He decidido presentaros, en cómodos fascículos mensuales, cuáles son mis novelistas favoritas dentro del género romántico. Empiezo con mi más constante y longeva relación: la autora de suspense romántico Sandra Brown. La cosa fue así...
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Contraportada de Chill Factor
Edición en tapa dura
Fotógrafo: Andrew Eccles |
En aquella temporada, allá por los noventa, yo vivía en
Barcelona. Desde hacía años, mi relación con las novelas románticas era intermitente.
Me daba por épocas. Quería distraerme y me leía unas cuantas… hasta que las tramas
se confundían y era incapaz de recordar el nombre de ningún personaje. Entonces
lo dejaba.
Entré en una librería de segunda mano. Y me intrigó la
contraportada de una novela de autora para mi desconocida. Era Shadows of yesterday, la reedición de
1992 de Relentless Desire (1983). Fue
el comienzo de una larga amistad.
En 1981 Sandra Brown comenzó a publicar novelas románticas
“genéricas”, o sea, novelas rosa -harlequines, para entendernos, aunque ella
trabajó para otras editoriales-. Relatos cortos, con pautas muy marcadas y centradas
exclusivamente en una historia amorosa. Por entonces escribió también cuatro
novelas largas: tres históricas del Oeste (Anhelos
ocultos, Un largo atardecer, Un nuevo amanecer) y una contemporánea (The Silken Web). En esta época usó
varios seudónimos: Laura Jordan, Rachel Ryan y Erin St. Claire.
Para hacernos a la idea, un ejemplo de un Loveswept original:
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El retorno de Sunny
(marzo 1987), edición original en Loveswept n.º 185, A Bantam Book.
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Chill Factor, Simon & Schuster, 2005.
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Los héroes de Sandra Brown son tipos duros, más dados a
soltar un taco que una palabra sentimental. Pueden estar enamorados hasta las
cachas, pero sólo lo demuestran con intensas miradas y apasionados actos
amorosos.
Las heroínas visten bien, incluso con recursos económicos
limitados. No hay en ellas desaliño ni pelos alborotados. Pero no nos
confundamos: no son jet-setters glamurosas
dedicadas a coleccionar maridos ricos. Mantienen las distancias y reservan su
ternura para la familia o los más débiles. Incluso en mitad de los líos más
espantosos, no tienen ataques de nervios, ni permiten que los héroes las usen
como un felpudo.
Suele ambientar sus historias en estados sureños (Luisiana,
Texas), y ciudades como Nueva Orleans, con alguna muy rara (y poco afortunada)
incursión en otros países.
A veces he oído hablar de sus libros como puro crazysauce, es decir, algo confuso y
alocado, pero siempre excitante. Lo que pasa es que muchos de sus personajes
son bigger than life, y las tramas
–en las novelas de suspense- retorcidas hasta decir basta.
¿Por qué me gusta Sandra Brown? Para mi fue un soplo de
aire fresco descubrir historias románticas contemporáneas con personajes que hablaban
como gente normal. Personalmente, agradezco que no incluya elementos paranormales
o ingenuidades Nueva Era. Me gusta que sus heroínas compatibilicen trabajo y
maternidad aunque para mi gusto recurrió demasiado al tópico del “embarazo no
deseado”, con heroínas que pocas veces se plantean el aborto. Sus hombres son
un sólido apoyo, no malcriados ricos dedicados sólo al ligoteo. Si hay millonarios,
normalmente se han hecho a sí mismos
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Texas! Chase, Bantam Books (1991)
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Para mi gusto particular, es un punto positivo que no
escriba series. Cada libro te descubre un universo nuevo. Sí ha escrito “dípticos”,
es decir, parejas de libros con personajes relacionados. La única serie propiamente
dicha es la trilogía Texas! De
principios de los noventa, dedicada a los hermanos Tyler: Texas! Lucky, Texas! Chase y Texas! Sage.
Creo que la autora tiene la idea de que si no
se entretiene ella escribiendo, el lector tampoco lo hará leyendo. Y escribir
series tiene pinta de ser muy aburrido.
El paso de los años ha decantado cuáles son las novelas
favoritas del público, que merece la pena releer aunque fueran escritas hace
veinte años: Un largo atardecer (1985),
Odio en el paraíso (1988) e Imagen en el espejo (1990).
Sunset Embrace (Un largo
atardecer), novela romántica
de época, se ambienta en una caravana que se dirige a Texas. Forma parte del
dúo “Coleman” y representa el Oeste con más realismo que lo habitual en la
novela romántica.
