martes, 26 de marzo de 2019

Cosas feas que pasan por ahí (3) #RitaSoWhite


El lío padre.

La blogosfera romántica anda revuelta a cuenta de los finalistas de los premios RITA.

La polémica, este año, viene por un retroceso en el número de finalistas con autores «de color». Y, de rondón por la escasa diversidad, la falta de orientaciones sexuales no heteros.

Romance Novels for Feminists ha hecho un post analizando las estadísticas.  Por un lado dice que el porcentaje de gente color en los finalistas es del 3 %, mientras que según el censo, suponen el 40,9 % de la población. Es una diferencia muy grande, ¿verdad?

Enseguida se ha liado en Twitter diciendo que son unos racistas. No mejoró las cosas que una autora dijera que era un problema de calidad, que lo que tienen que hacer estas autoras es escribir mejores novelas. Y otra que hablara de linchamiento.

El hastag #RitaSoWhite corre por la red. Luego se han producido bloqueos. No conozco lo suficientemente bien a las personas implicadas para saber quién bloquea a quién. Pero, al parecer, hay alguna autora que ha bloqueado a autoras de color y escritorxs queer que nunca han hablado con ella, por haber usado ese hastag.

Y hay quien, ante el follón, ha retirado su libro de las finalistas. Luego lo menciono.

La cosa es que el patio anda muy alterado. Y eso me da lugar a una de mis elucubraciones.

Racismo.

A mí esa lista de finalistas me canta La Traviata, sinceramente. Cuando hay un sesgo tan marcado de etnicidad, la discriminación se presume. Si no es por racismo, que den una explicación razonable. O una explicación, al menos.

Si algo suena racista/sexista/homófobo… probablemente lo sea, así que, convénceme de que no es así.

En honor a la verdad, creo que el análisis estadístico de Horne no es del todo preciso, aunque eso no quita el problema del racismo de en medio, todo lo más lo hace un poco más sibilino.

Hasta donde yo sé, y corregidme si me equivoco, se trata de un premio que da la asociación entre sus socias y solo si han presentado su libro como candidato, para lo cual hay que pagar una pasta: 50 dólares para la primera, 75 $ la segunda y 100 $ la tercera.

Por lo tanto, en mi opinión, sería interesante saber cuántas autoras de color hay en la RWA, y cuántos libros escritos por autoras de color se sometieron al concurso. ¿Es posible que no haya muchas autoras de color como miembros de la RWA? ¿El 41 % de las asociadas a la RWA son de color o no?

Quizá el problema está en otro sitio, que habiendo diversidad de origen, no la haya, en cambio, en la presentación de sus libros a concurso. ¿El 41 % de los libros sometidos fueron escritos por autoras de color o no? Aquí podría estar el meollo del asunto. Al parecer para ser juez hay que pagar y votar, de manera que siempre parece que hay minoría de personas de color.

Aunque eso tampoco me lo aclara mucho, porque sería tanto como decir que si eres «de color» no puedes disfrutar de una novela escrita por un «blanco-rosado» y a la inversa.

Ojo, hay que tener en cuenta que en los EE. UU., con esa obsesión por el Pantone de la piel humana, consideran como «de color» a todo el que no sea blanco leche o rosita (supongo que el naranja de su presidente cuenta también como blanco). Y ello incluye el censo, lo cual es de un racismo institucional que te mueres. Según oí a un español residente allí, al parecer los españoles podemos poner Caucasic o Hispanic. Lo que te demuestra el «rigor» (y la gilipollez) del asunto. Yo soy hispana, no tengo nada que ver con el Cáucaso, pero posiblemente mi piel sea más blanca que la de muchos estadounidenses anglos... en invierno, claro, en verano la cosa ya se broncea bastante más.

(Resumo mi opinión: todo esto no tiene la menor lógica desde el punto de vista biológico. Lo he dicho otras veces: no existen las razas, solo una, la humana; el concepto de raza lo han inventado precisamente los racistas).

