domingo, 26 de febrero de 2017

Crítica: “Cuando llegue el mañana”, de Sandra Brown



Tópico harlequinero: segunda oportunidad en el amor / adulterio.
Agosto 1998,  Mira



DATOS GENERALES
Título original: Tomorrow’s Promise
Subgénero: contemporánea/Genérica
Fecha de publicación original en inglés: abril de 1983
Serie: Harlequin American Romance (HAR) – 1 / Harlequin Love Affair (HLA) - 9

SINOPSIS (según Good Reads
¿Pueden los fantasmas del pasado destruir el mañana?
Cuando subió al avión, Keely no podía sospechar que su atractivo vecino de asiento, el diputado Dax Deveraux, llegaría a representar para ella.
Llevaba años sin saber de su marido, pero se negaba a aceptar que, a pesar del tiempo transcurrido sin tener noticias, Mark hubiera sido víctima de aquella horrible guerra. Sin embargo, su inevitable relación con el dinámico político le obligó a elegir entre sus principios... y su corazón.
¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
No, la verdad, pero es una de mis favoritas de las novelitas estas tipo harlequín que Sandra Brown escribió en los años ochenta.

CRÍTICA
Fue la primera novela de la línea “American Romance” de Harlequin, que pretendía hablar de la vida cotidiana de mujeres estadounidenses, y tratar temas más actuales.
Aunque es de 1983, yo no la leí hasta finales de los noventa, y me gustó. La releí hace pocos años para hacer una crítica que publicó El rincón de la novela romántica, y seguía pareciéndome buena.
Cuando la he vuelto a leer ahora, para hablar en este mi blog, continúa resultando estupenda. El conflicto sigue siendo potente y el protagonista un cielo: encantador, guapo, poco avasallador y bastante respetuoso.
En tiempos de su publicación, la guerra de Vietnam era todavía una cosa reciente. Había terminado hacía pocos años. Aún quedaban más de dos mil los soldados “desaparecidos en combate” (los MIA Missing In Action), de los que no se sabía si estaban heridos, capturados o muertos.
Keely, la protagonista, es portavoz de una organización de familiares de desaparecidos. Acude a Washington, D. C., para hablar ante un comité del Congreso con la intención de que no se apruebe una determinada ley.
En el avión, las turbulencias le dan cierto terror, así que otro viajero la tranquiliza. Es el atractivo Dax Deveraux, un congresista de Luisiana, uno de esos solteros codiciados. Hablan y surge la chispa entre ellos. Dax no puede evitar pensar en ella eróticamente pero al menos tiene la buena educación de sentirse culpable, porque está claro que ella no busca ningún lío. Cuando él le propone ir a tomar algo, ella le explica que no puede porque está casada.
Sí, en efecto. En 1969, a su novio del instituto lo llamaron a filas. Se casaron y, después de tres semanas de convivencia, él se marchó a la guerra. De donde todavía no ha vuelto. Missing in Action.
Keely acabó la universidad. Trabaja de periodista en una cadena de radio, informando del estado del tráfico. Como todas las heroínas de Sandra Brown, es una repulida perfecta: elegante, con buena educación, suave acento sureño, nunca pierde los nervios,… con lo cual, es perfecta como portavoz. Sabe hablar y da una imagen estupenda.
Cuál no será su sorpresa cuando ve que entre los congresistas del comité, está el sexy Deveraux.
Doce años en dique seco son muchos años. Cada vez es más borroso su recuerdo de aquel primer amor. Parece lógico que tarde o temprano conozca a un hombre que le haga sentir interés (por su compañía) y deseo (por su cuerpo).
Es lo que le ocurre cuando conoce a Dax: atracción inmediata e intensa… Es un típico hombre sureño de Sandra Brown: moreno, seductor y apasionado. En este caso en el subtipo “criollo de Luisiana” de ancestros franceses y plantación a orillas del Misisipi. Te explicas perfectamente por qué Keely se enamora de su sonrisa irresistible. Quizá sea un poco más difícil saber qué ve él en ella.
