miércoles, 18 de febrero de 2026

Crítica: “Campus player” de Jennifer Sucevic


Una Sarina Bowen de Hacendado


 

Campus Player

 

Por JENNIFER SUCEVIC Fecha: diciembre de 2020

 

No puedo darle más de dos estrellas a un libro del que me he saltado partes. Pero creo que, dentro del tipo de novela romántica que es, está muy bien.

¿Y cuál es, me diréis? Pues la típica que te cuentan en estilo NA (primera persona dual), protagonizada por universitarios USA prototípicos: el atleta y la empollona.

Él es Rowan (21) es el quaterback de la uni, con un futuro en la NFL, y Demi (21, también), la cerebrito que le ayuda en la asignatura de estadística.

Tiene detalles menos habituales en este tipo de historia: se conocen desde que tenían catorce años; él está por ella, aunque no se lo ha dicho porque ella parece aborrecerlo y mantiene las distancias. Al principio tiene esa vibra enemies. Demi también es deportista, en concreto futbolera, lo cual no es muy habitual. Eso da lugar a que tenga ciertos problemas dentro del equipo del que es capitana, con otra compañera, sobre todo, que la quiere mal.

Al comienzo de la novela, Demi sale con un tal Justin que no es muy allá como novio.

Se conocen porque Rowan es una especie de protegido del padre de ella, el Coach de fútbol americano. Cenan juntos una vez por semana.

Hay cosas que Rowan mantiene ocultas, referentes a su pasado; podrían poner en peligro una hipotética relación con Demi. Aunque tiene fama de ligón, las apariencias engañan... pero sólo un poco.

La parte sexi es la que, en mi opinión, hace mejor la autora: resulta excitante y cálida. Es lo que más destacaría de la novela. No es fácil escribir bien la tensión sexual no resuelta y luego la resolución, en escenas explícitas. Me parece que la autora lo logra con nota. Aunque, eso sí, es una de esas novelas que parecen entender que sólo el coito es sexo, el resto no. O como suelen decir los sexólogos, «¿Por qué lo llaman preliminares cuando quieren decir sexo?», «Los preliminares no existen», o «preliminares, ¿de qué?»

En fin, que yo diría que, en su estilo de novela, es resultona aunque trillada, una especie de «Sarina Bowen (o Elle Kennedy) de Hacendado».

Si me he saltado partes es por todas esas cositas que aparecen en este libro y que me aburren: el estilo NA, los universitarios y el fútbol, me da lo mismo que sea. Quizá sea ya el momento de decir que a menos que sea una novela reputadísima, debería dejar de leer historias de universitarios estadounidenses, que no me aportan nada.

Cosa curiosa: esta novela la tengo por partida doble, en ambos casos, por ser un freebie por estar apuntada en una lista de correo. Lo sé porque la tengo en Book Funnel, que es lo que suelen usar las autoras. Está tanto en solitario como en una antología que aún no he leído, Falling for the player, creo que toda ella es de hockey sobre hielo.

 

Mi experiencia: manifiestamente mejorable, 2 estrellas.

 

eBook / trade paperback / Audio, 308 páginas

Jennifer Sucevic, 12/2020

Parte de una serie: Campus #1

ISBN13 (del trade paperback de Barnes & Noble): 9781668521694

 

Crítica de The Book Disciple, 3.5 estrellas

 

NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL, PERO SÍ AL ITALIANO (Campus Player. Da nemici ad amanti), AL FRANCÉS (Le Coureur du campus) Y AL ALEMÁN (Campus Player: Verlieb dich nie in die Tochter vom Coach!)

O sea, que esto sí que debe tener un público ahí afuera.

lunes, 16 de febrero de 2026

Crítica: “En exclusiva”, de Nora Roberts

 

Muy buena… para el formato que es

 

 


DATOS GENERALES

 

Título original: Second nature

Subgénero: contemporánea

Fecha de publicación original en inglés: 12/1985

Editorial: Silhouette

Páginas: 252

Parte de una serie: Celebrity Magazine #1 / Language of Love #30 / MBSE y SSE-288

ISBN13: 9780373092888

 

En España

Título: En exclusiva

ISBN 13: 978-84-671-2304-3

Traductora: Catalina Freire Hernández

1.ª ed.: 10/2004, Harlequin Ibérica

Descripción: rúst., 256 págs.