Pero vamos a entrar en el juego y suponer que existe algo así, llamado «raza», para ellos es «de color» todo el resto del mundo: los de origen asiático, los iberoamericanos, los remotamente africanos… Lo cual me causa risa porque, al fin y al cabo, todos los seres humanos tenemos ancestros africanos, hasta el nórdico más nórdico, es solo que retrocedas suficiente en el tiempo…

Como digo, acepto pulpo como animal de compañía. Vamos a suponer que el censo USA tiene algún fundamento racional. Para ellos, si no eres blanco leche, debes ser de color.

¿Han ganado alguna vez el RITA autoras de color? Pues al parecer solo si eres de la parte «clarita» del Pantone, o sea Courtney Milan, Sherry Thomas o Alexis Daria, moreno pero no mucho… Pero si tu piel es marronácea o más bien tirando a negro zumbón, pues va a ser que no, que lo del RITA mejor lo olvides. Como mucho, te pueden dar uno de esos Premios Nora Roberts a toda una carrera, como le ha ocurrido a Beverly Jenkins.

El 24 de marzo Bronwen Fleetwood @bronniesway escribió un hilo en Twitter analizando datos y concluye que escritores identificados como hombres han ganado más RITA que mujeres negras, Gracias, @AuthorCharish por señalar que la RWA ¡fue fundada por una mujer negra!

Y Carmen Cook @CarmenCook ha sacado un gráfico en que es más probable que ganes el RITA si te llamas Bárbara o Susanne (o una de sus variantes) que si eres APOC (POC o BILOC o cualquiera otra de esas abreviaturas al uso).

Que, por cierto, usar esos términos igual lo desenfoca un poco. Tengo la impresión (y admito que puedo estar equivocada) que a regañadientes, les resulta más fácil aceptar a las escritoras asiático-americanas o a lo que llaman latinos, o de ascendencia del subcontinente indio, que poco a poco se pueden hacer un hueco sin que les moleste demasiado. Nunca las ven como iguales pero más o menos las toleran.

No, el problema gordo –me parece a mí– parece que lo tienen con autoras marrón subido/negras, afroamericanas o como quieras denominarlo. 




No es un problema de calidad.

Hay quien dice que, bueno, son novelas malas. Que las autoras de color tienen que escribir mejor. Vale, de acuerdo. Voy a mirar mi base de datos a ver si es verdad, a ver si entre las mejores novelas del año pasado hay o no novelas de autoras con un color de piel no lechoso.

Ahí van las diez mejores novelas de 2018 de mi lista, que se basa no en mi gusto personal sino en datos objetivos: las escogidas como favoritas del año por muchos blogueros y las que obtuvieron críticas excelentes.

Helen Hoang: The Kiss Quotient / La ecuación del amor (contemporánea)
Alyssa Cole: A Princess in Theory (contemporánea)
Meredith Duran: The Sins of Lord Lockwood (histórica)
KJ Charles: Band Sinister (histórica/LGTB)
Alyssa Cole: A Duke by Default (contemporánea)
Roni Loren: The Ones Who Got Away (contemporánea)
Sherry Thomas: The Hollow of Fear (misterio histórico)
(F) J. T. Geissinger: Melt For You (contemporánea) finalista RITA
Tessa Dare: The governess game (histórica/Regencia)
(F) Kate Clayborn: Luck of the Draw (contemporánea) finalista RITA

Uy, fíjate qué casualidad. Entre ellas hay una novela LGBT, lo que coincide con la estadística que calcula en un 10 % más o menos la población gay de cualquier colectivo. Y hay cuatro novelas escritas por personas que allí consideran «de color»: Hoang, Cole y Thomas; de nuevo, clavan la estadística, oye, que la gente «de color» son un 40 % del censo. Ni haciéndolo adrede cuadra mejor.

Me da a mí que no va a ser cosa de baja calidad, fíjate tú.

Hasta el NY Times se ha hecho eco de que la cara del romance está cambiando. Hay diversidad en novelas muy populares. Sin forzar nada, sin cuotas, solo atendiendo al mercado.

