Comienzo
hoy una serie de artículos que en principio, iba a llamarse “La lectora de
romántica: esa extraña criatura”. Pero como también hay lectores varones de
romántica, aunque estadísticamente sean minoría, el título ya no resultaba adecuado.
Ahora llevará cada uno el suyo: Cómo nos ven, cómo somos, etc.
Las narrativas femeninas
son un paradigma popular usado en el estudio de los lectores de romance, en que
el lector de romance sale retratado bien fortalecido, bien como una
desafortunada víctima de la cultura popular.
Beth Kamp: “Romance Readers:
Contemporary Scholarship of Readers of a Controversial Genre”.
Cuando se lee sobre novela romántica, a
menudo se encuentran referencias a la supuesta lectora de estos libros. Se
habla de libros y de repente, ¡zas! se pasa a hablar de quién los lee. Cómo se
hace esta transición nunca queda claro. Pero lo cierto es que rápidamente se va
de lo uno a lo otro. De los libros al lector.
Y no sólo se especula sobre quién los
lee, sino también por qué y se llega a alertar de los perniciosos (y poco
comprobados) efectos que este producto cultural causa en “esa extraña
criatura”.
La imagen que se tiene es de una “débil
mental” que no sabe diferenciar la realidad de la fantasía, que lee romántica
para cubrir deficiencias emocionales y lo único que consigue es dañar su psique
y perjudicar su salud, renunciando de paso a los logros del feminismo.
¿Exagero?
Empecemos por un blog cualquiera.
Respirando hondo. Y de un tirón, como la
depilación a la cera. No nos dejemos llevar por la ira:
Lo deprimente es que lo ganan gracias a la falta de cultura de las mujeres que leen estos “libros”, y que editándolos no hacen nada por mejorar esa falta de educación. Pero mejor así, ¿verdad?, mantengamos a esas “idiotas” en la ignorancia para que cuando la ansiedad no las deje respirar, salgan rápidamente a comprar ropitas de Zara, y perfumes en Juteco. Y si no han acallado del todo esa inquietud que las agobia, esa voz cruda y desagradable que les dice que su vida es una mierda, que lean más novelitas de estas y sueñen con un príncipe encantado que las quitará de emplear todo el día haciendo fotocopias y pasando llamadas telefónicas a compañeros del sexo opuesto.
"Chick Lit a la española. Qué vergüenza", 7/07/2011, en el extinto
blog “Patrulla de Salvación”.
Me parece imposible encontrar más machismo implícito en menos líneas. En fin, sigamos con un artículo de estudio académico
que insinúa lo mismo, pero en fino y lioso:
Gracias al doble proceso de desdoblamiento y de transferencia entre escritora-protagonista y entre protagonista-lectora, se produce, a través de la escritura-lectura, un desdoblamiento psíquico de carácter compensatorio que posibilita a emisoras y receptoras vivir imaginariamente, como Emma Bovary, un sueño de amor que rellene el vacío vivencial y sentimental al que le ha llevado la cultura maravillosa de la “felicidad”. A su vez, esta recepción fantástica de la cultura sentimental “feliz” favorece también la disociación psíquica entre la realidad de carencia, gris y apagada de la cotidianeidad de muchas mujeres y el mundo rosa, elegante, señorial y amoroso al que nos enfrenta el género novelesco.
E. Martínez Garrido: “Bildungsroman y crítica de
género. Novela rosa y narrativa de mujeres”, Cuadernos de Filología Italiana 2000, n.º extraordinario: 529-546 (aquí, en PDF)
Un artículo en un periódico:
No estoy seguro si la inmensa popularidad de la novela romántica representa de algún modo un “rechazo” del movimiento de liberación de la mujer, pero claramente algo les falta en las vidas y experiencias de las decenas de millones (quizá incluso cientos de millones) de damas contemporáneas.(…) Aún así, sugeriría que si alguien está enamorado de las novelas románticas, debería quizá huir de los libros contemporáneos y leer las bellas, profundas y conmovedoras obras de autoras del siglo XIX como Jane Austen y las hermanas Brontë– combinaban romanticismo con la dura realidad y profundos conocimiento en la humanidad.Palash Gosh: “Damsels In Distress: Why Do So Many Contemporary Women Read Old-Fashioned Romance Novels?”, 17/12/2013, en International Business Times.
Y acabemos con una psicóloga:
Las novelas románticas pueden ser una mala influencia para las mujeres, y llevarlas a tomar malas decisiones respecto a su salud y sus relaciones, dice la psicóloga británica Susan Quilliam. Las novelas dan a las mujeres puntos de vista poco realistas sobre lo que esperar de una relación porque “romantizan” el amor. “Ofrecen una versión idealizada del romance, que puede hacer que algunas mujeres se sientan mal con ellas mismas porque sus relaciones no son perfectas. En algunos casos, puede llevar a que las mujeres tomen decisiones erróneas sobre su salud, como no usar preservativos cuando tienen relaciones sexuales— algo que a menudo aparece en las novelas”.“Romance Novels Bad For Women's Health and Psyche, Psychologist Says”, 11/07/2011, en Live Science.
Lo curioso es que, cuando se trata de
romántica erótica, toda esta fantasía que hasta la fecha perturbaba mentalmente
a las mujeres, resulta que es… buena. No hace falta que diga qué novela erótica
es “la novela” a la que se refieren, ¿verdad?
El director del centro Psico-Impronta reconoce que a menudo los pacientes hablan de la novela, que “puede ayudar como estimulante a muchas parejas o individuos con problemas sexuales”. Una opinión que comparte el psicólogo especialista en sexología José Bustamante, autor de ¿En qué piensan los hombres? Todo lo que has de saber sobre el deseo y la sexualidad masculina (Paidós), que hace la siguiente reflexión: “Cuanto más tiempo pasemos pensando en fantasías sexuales, más bien irá nuestra vida sexual y será más sencillo que se encienda la llama en la relación de pareja”, arguye.“Desmontando el mito de 'Cincuenta Sombras'”, 28/09/2012, La Vanguardia.
Aunque el fenómeno de Cincuenta sombras… también dio lugar a
comentarios despreciativos como el siguiente:
[Duda de que quienes los lean sean inteligentes porque]... algunos de nosotros encontramos inconcebible que lectores inteligentes participen en el renegar de sus mentes y la corrupción del idioma inglés sólo por sentir sacudidas en sus pantalones.William Giraldi: “Finally, an Academic Text Devoted to '50 Shades ofGrey'”, 19/05/2013, New Republic.
Mujeres sin educación, compradoras
compulsivas, con un vacío existencial. Que son incapaces de leer nada que no
sea romántica (por eso el macho de turno se siente obligado a informarnos -¡a
nosotras! - de que existe una autora llamada Jane Austen). Leen para soñar con un hombre
ideal que las mantenga y así dejarán de trabajar. Pero cuando tienen pareja, se
sienten frustradas porque las cosas no son como en las novelas. ¡Ah, y se quedarán
embarazadas o tendrán ETS porque no usan preservativo!
Salvo que lean erótica, en cuyo caso mejorará
su vida sexual.
Pero sin pasarse no vaya a ser que se
obsesionen demasiado con el sexo y exijan demasiados orgasmos o se pongan
aventureras…
No busquéis los profundos estudios en los
que basan tales afirmaciones sobre la lectora de romántica, pues no los
encontraréis. Tengo la profunda sospecha de que son meras reflexiones
personales, presentadas en un contexto que las hace confundirse con datos que
sí son resultado de investigaciones.
A mi modo de ver, se basan simplemente en
el prejuicio (“no conozco a nadie que lea romántica, pero seguro que quien la
lee es así”) o en un reducido círculo de personas a las que no analizan
científicamente (“mi tía-abuela Petunia era una solterona frustrada sexualmente
que se leyó todo Corín Tellado, así que todas las lectoras de romántica son
como ella”, que luego vaya Vd. a saber qué vida sexual tenía la tal Petunia, igual
tenía una colección de juguetes eróticos que la ponían de buen humor todas las
mañanas).
De esta imagen tópica se hizo eco un artículo sobre la Convención Australiana de Lectores
de Romántica:
Imagínate
un lector típico de romance, alguien que disfruta de los títulos publicados por
Harlequin o Mills & Boon. ¿Tienes una imagen de ellos en la cabeza? Lo más
seguro es que te imagines un ama de casa aburrida o una vieja con gatos. Claro
que sí, porque así se caracteriza, y de forma tan condescendiente se los trata,
a los lectores de romántica, por pura rutina. Si alguna vez se discute el
género por los medios de comunicación generalistas, será en artículos
condescendientes que usan términos como “porno para mamas” u ofrecen ambiguos
elogios sobre la extravagante “prosa florida” de tales libros, o entran en el
cliché de basura ligerita sobre jeques solitarios y empresarios piratas.
Danielle
Binks: “Things no one tells you about romance readers”, 11/03/2015, Daily Life.
¿Somos conscientes los
lectores de romántica de que nos desprecian por nuestras lecturas? Sí, lo
sabemos de sobra.
En 2015, la escritora Maya Rodale ha publicado un ensayo, Dangerous Books for Girls (“Libros peligrosos para chicas”) e hizo
un cuestionario en línea para lectores y no lectores de romántica, cuyos datos
se pueden encontrar aquí.
En la encuesta de Maya Rodale, el 88% de
los lectores opinaron que se menosprecia a los lectores de romántica por sus
hábitos lectores. Sólo un 6% piensa que no, y un 5% no sabe.
Ahora bien, ¿eso nos hace avergonzarnos
de nuestros gustos? Pues en la misma encuesta el 51% dice que sí se ha
avergonzado en alguna ocasión de leer romántica, y el 48% no.
A la mitad de los que leen romántica no les importa quién lo sepa, pero los de la otra mitad, en alguna ocasión, sintieron que debían ocultar que leía romántica.
Da que pensar sobre el enorme
atractivo de la novela romántica. Seguimos leyéndola a millones a pesar de
que es un gusto que sólo nos puede traer desdén e incluso vergüenza. Que leemos
sólo y exclusivamente por el puro placer de leer, porque no nos va a traer
ningún aprecio social. Cuando haces algo a pesar del desprecio generalizado es
que ese algo te aporta muchísimo.
En fin, así nos ven.
Otro día hablaremos de cómo somos en
realidad.