Mirror Image (Imagen en el
espejo), novela de suspense
romántico, parte de un tópico muy atractivo: la suplantación de personalidad. Una
periodista se hace pasar por la esposa de un millonario candidato político. Te
mantiene en vilo hasta el explosivo final, con uno de esos giros inesperados
tan propios de la autora.
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Imagen en el espejo (1990), portada de Ediciones B, 1997.
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Pero mi favorita es Slow
Heat in Heaven (Odio en el paraíso). Esta novela romántica contemporánea marca
un cambio en su producción. Volvía a la novela larga, introduciendo elementos
de intriga y subtramas llenas de personajes inolvidables, unos crueles y otros entrañables.
Por el mundo húmedo y cálido de los bayous
y plantaciones de Luisiana pululan retorcidos personajes que amenazan a la
heroína,… y Cash Boudreaux, un prototípico machote browniano, un atractivo
cajún. Me gusta tanto que la tengo en español y en inglés. Por no poner la bochornosa portada de la colección Cisne, incluyo una edición rústica en inglés:
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Odio en el paraíso
(1988), portada de Warner Books, 1991.
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También gustan mucho Another Dawn (Un nuevo amanecer, 1985) la continuación,
veinte años después, de Un largo
atardecer; y The Alibi (La coartada
imposible, 1999) thriller con uno
de esos giros inolvidables al final en el que el asesino es quien menos te lo
esperas.
De las
novelitas cortas románticas de hace años, me quedo con Adam’s Fall (Tentación, 1988) y la trilogía Texas! Los protagonistas de
Tentación se conocieron en otra anterior, Fanta C (Fantasía, 1987), y fue “enemistad a primera vista”, con
diálogos chispeantes que expresaban su mutuo desprecio. Cuando el atractivo Adam
se encuentra a merced de la decidida Lilah, estallan irresistibles fuegos
artificiales. De la trilogía Texas!, con
atractivos y tozudos texanos que encuentran el amor cuando menos se lo esperan,
destacaría Texas! Lucky (1990) y Texas! Sage (1991).
Dentro de los thrillers
sobresalen: Breath of Scandal (El sabor
del escándalo, 1991), una historia de venganza en la que sufres por la
heroína hasta que ella demuestra ser más lista que todos los malos; The Witness (Testigo, 1995) mantiene la
tensión, a pesar de incluir un hombre herido y un bebé, y Envy (2001) tiene uno de
esos finales en que, cuando todo parece perdido, da un giro y deseas aplaudir gritando
“¡Bravo!”.
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| Rainwater (2009), portada de Pocket Books, 2010. |
Una novela
totalmente diferente es Rainwater
(2009) ambientada en la Texas
de la Gran Depresión,
que ni es un thriller romántico ni hay sexo explícito, sino más bien en una
línea “entrañable y conmovedora” pero en un medio bastante duro.
Hasta aquí,
las novelas más apreciadas por el público. En mi lista de favoritos
estrictamente personal y que, por lo tanto, podrían no ser del gusto de todos, merecen
un 10: French Silk (Sedas de Francia,
1992), Where There's Smoke (Cuando el río
suena…, 1993), Exclusive (La
exclusiva, 1996) y Lethal (2011), posiblemente la mejor
Sandra Brown.
Fue la primera
escritora de novela romántica de la que decidí leer todo. Sí, ha tenido
patinazos; muchas de sus novelitas ochenteras son “sólo aptas para fans”. Pero
si no hubiera novelas malas, ¿cómo podríamos saber que otra es realmente buena?
Y cuando Sandra Brown acierta, es magnífica.
Resumiendo, el
top ten de Sandra Brown podría muy bien ser el siguiente:
- Mirror Image / Imagen en el espejo (1990, suspense)
- Slow Heat in Heaven / Odio en el paraíso (1988, suspense)
- Lethal (2011, suspense)
- Sunset Embrace / Un largo atardecer (1985, histórica/Oeste)
- Texas! Chase (1991, genérica/contemporánea)
- A Whole New Light (1989, genérica/contemporánea)
- Rainwater (2009, histórica/1930)
- Another Dawn / Un nuevo amanecer (1985, histórica/Oeste)
- French Silk / Sedas de Francia (1992, suspense)
- Hidden Fires / Anhelos ocultos (1982, histórica/Oeste)
Os añado
enlace a su página web
y a su ficha en Fiction Data Base, más que nada para que veáis, en orden cronológico, sus distintas novelas.