Mis finalistas.

De todas las finalistas del RITA este año, muy poquitas son novelas realmente apreciadas. De entre las casi 80 más valoradas, según mi base de datos, solo serían dignas finalistas, además de Melt for you y Luck of the draw, las siguientes:

A duke in the night, de Kelly Bowen.
Consumed, de J. R. Ward.
Best of luck, de Kate Clayborn.
Bellewether, de Susanne Kearsley (que ha retirado la novela, por cierto)
A wicked kind of husband, de Mia Vincy.
Dearest Ivie, de J. R. Ward.

El resto, queridas juezas de RWA, si me he de fiar de lo que dicen otros blogueros y páginas de romántica, sobran. Me parece a mí (es solo una opinión) que no dan la talla para ser finalistas del RITA. Es verdad que mi base de datos tienen un poco de sesgo de origen. No sigo a nadie a quien le dé por las novelas cristianas, por ejemplo.

Ya os oigo decir que una cosa es que las novelas sean populares y otras que estén bien escritas o constituyan la excelencia en el género. A ver cómo os lo digo sin ofender,... Esto es ficción comercial, no literatura. No estáis juzgando el Nobel. El hecho de que a mucha gente le guste una novela es ya, de por sí, un punto a su favor de que cumple con la finalidad propia de una novela romántica.

Así que he decidido hacer la lista paralela, la de las finalistas que debieron ser, y no las que escogieron los jueces o juezas del RITA:
Best First Book
The Kiss quotient, de Helen Hoang.
The duke I tempted, de Scarlett Peckham
The wedding date, de Jasmine Guillory
The wolf at the door, de Charlie Adhara
A Wicked Kind of Husband, de Mia Vincy

Como veis, sin forzar, me salen una gay y dos de autoras de color.

Contemporary Romance: Long / Mid-Length / Short

Aquí, como no me voy a poner a mirar el número de páginas o palabras de cada una de las novelas, junto tres categorías en una sola, y lanzo acá todas las 27 mejores contemporáneas del año pasado.

Helen Hoang: The Kiss Quotient / La ecuación del amor
Alyssa Cole: A Princess in Theory
Alyssa Cole: A Duke by Default
Roni Loren: The Ones Who Got Away
(F) J. T. Geissinger: Melt For You
(F) Kate Clayborn: Luck of the Draw
Christina Lauren: Josh + Hazel’s guide to not dating
Talia Hibbert: A Girl Like Her
Jenny Holiday: One and Only
(F) Kate Clayborn: Best of luck
Jackie Lau: Mr. Hotshot CEO
Jasmine Guillory: The Proposal
Suleikha Snyder: Tikka Chance on Me
Rebekah Weatherspoon: Rafe
Roni Loren: The One You Can't Forget
Kristen Callihan: Fall
Julie Anne Long: First Time at Firelight Falls
(F) Katee Robert: The Bastard's Bargain (también vale como suspense)
Talia Hibbert: Wanna Bet?
Emma Chase: Getting schooled
Mia Hopkins: Thirsty
Roan Parrish: Riven
Alexa Martin: Intercepted
Jasmine Guillory: The Wedding Date
Shelly Laurenston: Hot and badgered
Colleen Hoover: All Your Perfects
Penny Reid: Dr. Strange Beard

No conozco los intríngulis del censo estadounidense, pero a juzgar por las fotos, calculo que, de estas 27 novelas, al menos diez son escritas por autoras no blanquitas… O sea,… Vaya, otra vez el 40 %... Fíjate tú. ¡Coincide con el porcentaje de AOC en el censo…! Tengo la impresión de que las autoras de color, al menos contemporánea saben escribir…

Erotic Romance

Aquí, lamentablemente, no tengo datos suficientes. Las únicas eróticas que he encontrado con alguna buena puntuación, de 2018, son The chateau de Tiffany Reisz y Her claim de Rebecca Grace Allen. Creo que ninguna es «de color», pero tampoco aparecen entre las finalistas, así que,… Bueno, Reisz sí pero con otra novela.

