Esta es la
última novela que me quedaba pendiente de Latham. En 2014-2015 publicó nueve
novelas, y me quedaba esta, la segunda de las tres de la serie Montana Nights.
Nancylynn
Pruitt, nativa de Marietta (montana) ha tenido éxito en un culebrón televisivo,
con el nombre de Nancy Parsons. Se va a casar con Jared, actor y productor de
éxito.
Su idea
es celebrarlo en el rancho en que ella vivió de pequeña, cuando era una pobre y
estaba enamoriscada del hijo de los dueños, Wyatt Wilder.
Por
cierto, salseo: Wyatt es medio hermano de Gabriel Morales (protagonista de One night with her bachelor, la primera
de la serie Montana Nights)y de Camila
Morales (prota de Taming the legend, cuarta
novela larga de los London Legends).
Nancylynn y Wyatt se conocen de toda la vida, se caían bien y él la cuidaba como si fuera su
hermana. Llega un momento, cuando él tenía 21 años y ella 15, en que ella le
tira los tejos.
Wyatt,
por supuesto, rechazó enrollarse con una niña. Años después, sigue pensando que
hizo lo correcto. Eso sí, entiende que no debió rechazarla de manera un tanto
desabrida.
(No sé
cómo será en EE. UU., pero en España, por si hay alguien despistado, lo digo:
un tipo de 21 años que realiza actos de carácter sexual con una niña de 15 aunque ella consienta libremente, es reo
de agresión sexual).
Con el
tiempo, Nancy adquirió el rancho de los Wilder en una ejecución (hipotecaria o
así, entiendo yo). Con los antiguos dueños las relaciones son buenas. Pero ella
lleva quince años sin verse con Wyatt.
No hay
razón alguna para que sus caminos se crucen, pues Wyatt la evita a ella y a
todo lo que tiene que ver con su boda.
Pero
resulta que las amigas de Nancy le montan una despedida de soltera original,
bajando los rápidos del río Yellowstone. ¿Quién será su guía? Pues uno de los
dueños de la empresa de aventuras, sí, justo él, Wyatt.
Se
reencuentran, se siguen llevando bien y, ahora ya adultos los dos, sienten
chispillas y mariposas en el estómago.
Ahora no
hay problema de edad, ella tiene 29 años y él 35. Pero los separa algo obvio:
que ella está comprometida para casarse con otro, Jared.
Éste
resulta ser un cretino que sabe cebarse en las inseguridades de Nancy. A Wyatt
no le gusta lo que ve. No le dice nada a Nancy que no le hayan dicho otras
personas, como su familia y sus amigas. Pero verlo con los ojos de Wyatt le
hace empezar a preguntarse cosas.
Me parece
fenomenal lo bien que va gestionando todas las inseguridades de Nancy, y los
problemas que puede tener, personales y económicos, si rompiera con Jared.
Lo bueno
es que la autora no convierte a Wyatt en un caballero de brillante armadura que
mágicamente le arregla sus problemas. No, Nancy asume que esta vez es ella la
que tiene que resolver las cosas, con fuerza e independencia. Solo así podrá asumir
una nueva relación con libertad e igualdad, sin deberle nada a Wyatt.
Una
gozada de lectura. No es que me deje resacosa, pero me hace sentir muy cómoda
con entornos como los que sacan aquí, las montañas de Montana, y con personajes
así de realistas que suenan tan naturales.
La he
leído de un tirón. Ya siento que no me quede nada sin leer de Kat Latham. Se ve
que se le cerró el libro y ya desde hace siete años no publica. Una pena.
Mi
experiencia: estupenda, 4
estrellas.
eBook, 165
páginas
Tule
Publishing Group (junio / 2015)
Parte de dos
series: Montana Nights #2 / Montana Born Brides #6
ISBN13:
9781942240723
Dos-eared daydreams, 5 estrellas. Aquí me
entero que esta es la sexta y última de la serie multiautor Montana Born
Brides, y que en entregas anteriores ya aparecía Nancy Parsons, y que estaban
deseando que llegase «su» libro.
