depende del género. En ciencia ficción o en fantasía suele haber más extensión porque hay todo un mundo diferente que construir. Esto es lo que, hasta cierto punto, ocurre también en histórica; pero de los ochenta a los noventa se nota el aligeramiento de las históricas, ya no hace falta contar cómo era la Regencia, el Oeste norteamericano o la Edad Media inglesa, porque el lector ya sabe (o cree que sabe) lo suficiente, al menos, lo imprescindible para seguir el hilo de la historia.

 

Aquí viene el resultado de mi estudio.

Observo dos cambios que me parecen estadísticamente significativos.

👉 De los ochenta a los noventa, la extensión disminuyó ⇓ en un trece por ciento. Es el cambio de las históricas de Woodiwiss a las de Kleypas, para entendernos.

✋ Se mantuvo ⇔ más o menos estable, entre las 350-400 páginas, esa década, y las dos siguientes. Garwood, Phillips, Kleypas, Loretta Chase,… escribieron novelas habitualmente en esa extensión.

👉👉 En los años veinte de este siglo XXI se ha producido un incremento ⇑ de la extensión, hacia arriba, de nuevo en torno al diez por ciento.

 

¿Volvemos a los tochos de los ochenta? Sí y no.

Te ocupan las mismas páginas, pero no cuentan lo mismo

En aquellas décadas eran históricas que tenían toda una época que describir, y ocurría mucha peripecia a la heroína. Cenizas al viento, por ejemplo, tiene como dos partes, una en el sur, en Nueva Orleans, y otra en Minesota; la chica va y viene con mil disfraces. O Perfecta, de McNaught, abarcaba décadas de la historia romántica de una pareja, y el propio crecimiento de la heroína a lo largo de los años, desde que era cría, hasta que tiene su segunda oportunidad. He leído hace poco Los dulces años, de LaVyrle, largota, pero con un montón de peripecia, historias e historietas de lugares, y de personajes, muy interesantes, principales y secundarios.

O sea, había más páginas porque te contaban muchas cosas.

Como ya adelanté más arriba, entiendo que en romantasía o paranormal, por ejemplo, empleen más de cuatrocientas páginas por el worldbuilding. Son perfectamente comprensibles las 736 páginas de la edición en español de Alas de sangre, de Rebecca Yarros (2023). Pero se me hace más cuesta arriba entender que Emily Henry necesite 416 para contarnos Una historia divertida (2024).

Así llego a por qué Consider me (Intenta conmigo) se me hizo eterna. En contemporánea no me lo explico. Es un género que siempre ha tirado a la extensión corta o media. Para exigir más páginas tienes que «hacerte un McNaught»: abarcar varios años o lugares diferentes. Sin embargo, no suelen ser así las contemporáneas actuales. Rara vez hay cambios de escenario, y, si quitas los epílogos cursis de boda, niños, etc., no suelen transcurrir las historias más que en semanas o meses.


 

¿A qué dedican tanta página?

Dejando a un lado géneros específicos que exigen esa extensión, ya lo he dicho, como la romantasía, voy a centrarme a qué usan tanta página en cosas como contemporánea, que no tienes worldbuilding que construir.

Pues a contar en primera persona las rumiaciones, pensamientos y emociones de los personajes principales, que suelen ser siempre las mismas, una y otra vez. Lo que va y viene es la mente de los personajes no cambia mucho de un capítulo a otro. Al no ser personajes muy interesantes, ni especiales, ni graciosos (salvo raras excepciones), a mí me parecen muy tediosos. Me aburren los pensamientos de gente aburrida. La única que he leído de Emily Henry me resultó así.

Lo otro con lo que llenan páginas es con sexo. ¿A quien le amarga un dulce? Pues me sorprendo descubriendo que a mí. Con lo que siempre disfruté de que pusieran un poco de picante a las historias… Había tensión sexual no resuelta, y dos o tres escenas explícitas, y ya. Salvo en erótica, que entonces era un repertorio completo, variado, explorándose la relación entre los personajes de esa manera, evolucionaba al ritmo de los cambios en lo físico. El sexo, como le leí en una ocasión a Jennifer Crusie (parafraseo, quedaos con la idea), es lo que los personajes hacen, pero no lo que pasa en la historia.

Ahora, ¿qué encontramos? Una y otra vez, sexo descrito en detalle, en escenas que generalmente no marcan ninguna evolución en la historia; están ahí para hacer bonito, para excitar al lector, pero nada más. Muchas veces, me resultan reiterativas, no hacen nada nuevo, diferente, no hay tampoco una evolución o cambios en sus relaciones sexuales. No es que al principio tengan mal sexo y luego vayan aprendiendo a conocerse, intentando cosas diferentes, hasta dar con la tecla de unas relaciones fabulosas entre esos dos personajes en particular. 

Al final, no son sino estribillos repetidos de la misma canción.

Lo mismo ocurre si reservan el sexo para el final de la historia, el slow burn que le llaman; hasta llegar a ese punto ha habido, desde el minuto uno, mucho entumecimiento, humedades y chorreos, pero sin culminar nada. Contado una y otra vez lo sexis que se encuentran y lo mucho que se desean, y sus cambios físicos, pero que no llegan a tener sexo por razones equis, generalmente ridículas y muy forzadas.

 

¿A qué se debe esto?

¿Por qué se sienten compelidas a llenar páginas y páginas de nimiedades o chorreos?

…¿Por el estilo NA, que es un remedo pobretón de la corriente de conciencia y monólogo interior de Woolf o Joyce?¿El modernismo anglosajón triunfó con un siglo de retraso en un subgénero comercial?