Historical Romance: Long & Short


De nuevo, como no me voy a poner a contar palabras, aquí dejo las diez novelas históricas que mejor puntuación tienen en mi base de datos.

Meredith Duran: The Sins of Lord Lockwood
KJ Charles: Band Sinister
Tessa Dare: The governess game
Lisa Kleypas: Hello, stranger / Como dos extraños
(F) Kelly Bowen: A duke in the night
Beverly Jenkins: Tempest
Scarlett Peckham: The duke I tempted
KJ Charles: The Henchmen of Zenda
Sarah MacLean: Wicked and the Wallflower
Kerrigan Byrne: The Duke with the Dragon Tattoo

De acuerdo, aquí solo hay una autora de color, que yo sepa, Beverly Jenkins. Baja la estadística hasta el 10 %. Vale, pero es que con protas LGTB tenemos dos… Y, por otro lado, novelas sobresalientes de autoras consolidadas como Duran, Dare, Kleypas o MacLean, tampoco han entrado.  Lo cual me hace preguntarme,… de verdad, ¿tienen estos jueces idea de lo que es una buena novela histórica romántica…? ¿Tanta divergencia hay entre lo que ellos consideran "bueno" y lo que es popular? 
¿A los lectores de romántica nos van, precisamente, las novelas bodrios mal escritas...? 
😕Me pregunto. 
Porque realmente solo una de las finalistas ha sido apreciada, A duke in the night, de Bowen.

Mainstream Fiction with a Central Romance

Aqui tengo mis dudas porque no tengo claro el tipo de libro que metería. Es posible que sea la categoría adecuada para Sherry Thomas y su obra The Hollow of Fear (misterio histórico), así como Lauren Willig y The English Wife (ficción histórica). Aquí sí estaba como finalista una de las mejores del año, Bellewether, de Susanna Kearsley. De estas tres novelas, ya se ve, una autora sí que es «de color».

Paranormal Romance

Suponiendo que en esta categoría entre también la fantasia, la urban fantasy y esas cosas, las mejores son las siguientes:

Grace Draven: Phoenix unbound (paranormal)
Ilona Andrews: Magic triumphs (urban fantasy)
Lee Welch: Salt Magic, Skin Magic (fantasía/LGBT)
Ilona Andrews: Diamond Fire (urban fantasy)
Simone St. James: The Broken Girls (paranormal)
Ilona Andrews: Iron and Magic (fantasía)
Naomi Novik: Spinning Silver (fantasía)

No sé cómo califica la oficina del censo estadounidense a gente de ascendencia judía lituana como Novik o una rusa como la mitad femenina de Ilona Andrews. Por otro lado, Lee Welsh es neozelandesa, y no tengo ni idea de si tendrá algún antepasado maorí… De ser así, ¿entraría o no en la sección «de color»?

De nuevo al menos una obra es gay y en cuanto al resto, depende de cómo se tomen, si el anglo medio considera a eslavos o judíos como sus iguales, o también para ellos hay racismo, como en los tiempos nazis.

Romance Novella

Esta es una categoría de la que no tengo datos recopilados, sorry, así que quitando Tikka chance on me de Suleikha Snyder, que sé que es más bien cortita, no sabría muy bien decir qué otros cuentos deberían estar incluidos.

Romance with Religious or Spiritual Elements

Otra categoría en la que no sé cuales son las mejores del año, ya que los blogs y páginas que yo consulto no suelen dedicarse a este subgénero. (No lo echo en falta, la verdad).
Aún así, en mi base de datos encuentro cuatro novelas cristianas de 2018 destacadas:

Karen Witemeyer: More Than Meets the Eye
Elizabeth Camden: A Daring Venture
Sarah E. Ladd: The Weaver's Daughter
(F) Carla Laureano: The Saturday night supper club

Aquí olvidaos de encontrar diversidad. La única duda que tengo es con Carla Laureano, porque con ese apellido, y nacida en Colorado, puede perfectamente ser una persona de origen hispano, de cuando Colorado era mejicano. Pero vamos, que no tengo ni idea.