Midiendo un metro ochenta y cinco, Gwen
Chambers se ha sentido una giganta toda su vida. Es una enfermera capaz y
calmada, que salva vidas en un ajetreado hospital londinense, pero los hombres
sanos le provocan palpitaciones. Cuando el inmenso rugbista «Pequeño» John Sheldon la convence para que puje
por él en una subasta de su equipo para recaudar fondos, ella descubre lo
deliciosas que pueden llegar a ser las palpitaciones del corazón.
John ha deseado a Gwen desde la primera vez que la ve, pero cuando resulta
lesionado en un partido justo antes de la Navidad, de repente también la
necesita. Esta sexi enfermera puede ayudarle a recuperarse, y no solo eso,
también puede ayudarla a cuidar a su hija, una tímida niña de diez años que
solo habla francés.
Desde decorar el árbol de Navidad hasta patinar en la Torre de Londres, Gwen
ayudará al padre y la hija a abrirse y formar lazos entre ellos, y al mismo
tiempo ella se siente unida a ellos. Pero cuando el agente de John lo llama,
con una oferta que le puede cambiarle la vida, Gwen tiene que decidir hasta
dónde está dispuesta a ir por su pareja perfecta. ¿Será su primera Navidad
también la última?
¿Entra dentro
de “Lo mejor de la novela romántica”?
No, la tengo entre las diez mil mejores, allá por el puesto ocho mil y
pico, gracias a que Jayne (de Dear Author) la escogió entre lo mejor del año y
también las 5 estrellas que le dieron en Ramblings of a Day Dreamer.
CRÍTICA
Esta es la primera historia que leí
de Kat Latham, allá por 2016, y me dije que no sería la última. Y tanto. A
estas alturas, creo que ya me he leído todas las suyas…
Descubrí a Kat Latham cuando
escribió un post en Dear Author sobre rugby union en 2015, durante la Copa
Mundial de Rugby. Normalmente me gusta el romance deportivo, pero era la
primera vez que veía uno que girase en torno a un equipo de rugby, así que me encantó
darle una oportunidad.
Me gustan los romances deportivos, y
el rugby, y lamento que no haya más series en torno a equipos del oval. Si
conocéis alguno más que esté potable, me decís.
La leí para el TBR Challenge de
2016. Publiqué crítica en inglés y no la había traducido. Como he releído esta
historia repasando la serie por su orden, traduzco ahora más o menos lo que
dije entonces.
Este año estoy repasando sus
novelas, por orden de publicación. Y al leer este relato en el lugar que le
corresponde de la serie, me gusta aún más.
Quizá porque a Gwen Chambers (25) ya la vimos como afectuosa hermana de Tess,
protagonista de Playing it close, que
yo no había leído hasta este año. Así que comprendes un poco mejor al personaje.
Gwen trabaja de enfermera de
urgencias, y ahí es una mujer seria y competente. Pero con los hombres tiene
sus inseguridades.
John Sheldon (29) es un
segunda línea de los London Legends, número 5, ya sabéis, los más fortachones
del campo. Esos tipos enormes que serían como los enforcers en el hockey sobre hielo.
Aunque es un número 5, yo en mi
cabeza lo imaginaba todo el rato como uno de mis jugadores favoritos, el
sudafricano Eben Etzebeth, más que nada porque John mide 2,06. (Más abajo, más de Eben). El típico
tiarrón que ya pueden intentar placarle que ni con cuatro lanzados a por él lo
paran. Más sobre EE abajo.
En fin, que no es nada raro que
estos dos se fijen el uno en el otro.
La altura de ella es lo primero que le llamó la atención. ¿Cómo podría ser
de otra forma si la siguiente mujer en altura de toda la habitación no le
llegaba a ella más allá de los hombros?
Gwen, con 1,85, por fin encuentra a
un hombre que la haga sentir cómoda. Estos dos se conocen en una subasta de
solteros tan típicas de Romancelandia, para recaudar fondos.
Pretende pujar por su cuñado, pues
su hermana no quiere que nadie pase la tarde con su novio. Pero al final, acaba
gastándose el dinero de su hermana en otro jugador, John Sheldon.
Él es todavía más grande que ella, y
tan pronto como se conocen, se gustan. Pero pasan cosas, y de repente, John
aparece en el hospital en el que trabaja Gwen, con un traumatismo en la cabeza.