Colección: Nora Roberts, 9

 

SINOPSIS (tomada de La Casa del Libro

Conseguir una exclusiva con el famoso autor de novelas de terror Hunter Brown fue un éxito inesperado para Lee Radcliffe, redactora de la revista Celebrity. Pero, cuando el misterioso escritor la reta a entrevistarlo durante una excursión por un paraje perdido en las montañas, Lee descubre que aquello es algo más que una simple entrevista, que él es algo más que un simple escritor de novelas de terror. Y que es al propio Hunter al que quiere... en exclusiva.

 

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?

No, ni la tenía mencionada en mi base de datos, más allá de ser una de Nora Roberts. Solo la leí porque la tenía por casa, en un libro que recoge la dulogía Celebrity: Summer Pleasures.

 

 CRÍTICA

Toda gran autora tiene un pasado, y el de La Nora, como tantas otras grandes damas de romántica (Sandra Brown, Jayne Ann Krentz, Linda Howard et companie) es, en los ochenta, romances genéricos tipo harlequín.

En un suspiro me he leído esta novelita. Viene a ser novela rosa tradicional, o sea un harlequín de los de toda la vida. Este, en concreto, lo publicó Silhouette. Me maravilla la capacidad de contar algo tan bien en un formato breve.

Lenora «Lee» Radcliffe (unos 27 años, le calculo yo) trabaja como reportera para la revista Celebrity. Quiere hacer un artículo sobre Hunter Brown (36), un escritor misterioso (lo suyo son los superventas de horror, algo así como Stephen King). Para ello, acudirá a un taller para escritores, fingiendo ser una de ellos. Se supone que él va a hacer una de sus pocas apariciones públicas, dando una conferencia. Lo conocerá a poco de llegar, sin saber ella que él es el escritor a quien busca.

Hay una tensión fantástica (y bastante humor) en toda esa parte inicial en que ella no sabe con quién está hablando. Luego, para conseguir su entrevista, y averiguar los secretos del autor, tendrá que aceptar hacer excursionismo con él.

Se nota que es de los ochenta en que, por ejemplo, él fuma (aunque ella le dice que es un mal hábito) o dice algo machista (… e inmediatamente, él reconoce que es un comentario sexista). También en que él la besa y la toca sin permiso, incluso cuando ella dice que no quiere que la toque así (que él interpreta como «no quiero querer que me toques así, pero lo quiero»), no hay teléfonos móviles ni internet que acabarían con dudas y confusiones en un pispás.

Pero también se nota en lo bien escrita que está. Narrada en tercera persona, con cero rumiaciones, cada palabra y cada frase es relevante para la historia.

Me deja impresionada lo eficaz que era ya entonces la escritura de Nora Roberts. Para ser simplemente un producto con destino a una vida efímera en las baldas de kioscos y supermercados, está rebién:

·        los personajes son atractivos y se caracterizan a través de sus actos y sus palabras,

·        la ambientación es la justa para trasladarte a otra vida, sin perderse en demasiadas contemplaciones.

Lo que yo destacaría son los diálogos, no hay en ellos nada anodino o prescindible; cada palabra contribuye en algo al avance de la novela o al retrato de los personajes.

Para mí, Roberts y Sandra Brown, son de las mejores escritoras de romántica que saben presentar la voz masculina. Los MMC hablan y piensan como tíos, y no la bestie de la MFC.

Siempre he dicho que el formato corto tipo harlequín es fantástico para aprender a contar una historia. Estas autoras (lo repito, como JAK, Linda Howard, o Brockmann…) lo cultivaron durante años antes de pasarse a novela larga. Para entonces, ya habían aprendido de sobra a contar una historia con exposición-nudo-desenlace, caracterizar personajes, construir diálogos de película… A enganchar al lector, en suma, con los recursos propios de todo cuentacuentos.

No hará mucho me comentaba mi churri, respecto a las artes plásticas (en realidad, yo lo aplicaría a cualquier creación), puede ser que ahora les falte 

☝ 1) curiosidad para 

    ☝ 2) observar la vida más allá de su ombligo, y 

        ☝ 3) oficio.

Hay elementos básicos de todo arte que se tienen que conocer. Para ir más allá, tienes que dominar lo de más acá, lo básico, lo de toda la vida.