La cosa es que los dos luchan contra ese sentimiento. Heroicamente.
Hasta que le den pruebas de que su marido está muerto, Keely lo considera vivo y por tanto ella es una mujer casada. Además, está el detalle de que no quiere perjudicar a su organización con un comportamiento inmoral.
Por su parte, Dax se va a presentar a senador, y un lío con una mujer casada sería letal para su carrera política. El papel que le toca desempeñar en esta historia es difícil: por un lado, tiene que mostrar que está enamorado y que es un hombre apasionado pero, por otro, no puede faltar al respeto al marido ausente.
El adulterio no es tema fácil en novela romántica. Cuando aparece, el autor suele “justificarlo” un poco haciendo del cónyuge alguien reprobable, cruel o maltratador. Aquí no hay nada de eso, Keely ama a su marido o, al menos, a aquel joven que era cuando marchó a Vietnam.
Pero las cosas son como son en romántica, y esto podría subtitularse “cómo lanzarse al adulterio sin dejar de ser una señora”. Porque sí, las protagonistas de Sandra Brown mantienen la elegancia hasta cuando retozan entre las sábanas.
La novela se centra en la relación amorosa y, de trasfondo, el problema humano de los desaparecidos. No profundiza ni intenta justificar (o criticar) la actuación de EE. UU. en Vietnam. Por eso es creíble, ya que la situación puede darse en cualquier guerra, en cualquier época.
Si te metes en la historia, a poco emotiva que seas, puedes llorar o reír, especialmente en momentos conmovedores relacionados con los soldados desaparecidos. ¿Os podéis creer que he vuelto a mojar la pestaña, cuando es la tercera o cuarta vez que la leo y sé perfectamente lo que ocurre? Es que cuando ves una escena tan auténtica,… de la que no puedo hablar porque está bien avanzado el libro y sería destripar las cosas… Snif.
Tiene secundarios simpáticos, incluida Nicole, colega y mejor amiga de Keely, prototipo de mujer liberada setentera (antes del SIDA y todo eso), divertida y bastante cínica. No me importaría nada tener una amiga así.
Me parece una de las mejores novelas románticas cortas que escribió Sandra Brown en los ochenta. Ha resistido muy bien el paso del tiempo, consiguiendo atrapar tu atención de principio a fin.
La leía y me preguntaba el porqué. Creo que se debe a que sabe mantener muy bien la tensión sexual no resuelta a lo largo de páginas y páginas.
Y eso es gracias a que el conflicto resulta verosímil. Es muy difícil encontrar un motivo razonable, hoy en día, para que en una novela contemporánea, dos personas no puedan estar juntas. Quiero decir que ahora que todos pueden casarse, o tener relaciones sexuales sin problemas, ¿dónde está el conflicto, externo o interno, que sea plausible?
El que uno de los enamorados esté casado con otra persona sí que parece razón suficiente.
Por lo demás, tampoco le perjudica a la novela un protagonista del tipo “sexy sureño”: un criollo de sonrisa encantadora que, a pesar de ser de los ochenta, no avasalle. Dax Deveraux, un nombre que se te queda en la memoria.

Valoración personal: buena, 4

Se la recomendaría a: los aficionados a las novelas sencillas pero sexis y con toque dramático.

Otras críticas de la novela:
En español, hay dos críticas en El Rincón de la Novela Romántica, entre ellas una que hice hace unos añitos.
Como curiosidad, en el blog Mis romances encontrados incluyen a esta novela en su Top 10 de “libros románticos que mandaría si fuera profesora”. Ella se rió con lo del avión. No sería lo que yo destacaría de este libro, la verdad, y viendo los otros que selecciona, me pregunto si realmente hemos encontrado lo mismo en este libro.
Ya he dicho que de estas cosas viejunas no suelo encontrar otra cosa más que Good Reads, así que os dejo enlace a esa página
Si alguien conoce otra crítica, en español o inglés, de esta novela, as per usual, siéntase libre de ligarla abajo.

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