Estamos cerca de la Navidad, la
primera que la hija de John va a pasar en Inglaterra con él a solas. Él desea disfrutar
de su tiempo con la niña. La cosa es que él tiene este problema físico y Gwen
es una de las pocas personas que pueden ayudarlo.
Ellos (John, su hija de diez años
que solo habla francés, y Gwen) pasan unos preciosos días navideños juntos, en
Londres. Gwen lo ayuda con su lesión, pero también con su hija, y muy pronto
ambos tienen esta impresión de que pueden enamorarse y ser una pareja ideal.
Tanto Gwen como John tienen sus
problemitas, nada raro ni infrecuente, y los resuelven de una manera muy
realista. Eso es lo que más me ha gustado de este libro, que tanto John como
Gwen actúan y sienten y hablan como gente normal en sus vidas cotidianas. Me
quedo con la impresión de que Gwen y John son personas reales que existen en
algún sitio.
Encajan inmediatamente, en todos los
aspectos, físico, de carácter, así se explica que se enamoren tan rápido en un
relato corto navideño como este. Pero eso no les hace tomar decisiones
precipitadas, sino darse una oportunidad, siendo realistas.
Fue esta una de las primeras historias
románticas ambientadas en Londres que realmente me hacen creer que los
personajes están en la auténtica ciudad que yo he visitado, y no ese Londres de
cuentos de hadas lleno de duques de la Regencia donde todo el mundo vive en un mágico
lugar llamado Mayfair que no tiene nada que ver con el Londres o Mayfair de la
realidad.
Me preguntaba yo hace años si no sería por el hecho de que era una
contemporánea, y eso ayuda a que le veas la autenticidad a la ambientación.
Recuerdo especialmente un momento de
la novela. John dice: «¿Qué tal si nos preparamos y tomamos un ferry de Canary
Wharf a la Torre? Canary Wharf está a un paso de aquí en metro, y de esa manera
Agnes puede ver algo de Londres desde el Támesis».
Entonces se van juntos, con Agnes,
la hija de él. Mientras Agnes y Gwen patinan sobre hielo, John descansa y era
un momento cotidiano perfecto. Algo que cualquier pareja podría decir o hacer
en la vida real.
Si no le puse más estrellas entonces
es porque los niños y la atmósfera navideña no son algo que me vaya mucho, pero
desde luego la trama, los personajes, y el mundo en el que viven son totalmente
algo que sí que me gusta. Ahora estaría incluso más cerca de las cuatro
estrellas. Conversación de padre e hija.
Agnes: Yo no fútbol. Rugby, yo.
John: Rugby tú, ¿eh? Primera regla
del deporte, ángel mío, los futbolistas fingen estar lesionados. Los rugbistas
fingen que no están lesionados.
Como el resto de las novelas de Kat
Latham, aunque forme parte de una serie, se lee perfectamente de forma
individual. Tampoco hace falta que sepas de rugby para disfrutarlo. Al
principio te pone una nota en que te explica lo básico. Es una historia
navideña, no un romance sobre una competición deportiva.
Valoración personal: buena, 3
Se la recomendaría a: los aficionados a las historias
navideñas contemporáneas, con su toque sexi.
Y como este es mi blog y mete lo que a mí me gusta, por si alguien quiere ver lo que es un
segundo línea en acción, no tenéis más que buscar por You Tube algunos de los
enfrentamientos de Etzebeth. Da miedo.
Don’t mess with this giuy
You do NOT want to mess with Eben Etzebeth)
A veces es hasta gracioso, cuando se
pone en plan primo de Zumosol con el peleón Faf de Klerk.
Os dejo aquí un par de enlaces.
Uno de los últimos follones, el que
enfrentó a sudafricanos con australianos el 3 de septiembre pasado.
Etzebeth no lo empezó, pero sin duda terminó con él.
Y ya digo que, siendo este mi blog, y como me va el
salseo, aquí tenéis algo muy especial ocurrido este año 2022. Etzebeth jugó su
partido núm. 100 y con tal ocasión, quien cantó el himno de Sudáfrica fue la
cantante y actriz Anlia van Rensburg. Tengo entendido que se comprometieron
esta primavera.