Romantic Suspense


(F) Katee Robert: The Bastard's Bargain
(F) J. R. Ward: Consumed
Charlie Adhara: The Wolf at the Door
(F) Susanna Kearsley: Bellewether
Dal Maclean: Object of Desire
Charlie Adhara: The Wolf at Bay
Cordelia Kingsbridge: One-Eyed Royals

Esta sería (teóricamente) la categoría más atinada a la hora de identificar las mejores de suspense de 2018. De siete, tres sí que están nominadas, aunque el de Bellewether más que como misterio histórico, estaba en la categoría mainstream con elementos románticos. Y digo «estaba» porque, a la vista de la zapatiesta, Susanna Kearsley ha decidido retirarse de los premios.
En fin, de esas siete novelas de suspense o misterio histórico, en tema diversidad llama la atención que tres son de suspense gay.
Así que no habría aquí diversidad étnica, pero sí de orientación sexual de los protagonistas del libro. Menos es nada.

Young Adult Romance

Ninguna de las tres finalistas juveniles han tenido críticas destacadas, al menos de las que yo consulto. ¿Cuáles serían las tres juveniles, de verdad, que –en mi opinión y según mis datos– deberían estar ahí…?

Justina Ireland: Dread Nation
Mackenzi Lee: The Lady's Guide to Petticoats and Piracy
Sandhya Menon: From Twinkle, with Love

Sí, según las fotos, dos personas de color y una blanquita
Acabo aquí con mi lista alternativa a los RITA de las mejores novelas románticas del año pasado.

Declaración del consejo de la RWA.

Al final, el propio consejo que dirige la RWA ha hecho una declaración, diciendo que aunque están contentos por las finalistas, no pueden ignorar la falta de representatividad. Se disculpa ante sus «miembros de color y LGBTQ+» por ponerles en una situación en la que se sienten no queridos ni escuchados.

Luego dicen que no pueden deshacer el daño infligido este año, pero admiten que hay un serio problema con el sesgo lector al juzgar los RITA. Esto se debe, creen ellos, a la ronda preliminar.

Quieren cambiarlo para el año que viene, y aceptan sugerencias.

Conclusión.

Si comparo la lista de los finalistas RITA de este año con mi lista ideal, esa que resulta de leerme cientos de críticas concluyo que no, no en todas las categorías hay siempre gente diversa. Y sí, también se han olvidado de buenas novelas escritas por personas tirando a blancas. 

Muchas de estas obras que menciono como las mejores de 2018 posiblemente no se han sometido al juicio de los RITA. (Actualización a las 17:08: Hoang ha dicho en un tuit que ella no sometió al concurso TKQ «Hasta que no se arregle el proceso de enjuiciamiento y haya ganado este premio un autor negro, ser finalista/ganador de un RITA no es algo que yo quiera en mi biografía. Mis disculpas a todos aquellos que han ganado o sido finalistas, pero este concurso no es imparcial».

Vale.

Pero con todas esas advertencias y demás caveats, aun así, esta lista mía, que ha cogido más o menos los 80 libros que el año pasado tuvieron mejores críticas, es mucho más diversa que la verdadera. Hay más obras gais (ninguna lesbi, es cierto) y unas cuantas de autoras cuya piel no es blanco nuclear. ¿El 40 %? A veces sí, o igual en total se queda en «solo» un tercio de la lista. Pero si se tiene en cuenta que la lista verdadera tiene un 3 %, la verdad es que quedarse en el 33 % supone diez veces más representatividad.

Yo no soy de las que lee diverso solo por la diversidad. No me leo algo simplemente porque tenga trama gay o el autor sea «de color», además pido que sea bueno para invertir mi tiempo y mi dinero. A veces hago esfuerzos, pero lo dejo al cabo de un tiempo si no hay chicha que me retenga (es lo que me está pasando con las novelas lesbis). Hay novelas diversas que no me gustan nada, otras que no me interesan por su tufillo conservador y a incienso de iglesia... 

