Una catenaria: empieza arriba,
va bajando y remonta al final
The Payback Plan
Por AMY ANDREWS ‧ Fecha: febrero de 2025
Esta novela, en cierto
sentido, me recuerda a «Extraños en un tren» de Hitchcock, en la que dos
desconocidos quieren deshacerse de alguien que les molesta pero, para no ser
sospechosos de los asesinatos, cruzan los delitos: cada uno librará al otro de
aquella persona que les incordia.
Mi milenial de cabecera dice que hay una película
de jovencitos «muy de principios de los 2000» que se le parece más: «John
Tucker must die», unas chicas que planean vengarse del tipo que liga con varias
a la vez, desconociéndolo éstas.
Paige Barker (25) iba para abogada, pero ahora trabaja de asistente
virtual. Cuando se queda atrapada en el aeropuerto de Chicago en medio de una
tormenta de nieve, conocerá a otras mujeres que se convierten en sus amigas.
Las cuatro van a coger la última mesa libre. Acaban compartiendo mesa y
mantel... bueno, más bien copazos de alcohol, y hablando de sus desastrosas
experiencias amorosas. Han tenido cretinos que no las saben valorar y además
que se las han liado de mala manera.
Bella, por ejemplo, tuvo un
novio que la dejó el día de la boda, ¡y lo hizo mediante un mensaje!, ni siquiera en
persona... Es Oliver Pendergast (28), el improbable héroe de esta
historia. Lo de Paige fue peor: su ex publicó en redes sus actos sexuales. No
sabía yo que existía eso, pero que debe ser algo habitual porque hasta tiene un
nombre propio: revenge porn.
Lo que hacen estas muchachas
es aliarse para hacer que estos idiotas paguen su crueldad. No es que planeen un asesinato, sino
que se trata de incomodarles, de complicarles la existencia. Para que no
sospechen, cada una se dedicará a amargarle la vida al ex de otra. A Paige le
toca incomodar al ex de Bella, o sea, a Oliver.
Éste es hijo de una estrella
de cine fallecida, y vive recluido en un casoplón en Cornualles. Tiene esta vaga idea de que quiere escribir guiones de cine. Pero se dedica más a ver pelis que
otra cosa.
Como me suele pasar con gente supuestamente cinéfila de
Romancelandia, las películas que ven son muy de ficción comercial
estadounidense, vamos, nada de los grandes maestros, tipo Hawks, Ford o Welles,
ni japoneses como Ozu o Kurosawa, ni neorrealistas italianos, o nouvelle
vogue ni Ingmar Bergman. Y si se supone que va a ser un guionista, ¿cómo
ignorar a Billy Wilder, que escribió posiblemente algunos de los mejores de la
historia?
Es lo típico que crean un personaje cinéfilo sin serlo las autoras y claro, de historia del cine saben menos que cero. Ya sabéis eso de que no puedes crear un personaje más inteligente que el autor, pero aplicado a todo.
En este rincón húmedo y frío se
plantará Paige, en pleno invierno. Se supone que vivirá con él, incordiándole. Oliver,
que tiene un complejo de culpa enorme por lo que hizo a Bella, acepta compartir
casa con esta amiga de su ex.
Es una de esas novelas que yo
califico como «tipo catenaria»: fuerte al principio y al final, y más bajo el
nivel en el medio. La cosa arranca con chispa, y remata con una remontada. En
medio vas viendo cómo cada uno influye en el otro, a Paige se le va olvidando
lo de vengarse por su amiga, y él va saliendo de su cascarón, de esa parálisis
emocional en que le sumió la muerte de su padre primero y la rotura con Bella
después.
Toda esa zona media es
bastante anodina. El enamoramiento va muy poco a poco, el deseo físico está
latente pero también avanza a paso de caracol.
Se supone que es gracioso las
cosas que ella le hace, como desordenarle las cosas cuando él es muy meticuloso,
o ensuciarle toda la cocina, o llevarle un hámster, o mandarle todo el rato
mensajes al móvil con absurdos datos... Más que hacerme gracia, estas cosas me
ponían algo nerviosa.
Me suele gustar Amy Andrews
porque es contemporánea, escribe en tercera persona y tiene momentos sexis,
pero sobre todo por su sentido del humor, sus juegos de palabras, su poquito de
mala leche... Algo de eso hay aquí, pero un poco perdido aquí y allá. No me
aburrió, no, me gustó leer esta historia; sin embargo, la cogía y la dejaba sin
dificultad. No, no es de las que te atrape y no puedas dejar de leer. También
es verdad que me coincidió con un viaje de trabajo, y no tuve mucho tiempo libre.
En resumen, una típica novela
tres estrellas. Si la coges, es una experiencia agradable y no lo lamentas.
Pero si pasas de ella, tampoco pasa nada, porque no te pierdes la gran novela romántica
del año.
Me intriga un poco qué pasará
con las otras amigas, pero esta es una serie multiautor y no estoy segura de
que el estilo de las otras autoras lo vaya a disfrutar.
Acabo señalando que Amy Andrews es australiana, y esta novela ha gustado tanto allí que le han dado nada menos que dos premios ARRA (Australia Romance Readers Association), al romance contemporáneo favorito y a la historia más original en un romance (esto último, en el subapartado de los premios elegidos de los miembros, sea lo que sea, ¿igual que lo dan escritoras y o el público?).
Debe ser de los pocos premios de romántica que quedan junto con el RoNa Award de la Romantic Novelists' Association británica. Que no tendrán el nombre del Romantic Times o el RITA, pero al menos han sabido conservarlos.
Mi experiencia: notable, 3 estrellas.
Print / eBook / Audio, 317 páginas
Boldwood Books, 2/2025
ISBN13: 9781836179641
Parte de una serie: The Karma
Club #1
Sweet and Dog Reads, escribe una crítica positiva; considera esta novela como una «hilarante rom-com enemies-to-lovers».
NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL