lunes, 28 de noviembre de 2016

Crítica: “Una rosa perfecta”, de Mary Jo Putney



Emotiva, profunda, auténtica. Tiene veinte años, pero como si la hubieran publicado ayer.
 
Books4Pocket, 2008
DATOS GENERALES

Título original: One Perfect Rose
Subgénero: histórica
Fecha de publicación original en inglés: 1997

Parte de una serie: 7.º de la serie Ángeles Caídos

1.ª edición en español: Titania, 2001
Traductora: Amelia Brito



Stephen, huyendo de su aristocrática cuna, llega al pueblo de Fetchfield y lee que esa misma noche va a representarse una obra de Shakespeare en un improvisado escenario. Deseoso de olvidarse por unas horas de la pena que le atormenta, acude a la función sin muchas esperanzas. Pero allí ve por primera vez a Rosalind, hija adoptiva de los Fitzgerald, actriz de gran encanto y sencillez. Al día siguiente, un percance fortuito volverá a unirlos y entre ellos surgirá una pasión irrefrenable por la que lucharán con todas sus fuerzas, enfrentándose a los designios de un tiempo que juega en su contra.

UNA AMENAZA DE MUERTE

Stephen Kenyon, Duque de Ashburton, siempre se ha tomado muy en serio las obligaciones propias de su título. Pero una noticia inesperada le lleva a alejarse de su mundo de riqueza y privilegios y emprende un viaje sin rumbo por el campo haciéndose pasar por un hombre sencillo. En su desesperado vagar conoce a Rosalind Jordan, y las esperanzas que ya creía muertas volverán a la vida desde lo más profundo de su corazón. Pero ¿cómo va a declararle el amor que siente si su existencia se ha convertido en una cuenta atrás que le atormenta noche y día, si guarda un secreto que le ha hecho huir de todo lo que hasta no hace mucho poseía?

UNA PROMESA DE VIDA

Rosalind Jordan viaja con una compañía representando obras de teatro de pueblo en pueblo. Sus orígenes son inciertos porque, huérfana de padre y madre, los Fitzgerald la adoptaron cuando niña y la han criado como a sus otros dos hijos. Ahora Rosalind se ha convertido en una joven actriz, encantadora y comprensiva que, al conocer a Stephen, sentirá que su vida cambia para siempre. Pero, ¿cómo va a entregarse a un hombre que, aunque es la encarnación de todos sus sueños de felicidad, nunca podrá ser suyo?

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
Sí, estaría entre las mejores novelas de romántica de todos los tiempos, alrededor del puesto cincuenta.
Cuando The Romance Reader escogió las mejores cien novelas románticas del siglo XX, One Perfect Rose estuvo en el puesto 68. En la encuesta anual de All About Romance fue elegida como el mejor romance “de carretera” y el más lacrimógeno; además, obtuvo menciones honorables en las categorías de romance histórico europeo y héroe más torturado (Stephen Kenyon). También ganó el Premio RRA de mejor novela histórica, y de la Regencia de todos los tiempos. Ha estado en todas las listas Top 100 de All About Romance desde 1998 hasta 2007: la n.º 56 en 1998, la n.º 14 en el año 2000, la n.º 56 en 2004 y la n.º 73 en 2007. En 2013 tampoco entró entre las 100 mejores, pero sí estuvo entre “lo mejor del resto” en el puesto n.º 124.
Aparte de críticas estupendas, fue finalista al premio RITA y de vez en cuando se la ve en listas sobre tópicos de romántica tipo amistades entre personas del mismo sexo y héroes beta.


CRÍTICA

Repasando críticas que escribí hace años para El rincón de la novela romántica, me reencontré con esta, sobre una de las mejores novelas de Mary Jo Putney, que es casi como decir de lo mejorcito de la novela romántica de todos los tiempos. Con ligeros retoques, paso a incluirla aquí.

Esta es una de esas novelas que se leen de un tirón. Pertenece a la serie Ángeles Caídos, pero se sostiene perfectamente con independencia del resto. De hecho, es mejor cogerla aislada, porque el tono de esta novela difiere de las otras.
El planteamiento es un poco tétrico. A Stephen le han diagnosticado una enfermedad mortal. Necesita salir de su vida ordinaria para reconciliarse con la idea de que va a morir pronto, antes de informar a su familia y arreglar sus cosas. En su deambular, da con una representación teatral que lo atrae inmediatamente. Poco después tiene ocasión de lucirse como mocetón valiente al rescate de un niño, aunque eso no es precisamente bueno para su salud.
Acaba recalando en esta compañía teatral ambulante. Ahí conoce a la chica de la película, Rosalind, una joven actriz viuda de origen desconocido. No puede evitar enamorarse, aunque tenga los días contados.
A pesar de que la enfermedad está presente en todo momento, no resulta una novela lúgubre. La parte primera del libro, que gira en torno al teatro, resulta original. Y es lo que otorga a esta novela un particular atractivo. ¡Por fin una novela de la Regencia que no se centra sólo en bailes, bailes y más bailes!
Los guiños shakesperianos, y las citas de poetas metafísicos como John Donne o Andrew Marvell se usan como parte de la historia o para expresar los pensamientos de los personajes. Es una de esas cosas que me encantan porque indican respeto por el lector. Putney no considera que su público esté formado por indigentes intelectuales, no. Así que esta novela es un buen ejemplo para acallar a aquellos que desprecian el género romántico y por extensión a sus lectores.
Agradable novedad es que Rosalind y Stephen se lleven bien desde el principio. Son maduros, y realistas a la hora de hablar, cotidianos. No se produce ningún “gran y estúpido malentendido”. Ni gritos o esgrimas verbales. Todo se desarrolla fácilmente entre ellos, con cordialidad, rezumando amor. Se resisten a la atracción sexual entre ellos porque asumen que la historia será breve, cada uno por sus propias razones. La espada de Damocles de la enfermedad letal se ve compensada por una relación muy fluida.
Aunque los dos caen bien, sobresale la figura de Stephen. Ha intentado siempre hacer lo correcto, lo que se espera de él, y el morir joven le parece injusto. Pasa por una evolución personal, del enojo a la resignación. No es dominante ni mangonea a Rosalind. Deja que ella adopte sus propias decisiones. Stephen va ganando en profundidad y grandeza conforme va decayendo su salud.
Y sí, es una de esas novelas que necesitas tener el paquete de clínex al lado.
Además de los protagonistas, resultan inolvidables los secundarios, especialmente los deliciosos padres adoptivos de Rosalind, que recuerdan a grandes shakesperianos de la época como Edmund Kean, con sus citas literarias, exageraciones dramáticas y un afecto físico evidente.
Obviamente el mayor desafío es cómo lograr un final feliz y creíble cuando Stephen empeora. Se le ve decaer, con una serie de síntomas que suenan familiares a quienes sientan padecimientos gástricos. Si te metes en la historia, hay más de una escena que puede llevarte al borde de las lágrimas. Pero Putney se supera.
Decepcionante resulta, sin embargo, todo lo referente al origen de Rosalind. ¿Por qué no podía ser, simplemente una plebeya actriz? No sería tan “moderno” o improbable. Una generación antes, la actriz Elizabeth Farren se había casado con el conde de Derby. Es como si Putney no creyera a Rosalind suficientemente buena para Stephen. Pero cuando lees el libro, “sientes” que a Stephen quiénes sean los padres biológicos de Rosalind le da realmente igual.

Valoración personal: muy buena, 4

Se la recomendaría a: todos los aficionados a la romántica histórica, con un toque melancólico, y amantes del teatro isabelino.

Otras críticas de la novela:

Un par de críticas, en español, en El rincón de la novela romántica, entre ellas una versión anterior de esta mía.

En inglés, reseña en Publisher’s Weekly.  En All About Romance le dieron una calificación de A- y la consideraron como DIK (Libro que te llevarías a una isla desierta). Gossamer Obsessions le puso nota de B. En Heroes & Heartbreakers le dedicaron un artículo titulado “The Mortal Anguish in Mary Jo Putney’s One Perfect Rose” (“La angustia mortal en Una rosa perfecta de Mary Jo Putney").
Para Limecello, que hizo crítica para The Good, the Bad and the Unread, fue en cambio una lectura más decepcionante de C+.

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