Pero, ¿sabéis qué? La cosa es que también hay novelas diversas buenas, sobresalientes, y el problema que tiene esta gente, a mi modo de ver, es que no son capaces de encontrarlas, no son capaces de verlas, tienen una ceguera al mérito que no veas.

El problema no es que las mujeres «de color» escriban novelas malas (que las habrá, el 90 % seguro que son pestiños,... como el 90 % de cualquier otro género escrito por cualquier otro autor, sea el color de su piel el que sea, la ley de Sturgeon y tal). El problema es de un sistema de jurado que es incapaz de encontrar el 10 % bueno.

Mi conclusión, después de analizar qué novelas son finalistas, en comparación con las novelas verdaderamente valoradas el año pasado es que, efectivamente, hay un racismo estructural, si quieres, automático, que los europeos por ejemplo, no solemos tener. Como suelo decir, tan ajena nos resulta una «blanca» de Wisconsin que una «negra» del Bronx. Ojo, que Europa no es Jauja y aquí también tenemos nuestros ultraderechistas, pero lo que se da más bien es la xenofobia. No un racismo tan institucionalizado como en los EE. UU., que hasta te lo encuentras en el censo.


Oye, si hay otra explicación y mi análisis es totalmente sesgado, me lo decís. Con confianza. Al fin y al cabo estoy hablando de una realidad de otro país cuyos matices se me escapan por completo.


Aunque,... ¿de verdad nos es tan ajeno? No inflemos el pecho practicando el deporte favorito de los europeos, que es sentirse moral y culturalmente superiores a los estadounidenses. No. En España sí se puede encontrar racismo, por ejemplo, con los gitanos. ¿Sabéis cuántos hay en España? 

Unos 750.000,... menos del 2 % de la población. Si un 40 % de la población fuera gitana, ¡anda que no seríamos racistas...! Creo que serían millones los que apoyaran el uso de arma de fuego «para defendernos» y votarían más conservador. Así que no nos creamos superiores ni pensemos que no tenemos un problema. Lo tenemos, cada cual, en nuestro contexto.

Tiene que servirnos para reflexionar y ver cómo puede apreciarse o valorarse el mérito objetivamente, en cualquier aspecto de la vida. Porque si vives en una cultura racista/machista/homófoba, tus comportamientos automáticos van a serlo también, tu actuación por defecto, y es algo con lo que tienes que luchar conscientemente, cada día, contra los macro y micromachismos, racismos, etc. de la vida cotidiana. Lo peor es intentar negarlo. Es entonces cuando la discriminación ya ha ganado.

Un cordial saludo a tod@s.

P.D.: Para saber más, The Guardian ha publicado este artículo.

Actualizo 28/03/2019 por incluir nada más que dos referencias adicionales:

Jessica Pryda: RITAS so white...again, que además nos cuenta qué autoras de color han participado en el concurso, como Snyder or Weatherspoon.

Y ahí me entero de un poco de estadística respecto a la diversidad en el romance.

29/3/2019: Cherry Adair, que iba a recibir el Premio a toda una vida, el Nora Roberts, ha retirado su candidatura después de un comentario poco afortunado en Twitter (que ya retiró) más o menos diciendo que los que no estaban de acuerdo con ella era un linchamiento. Entiende que su actitud ha perjudicado a la organización, etc. Vaya culebrón.

4/4/2019. Veo que The Guardian ha publicado un artículo «Fifty shades of white: the long fight against racism in romance novels»; topicazo en el título, pero bueno, lo que cuenta es interesante...

8 comentarios:

  1. Estaba esperando este post porque sabía que ibas a hacer una reflexión sobre esto. La verdad es que desconocía el sistema de elección de los RITA hasta que comenzamos con los retos, y me quedé bastante sorprendida y no de modo favorable. Partiendo de la base de que hay que ser socia, pagar y presentar, y ya de ahí un jurado elige no veo que se pueda premiar a los mejores libros. También me quedé a cuadros viendo que Beverly Jenkins tenga el premio a toda su carrera y ni un solo RITA. Realmente se les ve muchísimo el plumero, no hay nada más que ver las listas que has hecho para ver que sí se hace buena literatura en otros grupos menos blancos (es que no sé ni cómo decirlo), lo que pasa es que ya se le ponen barreras desde el principio para que puedan optar a los premios. Si, además, por solidaridad/descrédito de la institución no se presentan otras grandes escritoras, los premios quedan totalmente desacreditados, al menos para mí.
    Estupendo análisis, Bona, voy a compartirlo por redes sociales, si no te importa.
    Besotes!

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    1. A mí me quedan muchas dudas. El sistema es un poco complicado. Me lo han explicado, con paciencia, pero no creo haberlo entendido por completo. Una de las cosas que más me llaman la atención es que los jueces son los mismos escritores, pero de otros géneros distintos al suyo. O sea, Kleypas por ejemplo no puede votar histórica y sí paranormal.

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  2. ¡No tenía ni idea de todo esto! Lo cierto es que no estoy nada puesta en los entresijos (?) de la literatura romántica y agradezco estas entradas que me permiten saber un poco más de este mundillo.

    Saludos!

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    1. Pues me alegro de que te guste. La verdad es que yo tampoco sé demasiado, solo son cosas que pasan en la industria romántica allá afuera y que me llaman la atención y me sirven para reflexionar sobre este mundillo de la novela romántica. Claro que yo empiezo pensando por ahí y acabo hablando de la discriminación en general...

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  3. Es muy interesante y muy ilustrativa la exposición y, aunque se sobreentiende que los premios son representativos hasta cierto punto, sigue siendo injusto. Ya al margen de gustos y criterios, las nominaciones suponen visibilidad, nuevas lectoras... Marginar a toda esa inmensa minoría (aún sigo flipando con los criterios del censo de los Estados Unidos) es, además de injusto, un grave perjuicio y no solo no ayuda a derribar barreras, sino que las consolida.
    Como dices, aquí no tenemos ese problema (tenemos otros), pero me ha recordado cierta polémica que vuelve periódicamente, sobre todo en el ámbito de la literatura juvenil, acerca de la inclusión de personajes LGTB en las novelas y los autores que alegan no sentirse cómodos escribiendo sobre algo que no conocen o que no consideran necesario… No es exactamente lo mismo, pero tiene que ver con tu reflexión final y con esos arquetipos que tenemos tan interiorizados que ni siquiera somos conscientes de ello. Ponerlo de manifiesto es un primer paso, así que espero que el revuelo consiga sacarle los colores a los Premios RITA y que los demás también nos apliquemos el cuento. Seguro que ganamos todos.

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    1. Sí, en materia de premios literarios, es cierto que hay que cogerlos siempre con la debida prevención.

      Soy la primera en reconocer que criticar a los demás es fácil, y que nosotros también podemos caer en lo mismo.

      A mí este lío me ha hecho pensar bastante. Por ejemplo, ¿he leído alguna vez algún autor gitano? ¿Hay alguna autora —o autor— de romántica en español que sea diverso, inmigrante por ejemplo? De hecho no pude recordar ni un solo escritor gitano, de cualquier género.

      El problema de los RITA es que son un premio de la propia asociación. La RWA es una especie de sindicato con personas de todos los colores, y tengo entendido (porque las propias afectadas lo dicen) que hacen una gran labor profesional, se apoyan entre ellos, hacen talleres, se leen unos a otros, enseñan como va la industria,... o sea, en general hacen una labor estupenda entre los escritores de romántica... Pero en esto de sus premios anuales, que es una de las cosas que más visibilidad les da, están discriminando a parte de sus propios asociados año tras año.

      ¡En una aociación que tuvo a una mujer negra como una de sus cofundadoras...!

