No sé si os lo había dicho, pero en este repaso que estoy haciendo de mi Olimpo romántico, sigo un orden cronológico.
Releo las novelas protagonizadas por los héroes y parejas favoritos atendiendo a la fecha en que se publicaron, no al año en que yo las descubrí.
Hasta ahora, han pasado por esta sección libros del siglo XX. Toca hoy hablar por primera vez de una contemporánea del siglo XXI, ya con portátiles, correos electrónicos y teléfonos móviles (ojo, teléfonos-teléfonos, no ordenadores de bolsillo).
Comienza con un prólogo que, aunque contado desde la perspectiva de Jane Alcott (30), te la presenta a ella y al protagonista masculino, Luc Martineau (32), los Jane & Luc que forman una de mis parejas de romántica.
Jane es una periodista que escribe una columna tipo «Sexo en Nueva York» para el Seattle Times, titulado Single girl in the city, de bastante éxito entre el público femenino. Y también publica, anónimamente, relatos eróticos sobre una tal Honey Pie para Him, revista masculina. Hay que pagar las facturas.
Ahora le piden que sustituya a un compañero periodista masculino durante su baja. Tendrá que seguir al equipo de hockey sobre hielo de los Seattle Chinooks. No los conoce, no es fan ni seguidora del deporte o del equipo. De hecho, solo conoce a uno de los jugadores, con quien coincidió en un evento, el portero de los 33 millones de dólares, el francocanadiense Luc Martineau.
He’d stood in the middle of the room looking healthy and fit, like a king holding court. […] About five-eleven, but he was pure muscle. His dark blond hair covered his ears and the collar of his shirt, slightly windblown and finger-combed.
[…] Between the lapels of his subdued charcoal suit, he’d worn a silky red tie. A gold Rolex had circled his wrist, and an overblown blonde had been bonded to his side like a suction cup.
The man clearly liked to accessorize.
Jane and the goalie had exchanged hellos and a handshake. His blue eyes had hardly fallen on her before he’d moved on with the blonde. In less than a second, she’d been found lacking and dismissed. But she was used to it. Men like Luc usually didn’t pay much attention to women like Jane. Barely an inch over five feet, with dark brown hair, green eyes, and an A-cup. They didn’t stick around to hear if she had anything interesting to say.
Creo que siempre la he leído en inglés, no sé cómo estará la traducción. En su momento, porque en español no la encontré ni de segunda mano. Después, porque prefiero el inglés sobre todo en obras con humor, porque éste me parece algo muy difícil de traducir.
Así que os pongo como yo traduciría lo anterior:
Estaba de pie en medio de la sala, con aspecto saludable y atlético, como un rey presidiendo su corte. […] Medía alrededor de metro ochenta, pero era puro músculo. Su cabello rubio oscuro le cubría las orejas y el cuello de la camisa; estaba ligeramente alborotado, como si se lo hubiera peinado con los dedos.
[…] Entre las solapas de su apagado traje gris marengo lucía una corbata roja de seda. Un Rolex de oro le rodeaba la muñeca y una rubia exuberante permanecía pegada a su costado como una ventosa.
Quedaba claro que a aquel hombre le gustaba llevar accesorios.
Jane y el portero se habían saludado con un «hola» y un apretón de manos. Sus ojos azules apenas se posaron en ella antes de que él siguiera su camino con la rubia. En menos de un segundo, ella había sido juzgada insuficiente y descartada. Pero estaba acostumbrada. Los hombres como Luc no solían prestar mucha atención a las mujeres como Jane: metro cincuenta y cinco de estatura, cabello castaño oscuro, ojos verdes y talla A de sujetador. No se quedaban el tiempo suficiente para averiguar si tenía algo interesante que decir.
«See Jane score» es una novela de romance contemporáneo deportivo, tono ligero, que Avon publicó por primera vez en enero de 2003. Estuvo en todos los top 100 de AAR desde 2003 hasta 2013. En años posteriores desapareció de la lista final, aunque se mantuvo en alguna votación previa. Como empecé este blog leyendo (o releyendo) aquel top AAR de 2013, publiqué crítica en diciembre de 2014.
Era una relectura y me gustó todavía más que la primera vez
El escribir sobre mis héroes favoritos de romántica (aquí y aquí) me hizo pensar en releer algunos de estos libros, a ver qué impresión me dan. Y en ello estoy.
En una relectura me sigue pareciendo muy entretenida, divertida y sexy, con su tensión sexual no resuelta y la gracia propia de la autora. Presten atención a:
1) un tatuaje estratégico,
2) juego de dardos, y
3) el lema «A veces, Ken no elige a Barbie».
Aunque ya digo que la he leído siempre en inglés, esta vez me la he comprado en papel, que quieras que no, proporciona una experiencia lectora algo diferente. La foto de mi ejemplar os la dejo abajo del todo.
Es verdad que, desde que se publicó, ha habido tantísimas novelas románticas de hockey, que este libro suena a algo ya visto. Lo que pasa es que ésta es una novela de 2003; no recuerdo que entonces hubiera nada parecido.
En estas últimas dos décadas se han escrito montones de novelas de romance deportivo con hockey de por medio. Así que sí, ahora puedes encontrar novelas parecidas a ésta. Dentro del M/F romance, lo más parecido a los Chinooks de Rachel Gibson me parece que son las de Kate Meader, los Brooklyn Brusiers de Sarina Bowen o —mucho más trilladas y de usar y tirar—, las de Kat Mizera.
Quizá de antes era más tensión sexual no resuelta y luego dos o tres escenas de sexo explícito. Ahora ya no suelen ser así, hay mucho más roce. Si recuperan aquel tempo, lo llaman slow burn. Lo que a menudo echo a faltar en las actuales es un poco más de humor con retranca. Pero vamos, que sí que puedes encontrar novelas parecidas a ésta en la actualidad.
Sigo recomendándola porque me parece una novela muy disfrutona. Todo romance que aguanta el tipo después de varias relecturas, merece la pena.