«Springbok Test Centurion Eben Etsebet's fiancée singing the South African
anthem»
La muchacha, monísima. Y el himno,
como siempre, impresionante. Uno de mis himnos favoritos, junto con el de
Rusia.
Veo que esta historia la publicó la
autora en Wattpad.
No sé, igual esta serie era un poco
fanficción inspirada por la entonces próxima Copa del Mundo de Rugby a celebrar
en Inglaterra y Gales, y es posible que Latham fantaseara con un equipo inglés
capaz de ganar la Copa en casa.
Luego las cosas fueron diferentes.
Hicieron bastante el ridículo, pues no pasaron de la fase de grupos. No
tuvieron rivales fáciles, pero si quieres ganar un torneo tienes que ganar a
los importantes, a los buenos, a los mejores. No puedo decir que lo lamente. Lo
confieso, cuando se juega Le Crunch
preferiría que perdieran los dos.
¡Cómo me
gusta esta autora...! No, de verdad. Creo que esta es la única que me quedaba por
leer de los London Legends y la he disfrutado como un mico... Ahora me tocará releer las siguientes.
Libby
Hart (34) es seis años mayor que su amigo Matt Ogden (28), zaguero suplente de
los London Legends. Sí, ese equipo de rugby sobre el cual gira la serie.
Viven en el mismo edificio y comparten perrito. Sus
trabajos son exigentes, porque están media semana fuera de casa, así que eso de repartirse el cuidado del bicho les viene bien.
Ella ha
estado colada por él desde hace tiempo, pero nunca ha intentado nada porque
sabe que Matt no es un tipo para ella. Su sueño es ser madre, mantener su
carrera profesional de piloto y que entonces sea el padre el que se quede en
casa más que ella, para cuidar a los niños.
Matt es
todo lo contrario. Estuvo casado, la cosa acabó mal. Está alejado de su propia
familia. Ahora solo tiene relaciones fugaces.
Aunque
empieza a verla con otros ojos, sabe que no puede darle a Libby lo que ella
quiere en este momento de su vida. Se conocen perfectamente, no se lleva a
engaños.
Ahora lo que tiene que hacer Matt es centrarse en salvar su carrera. Sale poco a la cancha, y las pocas veces
que está en el campo no demuestra lo bueno que es. Además, tiene cierta fobia que lo
incapacita un poco. Mentalmente hay cosas que lo tienen descompuesto, y liarse
con Libby parece mucho riesgo.
Me
encanta el estilo de Kat Latham. Romance deportivo contado en tercera persona,
algo que ahora valoro más que nunca.
Me gusta
cómo cuenta las cosas, lo naturales que suenan los protagonistas, cómo te
cuenta lo que es un deporte profesional pero secundario, como es el rugby.
Expresa
muy bien lo que es estar al borde de que la carrera termine abruptamente si no
espabila.
Acabé la
novela encantada, porque incluso en el epílogo tiene su puntillo de realismo
algo amargo.
La vida no siempre es perfecta.
Me quedé
con ganas de Hardy y su hija Chloe tengan su propia novela, en que él consiga su
second chance. Pero si alguna vez
pensó en escribir ese libro, no lo publicó. Se quedó en 2015.
¿A dónde vas para
escapar de todo cuando eres uno de los jugadores de rugby más famosos del
mundo?
Para Liam Callaghan, ese lugar es un
albergue remoto en la costa caribeña de Venezuela. Perfecto, excepto que él no
quiere exactamente estar solo con sus pensamientos. Entra Tess Chambers, la máxima distracción.
Todavía conmocionada
por un desastre profesional que la ha dejado prácticamente sin empleo, Tess
comprende el deseo de moverse por la vida como otra persona. Entonces, cuando
Liam, reconocible al instante, usa un nombre falso, ella lo acepta y crea una
nueva identidad temporal propia.
El tiempo que pasan
juntos en el paraíso es idílico pero breve: después de una noche apasionada,
Liam se despierta y descubre que Tess se ha ido. Al regresar a Londres, se
sorprende al saber que ella trabaja para el nuevo patrocinador de su equipo.
Como capitán de las Leyendas, no solo tendrá que averiguar cómo trabajar con la
única mujer que lo dejó con ganas de más, sino también convencerla de que sus
sentimientos en el presente significan más que cualquier mentira que hayan
dicho en el pasado.
¿Entra dentro
de “Lo mejor de la novela romántica”?
Pues no, solo la he leído porque me encantan las de Kat Latham. No sé
por qué pasa tan desapercibida, porque es estupenda.
CRÍTICA
Me estoy releyendo las novelas de Kat
Latham en orden de publicación. Lo cual me sirve para ver lo que me falta por
leer. Esta novela por ahí perdida, en mi Kindle nuevo.
Liam Callaghan es el capitán de los
London Legends y de Inglaterra. En un viaje conoce a Tess Chambers, aunque
ninguno de los dos dice quién es en realidad. No se dicen los apellidos
auténticos, ni a qué se dedican ni cuál es su situación familiar… Lo prefieren
así.
Aunque claro, como Tess es una fan del
rugby, sabe perfectamente quién es él. Solo que no se lo dice, respetando su
intimidad y su necesidad de anonimato. Si eso además le da la oportunidad de
pasar unos días con este hombre tan increíble…
Conectan, se caen bien y acaban teniendo
un romance fugaz.
Poco después, los dos andan de vuelta en
Inglaterra y se reencuentran. La forma en que Tess lo dejó en Venezuela hace
que Liam sienta cierta hostilidad.
Pero vamos, esto de andar de morros les
dura poco, porque se llevan bien, son ideales el uno para el otro, en este
momento de su vida. Se comprenden, se desean, no pueden dejar de pensar el uno
en el otro.
Liam comprende que está bien tener una
relación con alguien que sepa de qué va el rugby y acepte, por lo tanto, las
exigencias de este deporte, que sea algo que puedan compartir.
A Tess le gusta este hombre, pero también
su rol de jugador, lo admira y respeta por ello. Aunque se da cuenta, como el
lector, que al final las superestrellas son hombres como los demás y se
enfrentan más o menos a los míos desafíos para tener una relación romántica.
Claro que, por temas laborales, no
pueden tener una relación. Así que toca resistirse a la atracción,… o no,
porque la verdad es que tienen dos dedos de frente y saben que no se puede
luchar contra lo inevitable.
Así que empiezan a verse, solo que en
secreto. Algo con lo que están más o menos a gusto,... hasta que empieza a
incomodarlos.
Especialmente a Liam, que no sabe mucho de los líos de Tess en su
antiguo trabajo y sospecha que igual ella se avergüenza de él, o quizá no están
los dos buscando lo mismo, que es una relación estable.
Una de las cosas que me gusta de esta
historia es cómo le mete chicha a la historia tocando temas diversos y de
interés.
Por ejemplo, la misoginia de la City,
que Tess sufrió, comentó en un blog y ello le llevó a problemas en su anterior
trabajo. Las perrerías que los compañeros de trabajo hacen a las mujeres que
trabajan en temas financieros son de no creerlo. A ella la apodaron titless porque tiene poco pecho, algo
que la acompleja y que aprende a aceptar un poco gracias a esta relación con
Liam, que es muy body positive.
Como él dice, más que el tamaño de sus
pechos, lo que a él le preocupa es el estado de sus arterias. Porque su padre
murió joven en parte por malos hábitos (fumar, comer mal). Gracias a su
relación con Liam, Tess empieza a comer en condiciones.
Es una de las cosas que me gustan de
esta novela, lo claro que deja el hecho de que o sabes cocinar y te haces tú la
comida, o es imposible comer saludable.
También pone en evidencia la necesidad
de sponsors en el deporte profesional.
El chiringuito no se paga solo con entradas.
Notas la presión sobre la gente famosa,
que venga de la prensa, de internet, de todo el mundo… Liam duda de quién está
con él por él mismo y quién por ser una estrella del rugby. Que Tess sea una
forofa del rugby no ayuda.
Y siempre están las gracietas a cuenta
de la eterna rivalidad rugby/fútbol. No solo lo teatreros que son los jugadores
de fútbol, fingiendo lesiones cuando ni siquiera les han tocado.