…¿Será por el formato digital?

… ¿Por la autoedición que hace que no corten nada?

… ¿Será el Kindle Unlimited, que paga por página leída (o meramente pasada) por el lector?

… ¿O porque se sienten impulsadas a escribir mucho y rápido, sacar varios libros al año, para tener alguna ganancia en un mercado muy saturado? Hay un público inmenso para la novela romántica, pero no es infinito, y la competencia es dura.

… ¿Podría ser porque, quizá, por culpa de las redes sociales y el scroll infinito nuestra capacidad de atención se ha reducido al mínimo, saltando de acá para allá como un colibrí de flor en flor y necesitan contarnos lo mismo una y otra vez para que nos enteremos?

… ¿Les faltan editores? Suelo pensar que un autor debería escribir como un mono loco, furioso, páginas y páginas… pero luego revisar como un editor implacable, cortando y quitando todo lo que no sea esencial para la historia. Ser apasionado primero y frío después. Tengo la impresión de que se han olvidado de esta segunda parte. Por eso a veces digo que a una novela le falta un hervor, o que habría agradecido un editor que les quitara un tercio, o la mitad,…

La verdad es que… No tengo ni idea de cuál es la razón de este fenómeno. Sólo lo constato.

Al final, no es tanto las páginas que haya en el libro, sino a qué se dediquen.

 


Yo, francamente, prefiero que cada palabra sea relevante

Quiero que cada palabra cuente, que cada frase sea relevante, que contribuya a la historia o a la caracterización de cada personaje.

Tú te coges una de lectura lenta, como las de Heyer o, ahora que la he descubierto, las de Ibbotson, o el otro día me pasó, con una de Carla Kelly... y no te pierdes ni una coma, porque cada palabra sobre el papel encierra algo, tiene sentido en el marco general de la novela.

Las románticas de hace años… Las de Kinsale, Joanna Bourne o Lisa Kleypas; o, en contemporánea, las de Susan Elizabeth Phillips, Jennifer Crusie o Rachel Gibson, eran así para mí, me las leía de pe a pa y las cerraba con sonrisa de satisfacción.

Me podían gustar más o menos (casi todas las autoras tienen algún bodrio), pero no recuerdo haber tenido constantes ganas de saltarme nada.

En cambio, la mayor parte de las contemporáneas que pruebo ahora,… si están contadas en estilo NA, rara vez las leo enteras. Salto más que Armand Duplantis.

 

 💋 😃 💚 💛 💙 💗 💖 💓 💞

Total, que no sé yo a qué se debe el fenómeno de llenar tantas páginas, ahora, con lo que a mí me parecen nimiedades. Si alguien tiene alguna idea, por favor, que me lo cuente. Solo sé que yo no lo disfruto.

 

 💟 💙 💝 👄 💘 💕 💥 💜 💚

Nota final: La pregunta que no me he hecho ni tampoco he estudiado es si, en este punto, es justo comparar ficción comercial con ficción literaria. Si este fenómeno no ocurrirá igual en otras narrativas comerciales como la ciencia ficción, la novela negra o la histórica tipo Edhasa. Porque de eso, ay, no tengo bases de datos confiables.

lunes, 1 de junio de 2026

Crítica: “Her risk to take” de Toni Anderson

 

   

Más contemporánea que suspense

 

 


Her Risk to Take

Por TONI ANDERSON Fecha: noviembre de 2014

 

La tercera entrega de la serie Her es una novela corta, más contemporánea que de suspense.

Se ambienta en un rancho de Montana, en el que vive la familia Sullivan y, con ellos, un ex-convicto, Cal Landon, que sólo quiere trabajar duro y que le dejen tranquilo.

Claro que quiere a Sarah Sullivan, desde siempre, de toda la vida, desde que llegó allí con un niño bastante perdido.

Pero asume que no es suficientemente bueno para ella. Además, teme que sus hermanos (a quienes tanto debe) lo vean con malos ojos. 

Por último, hay quien le tiene muchas ganas a Cal, y no quiere poner en peligro a nadie de los que le rodean.

Claro que Sarah es mucha Sarah. Esta médico de urgencias se ha callado durante demasiado tiempo. Si espera que Cal de el primer paso, se le pasará el arroz, porque vamos, cuando la ranas crien pelo... e igual ni siquiera entonces... Así que coge el toro por los cuernos y decide demostrarle, de una vez para siempre, que están hechos el uno para el otro.

Aunque hay momentos de peligro e incertidumbre, algún ramalazo de violencia, sobre todo es una novela contemporánea de dos que se quieren desde hace años, pero que hasta la fecha no se han atrevido a confesarlo. En tercera persona. Cumple, porque Toni Anderson jamás es aburrida.

Ahora ya lo que me toca es cogerme sus novelas Cold... y leerlas (o releerlas) una tras otra. Uno de mis proyectos para 2026.

 

Mi experiencia: buena, 3 estrellas.

 

Audio / eBook / Print, 104 páginas

Toni Anderson (11/2014)

Parte de una serie: HER #3

ISBN13: 9780993908934 (del paperback)

 

No he encontrado ninguna crítica de este libro, así que os dejo referencia a la página de esta novela enGoodreads, donde tiene una media de 4.02 estrellas, con 948 ratings y 62 reviews

 

NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL, PERO SÍ AL ALEMÁN (Ihr Risiko) PORQUE EN OTROS IDIOMAS SÍ QUE SABEN LO QUE ES BUENO