viernes, 4 de marzo de 2016

Crítica: "Amor verdadero y otros desastres", de Rachel Gibson



Rachel Gibson es una de mis favoritas, y suele cumplir hasta en estas novelas más normalitas. 
Diseño de la colección y maquetación
de cubierta: Javier Perea Unceta
Ilustración de cubierta y rótulos:
Calderón Studio

DATOS GENERALES

Título original: True Love and Other Disasters
Fecha de publicación original en inglés: 2009
Subgénero: contemporánea


Publicación en España: ediciones Pàmies, octubre de 2012
Traductora: María-José Losada Rey

Parte de una serie: 4.º de los Chinook

SINOPSIS (de la contraportada)

La vida de Faith va de desastre en desastre cuando su anciano y millonario esposo, Virgil Duffy, muere repentinamente dejándole en herencia el equipo de hockey de los Chinooks de Seattle. Ella no tiene ni idea de cómo gestionar el club y su hijastro está dispuesto a todo para arrebatarle la propiedad del equipo. Y, por si eso fuera poco, tendrá que enfrentarse al capitán del mismo, Ty Savage.

La existencia de Ty se centra en una sola cosa: ganar la Stanley Cup. Para ello tiene que conseguir que la conejita de Playboy, que es ahora la propietaria de los Chinooks, deje de meter la pata y de convertir su vida en un perpetuo desastre.

Pero lo peor de todo ocurre cuando Ty y Faith comienzan, sin saber muy bien cómo, una relación que también parece abocada al desastre porque, ¿qué puede ser peor que enamorarse de la persona inadecuada?

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
Nope.
La he leído porque Rachel Gibson es una de mis escritoras favoritas. Esta es una de sus novelas que no fue recordada a la hora de votar premios. Las críticas que recibió en su momento fueron “mixtas”, o sea, hay gente a quien le gustó y a otros no le acabó de convencer.

CRÍTICA

Si recordáis, la primera novela de Rachel Gibson, Simplemente irresistible, comenzaba cuando una encantadora joven sureña huía de su boda con Virgil Duffy, el anciano propietario de los Chinooks de Seattle, el equipo de hockey sobre hielo que es, más o menos, el hilo conductor de la serie.

Pues bien, el señor Virgil Duffy se ve que no cejó en su empeño de procurarse una joven despampanante como esposa trofeo, y la halló en Las Vegas, en la persona de Faith. Una nativa de esa ciudad, ha trabajado de stripper y luego pasó a ser conejita de Plaboy. Consiguió ser la Playmate del Año. Una chica espectacular que adornaba muy bien el brazo del viejo Virgil, y que supo adaptarse a un medio más conservador.

Sólo que ahora Virgil ha muerto y además de dinero, le ha dejado el equipo de hockey sobre hielo, un deporte del que ella no tiene la menor idea. Y se nota. Están en los play-offs para conseguir la Copa Stanley, que deduzco yo que debe ser como la Champions del hockey norteamericano (USA-Canadá). Cualquier incertidumbre respecto al equipo, llega en mal momento, porque todos, el staff técnico y los jugadores, deberían centrarse en el juego, y no en quién es el dueño del equipo. Faith duda, parece que se lo va a vender a su hijastro, un cretino de cuidado, el malo de la película, pero luego al final se queda con él e intenta hacerlo lo mejor posible.

Insisto: Faith fue stripper y conejita playboy, y sus fotos eróticas las han visto millones de estadounidenses. Luego, es verdad, se puso en plan esposa modosita y convencional. Ahora no puede volver atrás, ya no es ninguna de esas dos cosas, pero todavía no sabe quién es ahora. Y el libro explora un poco, aunque no demasiado, cómo se va descubriendo a sí misma, quién es Faith Duffy como mujer madura.

Ty ha reemplazado al antiguo capitán, Mark Bressler, que ha quedado destrozado tras un accidente de tráfico. Por cierto, que él protagoniza el siguiente libro de los Chinooks, Nada más que problemas.

Por su parte, Ty Savage (pronúnciese a la francesa sauvage [sovaʒ], y no a la inglesa [ˈsævɪdʒ]) es un canadiense que ha dejado su país y su equipo de toda la vida, por así decirlo, por tener una oportunidad real de ganar la copa Stanley. Eso hace que le llamen traidor, lo consideren persona non grata y todo eso, empezando por su padre, un jugador de hockey legendario. Es su objetivo en la vida, y no va a permitir que la nueva dueña los avergüence y desequilibre. Tampoco va a tirar su carrera por la borda por mucho que fantasee con esta mujer. Es digamos tu deportista estándar de romántica: un tipo duro, más macho que machista, y que no se calienta la cabeza con cosas complicadas. Habla como un hombre, con sus tacos y sus groserías, y en el terreno de juego, si tiene que partirle la cara a alguien o cagarse en sus muertos, lo hace. Debe ser que los del hockey son más como los futbolistas que los rugbiers.

Historia contemporánea, con mucha tensión sexual, que luego, bien entrada la novela, se convierto en sexo bastante explícito. Como escribí en otro sitio, “La tensión sexual entre los protas está muy lograda y las escenas amorosas son de alto voltaje.” Y lo remata con un final de esos que me parecieron muy, pero que muy románticos, ¡ay! No puedo contarlo, hay que leerlo.

Personalmente, agradezco a Rachel Gibson que escogiera una heroína que no sea la típica virgen virtuosa, sino una chica con un tipazo al que saca partido. Al fin y al cabo, el marido rico aporta lo que tiene, el dinero y la posición social, mientras que la joven que se casa con él pone lo que es, ella misma. En ese sentido, es más realista que por ejemplo, Tenías que ser tú, de SEP, donde otro bombón hereda un equipo deportivo y ha tenido supuestamente un amante viejo y rico. Rachel Gibson te hace ver que las chicas cañón suelen tener un pasado. Faith reconoce que se casó por dinero, y como ella dice: “No me juzgues sin haber vivido mi vida” (o algo así, cito de memoria).

Leí este libro por vez primera en 2013, de un tirón y me encantó. Entonces le puse un 8/10; hoy quizá se habría quedado en un 3/5, pero en la valoración personal pondré mi sentimiento cuando lo leí la primera vez, creo que es más honesto.

Como no me acordaba de nada, la he releído hace poco y de nuevo me entretuvo muchísimo, ¡y mira que es difícil la relectura en romántica! La leí de un suspiro, porque es de esas que te engancha, no sabes muy bien por qué, y no puedes dejar de leerla hasta el final. Me seguían haciendo gracias ciertas cosas que no recordaba.

La recomiendo si quieres algo contemporánea, sexy y nada complicado. Pasas un buen rato y además no hay nada que rechine, que te saque de la historia, todo fluye con naturalidad y sin aparente esfuerzo. ¡Qué difícil es escribir algo así!

Por supuesto, es una novela imprescindible si –como yo- eres seguidora de Rachel Gibson, porque es muy regular, (casi) siempre satisface si es justo el tipo de novela que te va.

Valoración personal: notable, 4

Se la recomendaría a: los aficionados a la novela contemporánea sexy con humor.

Otras críticas de la novela:

Varias críticas de Amor verdadero y otros desastres encontramos en El Rincón de la novela romántica. 4/5 le dan en Letras, Libros y Más. Leyendo Ando le desilusionó, le puso 2 estrellas.

En inglés, 4 ½ estrellas le dan en RT Book Reviews. En All About Romance, una B. Read in a single sitting 2 ½ estrellas hubo cosas que no funcionaron para ella, aunque reconoce que también había momentos buenos. 

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