Aquí te hacen ver que, como tantas otras
cosas en Inglaterra, te da una indicación de clase:
La elección entre el fútbol y el rugby dice mucho
sobre dónde ha crecido una persona y en qué circunstancias. Ella había crecido
en una preciosa casa al norte de Londres. Sus padres tenían educación de
postgrado y le dejaron claro que la universidad no era discutible. Era
simplemente lo esperado, lo mismo que una carrera en que ella usara su cerebro.
Parte del argumento discurre en la Copa
Mundial de rugby de Inglaterra y Gales. Sería una alternativa a la auténtica de
2015, en la que Inglaterra hizo bastante el ridículo no pasando de la fase de
grupos. Como Kat Latham publicó esto en 2014, su wishful thinking fue fatal. En la novela, las cosas pasan
diferentes a cómo ocurrieron en la realidad.
¡Cuánto me ha gustado esta novela, qué
bien me lo pasé leyéndola…! Es de esas que casi llego tarde al trabajo porque
no podía dejar de leer. La forma de escribir de Kat Latham tiene algo que me
gusta especialmente.
Creo que es la manera tan natural con la
que hablan los personajes, lo realista que suena todo, si hay drama o grandes
cosas, se lo toman como nos lo tomaríamos cualquiera de nosotros. Y hasta de
sus errores aprenden y evolucionan.
Estos dos tienen cosas que superar, y
las van aceptando conforme se va desarrollando el romance. Todo, manteniendo el
tono más ligero que melodramático.
Como es una novela publicada hace ocho
años, es contemporánea narrada en tercera persona, lo cual agradezco muchísimo,
porque mantiene un pelín de misterio.
Si no le doy lo máximo es porque,
simplemente, no me dejó resacosa. Pero vamos, que es una novela estupenda.
Es de esos libros que disfrutas más si
sabes algo del deporte. La autora te pone al principio unas palabrejas, te
explica qué clases de jugadores hay… Sin embargo, no necesitas verte el Seis
Naciones para enterarte de lo que pasa.
Valoración personal: estupenda,
4 estrellas.
Se la recomendaría a: quienes gusten de románticas contemporáneas
con deporte y algo de chicha.
Otras críticas de la novela:
Solo he encontrado críticas en inglés, que son como yo, consistentes en
ponerla sólidamente en el rango del notable.
Caitlyn Sweeney es una trabajadora
humanitaria estadounidense con sede en Londres. Un día, socorre a un anciano. Así
conoce a su nieto, un tipo como armario de tres puertas, super sexi, que..., mira, casualidades de la vida, ocupa
un enorme cartel de publicidad de ropa interior cerca de su domicilio.
Ella no
lo sabe, porque es estadounidense, claro, y el rugby es algo que le resulta totalmente ajeno, pero es que este mocetón es el famoso rugbierSpencer Bailey.
Spencer
tuvo un desagradable incidente cuando era jovencito. A sus diecinueve años se
acostó con una chica de dieciséis, sin ser consciente de cuál es la edad del
consentimiento en Australia. Se libró por los pelos, pero desde entonces ha
aprendido que lo suyo es el deporte y para de contar.
A ver, no es
que esté a palo seco. Pero no tiene problemas en reducir sus relaciones
femeninas a unas pocas semanas al año, aquellas en las que descansa entre
temporada y temporada. Ahora es justo uno de esos momentos. Y mira, le gusta lo
que ve en Caitlyn.
Solo que
hay un problema: Caitlyn es una de esas heroínas vírgenes a sus veintitantos. Por
una vez, sin embargo, es plausible que ella aún no haya catado varón. Tuvo
relaciones abusivas en el pasado que le impiden tener una vida sexual y
sentimental normal. Es una tía dura, estar en mitad de una crisis humanitaria y que exploten
bombas a su alrededor es algo que la deja imperturbable. Pero que alguien la
bese,… le revuelve todo.
Así que
estos dos se conocen y se gustan pero claro, todo tiene un plazo: hasta que él
empiece su temporada, o ella se vaya a su próxima misión en cualquier rincón
del planeta. Igual él no puede darle lo que Caitlyn necesita; y quizá tampoco
quiera él un tipo de relación que ella no se ve capaz.