Otro ejemplo. Creo que fue a Torres Dulce a quien le escuché decir, no hará mucho, que había notado un descenso en la capacidad para narrar historias, que se produce tanto en abogados que están aprendiendo el oficio (y se les hace un mundo redactar ordenadamente los hechos de una demandada o de una querella) como en guionistas (que se supone que tienen que saber escribir los diálogos de una película).

Añado otra opinión de estas que escucho y al final no sé dónde, esta se iba a lo político. Sostenía que, tal cual se está enseñando la escritura creativa en las universidades estadounidenses, se está acabando con saber hacer bien las cosas. Porque no enseñan a contar historias, sino que velan por que los libros tengan un gran tema (políticamente hablando, y siempre desde la perspectiva woke), que recojan experiencias diversas (siempre desde las own voices), y curatelando con sensitivity readers (para que nada incomode, ofenda o moleste a nadie). Más que a pulir aspectos estilísticos, se centran en quitar todo lo que pudiera ser mínimamente polémico, aunque ello anule lo que pueda tener de artísticamente interesante. Es posible que aquí esté el origen de tantas obras de escasa garra, muy convencionales y parecidas unas a otras. La narración de historias, sea comercial o sea literaria, se habría convertido, así, en otra víctima de las políticas DEI mal entendidas y peor aplicadas.

No lo sé, pero podría ser una explicación de que ahora cojas algo de los ochenta y sí, podrá ser todo lo políticamente incorrecto que quieras, pero te engancha y lo lees en un santiamén. Así, esta novela, que sería un tres estrellas de base (porque el formato no da para más), acaba subiendo a cuatro por:

a)     vida en el exterior, acampando junto a un río, en un cañón de Arizona.

b)     la capacidad de enganche (algo que la Roberts más reciente no siempre logran).

c)     reflexiones sobre la escritura, aprovechando que Hunter es escritor. Podría compartir muchas citas, pero me gustó particularmente una:

Como escritor obsesivo que creía que los propios personajes eran el argumento de cualquier libro, Hunter siempre buscaba lo único y lo individual.

Una sola frase que explica, a mi modo de ver, la diferencia entre personalidad e identidad de un personaje. Esto puede determinar que la novela tenga garra o sea algo anodino y tópico, cuando la autora se limita a ir tachando casillas de identidades, en vez de crear personajes interesantes e irrepetibles.

Que digo yo, ¿no hay nadie que coja lo mejor de ambos mundos, el saber hacer del pasado con la conciencia social del presente? 

La he leído en inglés, dentro de la antología Summer pleasures que unía las dos novelas de la serie Celebrity. Así que no sé cómo estará la traducción al español que hicieron años después.

Valoración personal: notable, 4

Se la recomendaría a: quienes gusten de harlequines vintage

Otras críticas de la novela:


 

Como esto es del año de Maricastaña, muy poquito he encontrado.

En español solo he encontrado crítica en El rincón de la novela romántica, donde Sandrayruth le ponen 5 sobre 5, o sea, lo más. 

En inglés, Life of this City Girl hace una doble crítica, de esta y la siguiente de la serie, y no le gustó nada, le pone un 4 sobre 10.

Comentarios de las dos Summer pleasures, con una puntuación media de 3.54 en The StoryGraph

Os dejo enlace a Goodreads, donde tiene 3.95 estrellas, con 6.659 valoraciones y 288 críticas.

Como esto me parece escaso, os dejo enlace a una milenial escribiendo su experienciacon Nora Roberts. Me picó una frase que aparece muy al principio: 

No sabía quién la compraba, pero nadie lee, realmente, a Nora Roberts – desde luego, ni yo ni mis compañeras milenials. NR era para viejas que probablemente no podían aceptar que los ochenta se habían terminado. Pero entonces algo raro ocurrió.

Es... interesante, ver ciertas cosas con perspectiva. Parece que nosotras tragábamos con mucho machismo, ahora, también te digo que las lectoras actuales tragan con mucha mala calidad literaria, con libros que, simplemente, están mál escritos. Mucha romántica de los ochenta será todo lo petarda que tú quieras pero, en cuanto al estilo, es de Premio Nobel frente a muchos bodrios actuales. El tiempo, sin embargo, pone a todo el mundo en su sitio.