      Esa es, creo yo, la mayor incomodidad. Si un jurado de expertos de un periódico, por ejemplo, escoge la novela del año, te podrá gustar más o menos, y puedes decir ya están estos letraheridos escogiendo pestiños...

      La RWA es como la Academia de Hollywwod, son ellos mismos quienes se valoran y aplauden, quienes tienen que pagar para entrar en el concurso y valorar una serie de libros de categorías diferentes a las que ellos se presentan... No es de extrañar que autoras consagradas como Beverly Jenkins, por ejemplo, no haya presentado su novela de este año, a pesar de las buenas críticas, porque sabe que no la van a votar. Y eso, para alguien con tantísimos años de trabajo a sus espaldas, tiene que ser bastante humillante.

      Yo también confío que les sirva para ponerse las pilas como asociación y ver que hay algo que no está funcionando bien para parte de sus asociados.

      No sabía yo esa polémica de la novela juvenil. Mi opinión es que si el escritor no está cómodo escribiendo, posiblemente el lector también lo esté leyendo, mejor no meterse en camisas de once varas. Y dejar que escriban los autores que sí conozcan el tema; a mí la forma en que Brockmann metió el personaje de Jules en su serie Troubleshooters me pareció absolutamente ejemplar. No es de extrañar que sea uno de los personajes más queridos y recordados en Romancelandia.

      Claro que ella, sin ser gay tiene un hijo que sí lo es, y lleva años de activismo LGTB a sus espaldas.

      Que esa es otra, me parece estadísticamente difícil que un escritor no conozca a nadie gay, por ejemplo, para preguntarle las dudas que tenga o si ha metido la pata en algo. Al fin y al cabo, la investigación suele formar parte de cualquier proceso creativo. Si un autor mete a un juez o a un médico en su novela, algo tendrá que investigar sobre cómo actúan esas profesiones, ¿no? O una persona que padezca determinada enfermedad, o que haya pasado por un divorcio o cualquier otra cosa que quieras que sean o hayan experimentado tus personajes,... vamos, digo yo, no sé.

      Para mí personalmente como lectora y madre de adolescentes, que haya personajes gais en novela juvenil me parece de lo más lógico, y normal, y preferible. En nuestros institutos hay chicos y chicas gais, lesbianas, y hasta trans, etc... me parece natural que en sus lecturas también.

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    2. Ese es el fondo de la polémica, si tras las alegaciones de desconocimiento no existe una voluntad (más o menos consciente) de marginar al colectivo. Yo entiendo y respeto la libertad de creación del autor frente a otras consideraciones que podríamos llamar políticamente correctas, pero me remito a tu mensaje final: somos el resultado de una cultura y unas ideas preconcebidas y de nosotros depende que cambien o que sigamos perpetuándolas.
      Y sobre los escritores gitanos también me has hecho reflexionar. No se me ocurre ninguno, en cambio autoras románticas en castellano de origen rumano (sin pensar mucho) me vienen a la cabeza cuatro nombres (Ana Draghia, Alina Covalschi, Nadia Noor, Mona Camuari…), y otras muchas latinoamericanas, pero sería incapaz de citarte una sola de origen magrebí. Seguro que tiene que ver con esos factores culturales de los que hablábamos, pero incluso en un tema tan poco trascendente como la novela romántica, no deja de ser significativo. Y en cuanto a diversidad, te recomiendo las cuentas de Twitter de Iria G. Parente y Selene Pascual (@Iriagparente y @SelenePetalos), son autoras de fantasía y romance juvenil muy activas tanto en la defensa del feminismo como visibilidad LGTB.
      Y, por favor, disculpa si me extiendo de más, pero es que me tientas. Besos y gracias por tanto en qué pensar.

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    3. Me apunto los nombres que me das, me parecen sugerencias interesantes. A las hispanoamericanas ya las cuento como de la casa, por descender de los españoles de América y hablar el mismo idioma. Miraré a ver estas escritoras rumanas que mencionas. Y no te cortes en escribir todo lo que quieras, porque siempre son comentarios enriquecedores para todos.

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