Me gusta
muchísimo el estilo de esta autora. Son historias cotidianas, de deportistas
famosos, pero que resultan creíbles, muy humanos. La historia tiene sus
momentos sexis, claro, y otros románticos. No es que haya mucho de deporte,
pero sí lo bastante para los fans del rugby. ¡Me encanta!
Veo que no ha publicado más que una decena de novelas, en tres años y
luego ya cerró el kiosco, creo que más por temas personales que por una decisión
consciente.
Con esta historia, Latham inicia su serie de los London
Legends, un supuesto club de rugby londinense sobre el que gira la serie con la
que la descubrí. Es divertida la mirada estadounidense a una realidad deportiva
europea. También hay chistes a cuenta de lo que significan determinadas
palabras en uno y otro continente. No es el mismo inglés el que hablan en EE.
UU. que el del Reino Unido.
Curioso ver cómo él le explica su deporte. No, el rugby no tienen nada que
ver con el fútbol americano, salvo la forma de la pelota. Cuando le explica que
el pase tiene que ser hacia atrás, cuando la línea de ensayo está delante, es
algo que ella, simplemente no comprende.
Esta es
la primera, y me parece alucinante lo buena que es. Me ha dado la idea de leer,
o releer, todas sus novelas.
Después de tres años en prisión, la ingeniera ferroviaria Lacey Gallagher no espera que esta
Navidad sea muy alegre y brillante. Al menos talar árboles para la granja de
árboles de Navidad de su hermano la ayudará a ahorrar dinero para volver a
encarrilar su vida. Sin embargo, todos sus planes se descarrilan cuando su
nuevo trabajo la coloca en un territorio patrullado por el hombre que acecha
sus sueños: el guardabosque que la envió a prisión.
A Austin Wilder no le entusiasma
que Lacey trabaje en su bosque, pero pronto se da cuenta de que necesita su
ayuda. Su familia depende de él para restaurar un viejo tren de vapor para un
espectacular evento navideño, y la experta en trenes Lacey es su única
esperanza de terminar a tiempo.
Trabajar juntos desafía todas las suposiciones que Lacey y Austin tienen el
uno del otro, y descubren un deseo lo suficientemente caliente como para
derretir incluso la nieve más profunda de Montana. Pero, ¿será suficiente la
temporada de segundas oportunidades para reparar el corazón roto más
endurecido?
¿Entra dentro
de “Lo mejor de la novela romántica”?
Sí, es la más apreciada de la autora. La tengo ahora en el puesto dos
mil ochocientos. Tuvo una crítica de A en The Good, the Bad and the Unread y de
5 estrellas en Harlequin Junkie. Miss Bates la escogió entre lo mejor del año
2015. Fue finalista RITA en la categoría romance contemporáneo corto. Le ganó Un
cambio de planes, de Sarah M. Anderson, que entendí como un harlequin
sorprendentemente original.
CRÍTICA
Es propio de la época las novelas
navideñas, y hoy traigo aquí una que, a diferencia de la mayoría, es sexi, no
solo dulce y buenista.
Tenemos a Lacey, que sale de la
cárcel, en libertad condicional, y se va a vivir con su hermano en una
localidad de Montana. Fin de año, hace frío, él tiene una granja de árboles de
Navidad. Le echa una mano en el negocio, intentando adaptarse a la vida en
libertad, sin llamar la atención, sin hacer nada que haga que se le revoque la
condicional.
Se topará con una figura bastante
desagradable, el guardabosque o agente forestal Austin Wilder, una especie de
policía de la naturaleza. Intervino en su detención y declaró contra ella en su
juicio.
Ella era una joven ingeniera
ferroviaria, entusiasta de la vida, con un buen trabajo, un futuro por delante,
y resulta que la pillaron con drogas. Pero ella siempre ha jurado y perjurado
que fue inocente, que es cosa de su novio, que la engañó.
Pero Austin no la creyó. En el
juicio dijo algo que así como que, «o bien era una criminal o criminalmente estúpida».
Y él no piensa que ella sea tonta así que, sí, sí que está convencido de su
culpabilidad. Aquellas palabras que él dijo en el juicio se le quedaron en la
cabeza de Lacey, y sigue rumiándolo, años después.
Así que empieza la cosa como enemies, y con buenas razones.
Además, después de años en el
trullo, a Lacey lo de los uniformes y los agentes de la autoridad le da cierto
repelús.
Lo extraño es que entre ello, además
de esa hostilidad, hay cierta atracción física. Inesperada, que los dos
rechazan. Al recto Austin le horroriza desear a esta convicta, y ella, ¿cómo va
a gustarle un tipo que ayudó a meterla en la trena?
Será que lleva años en dique seco, y
entonces cualquier cosa le parece sexi.
Molly y Gabriel (protagonistas de la
primera de la serie) quieren recaudar dinero para su idea de un campamento para
niños con discapacidad. Se les ocurre recuperar un antiguo tren minero como atracción
navideña.
Hay un pequeño problema, y es que la
locomotora no va. Austin intenta arreglarlo por su cuenta, con ayuda de
aficionados a los trenes (debe ser que en EE. UU. hay mucho Sheldon Cooper).
La aparición de Lacey es, entonces,
una buena oportunidad. Le pide, tragándose su orgullo, que le eche una mano y
le ayude a arreglar la locomotora antes de Navidad.
Lacey acepta en parte porque le
gusta y, por otro lado, porque no quiere problemas. Siente que no tiene derecho
a decir que no a un agente de la autoridad sin no quiere líos.
Las cosas, evidentemente, no se
pueden precipitar entre ellos. Hay desconfianza mutua, recelos que les impiden
lanzarse el uno en los brazos del otro. Ella le echa una mirada y él nota que
le gusta. Solo que ella no flirtea, sino que aparta la mirada.
Idiota. ¿Qué sucede contigo? Acaba de salir de la
cárcel, por el amor de Dios, y tú la ayudaste a ponerla allí.
Pero, por
alguna razón, eso no había impedido a Lacey recorrer con la mirada todo su
cuerpo como si estuviera desnudo excepto por un gran lazo rojo atado alrededor
de su polla y un par de cascabeles colgantes.
Ese es el tono. Ya veis que será
historia navideña, pero dulce va a ser que no tanto. La cosa es que arreglar la
locomotora hace que Lacey y Austin compartan ratos. La atracción entre ellos,
entonces, no disminuye sino que se va intensificando hasta que sí,
evidentemente, “caen”.
Escenas sexis muy bien contadas, por
cierto.
Me llamó la atención que había cosas
que complicaban la vida ya de por sí nada fácil de un persona que acaba de
salir de la cárcel. Son pequeños vistazos a lo que una persona en libertad
condicional no puede hacer, allí, en los USA. Por ejemplo, no puede beber
alcohol. Y tampoco conducir porque le ha debido caducar el carné o algo así.
Cada vez que entra en contacto con agente de la autoridad se lo tiene que decir
al oficial de la condicional. No son cosas tremendas, pero sí que son chinitas
en el camino de alguien que quiere rehacer su vida.
Cortita, rápida de leer, con tono
ligero a pesar de tratar temas serios, y muy sexi.
A lo tonto, a lo tonto, con esta ya
son cinco las novelas que he leído de Kat Latham. Me gusta mucho el estilo de
esta autora. Contemporánea, sexi, con gente bastante normal y en entornos para
mí atractivos. En esta serie, el frío de Montana y en la de los London Legends,
un equipo de rugby londinense.
Ahora que me doy cuenta de que esta
autora puede convertirse perfectamente en una de mis favoritas, resulta que
dejó de publicar en 2015. Lo explica en su página web, que ha tenido problemas
de salud y aunque volvió a escribir allá por 2019, no ha publicado nada.
Seguiré leyendo sus novelas, las que
me quedan, que no sé si son cuatro o cinco. Y nada, si alguna vez vuelve a
publicar algo, pues aquí estaré esperándola.
Valoración personal: notable, 4
Se la recomendaría a: los aficionados a las historias navideñas
contemporáneas, con su toque sexi.