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martes, 12 de octubre de 2021

Crítica: “La magia del corazón”, de Nuria Llop


Hoy, día de la Hispanidad, fiesta nacional, tengo que poner una en español, claro.

Una histórica en una ambientación infrecuente

 


DATOS GENERALES

 

Subgénero: histórica/1640

Publicación: autopublicada

1.ª edición: 10/2018

Serie: Corazones solitarios #2

442 páginas

 

SINOPSIS (de Amazon

Una misteriosa baraja, un amor inconfesable.

Considerado un haragán sin más intereses que el juego, las mujeres y medrar en la Corte, Enrique Díaz está a punto de ver desafiadas su valía y astucia. Tras abrir casualmente una nota dirigida a su padre, ausente en un viaje, Enrique descubre que su hermana está en peligro y no hay tiempo que perder si quiere salvarla. Para tal misión, el destino unirá sus pasos con los de una antigua doncella de palacio, Elena Herrera. O, el “erizo”, como él la llama en sus pensamientos por la antipatía que ella parece profesarle.

Apartada del servicio real a causa de las cicatrices que un incendio en palacio le dejó, lo último que Elena desea es colaborar con el seductor que jamás ha intentado conquistarla y del que está secretamente enamorada. Sin embargo, las circunstancias la obligan a ayudarlo a rescatar a su hermana, y ambos se verán envueltos en un misterio que habla de… una baraja de plata con la marca del corazón.

Si la magia del corazón se cruza en tu camino, no querrás resistirte.

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?

Como es una novela romántica española, no tengo datos para saber si es buena o no. Solo puedo decir que yo la disfruté, y no soy la única, porque en El rincón de la novela romántica lo eligieron entre lo mejor de 2018 y en Otro romances más gustó.

CRÍTICA

Tenía ganas de probar una de Llop, y me decidí por esta Magia del corazón, ambientada en la España del siglo XVII, en concreto 1640, en Madrid y en Aragón.

Enrique, un tipo de esos un tanto vivalavirgen, dedicado a la bebida, el juego y las mujeres, se lleva el susto de su vida cuando descubre que han secuestrado a su hermana.

El precio del rescate será una baraja realizada en plata. Él no la tiene. Su padre podría saber algo más, pero anda de viaje. Desesperado, marcha a Aragón, para intentar negociar con los secuestradores.

En casa de su hermana descubrirá a Elena, una muchacha que debió aparecer en el libro anterior de la serie, que no he leído. Trabajó en palacio, pero resultó herida en un incendio. Del que él la rescató, por lo visto. Le quedan unas cicatrices que procura ocultar.

Enrique, en su fuero interno, la llama erizo, por lo arisca que es con él. No me expliqué muy bien la antipatía, ya que él es bastante correcto. Parecía un enemies to lovers muy unilateral. De ella contra él. En la modalidad gorgona malhumorada y borde contra tipo majo.

Esta novela tuvo un arranque estupendo. Me gustó mucho este planteamiento. Entre ellos saltaban esas deliciosas chispas de hostilidad que tú sabes que encubren algo diferente.

Lo que oculta la aspereza de Elena es que lleva años enamorada de él. Hasta estaba dispuesta a «entregarse a él», pero como él no le hizo caso, se enfurruña y ofende. 

Que digo yo que si ella no le dijo nada, pues es lógico que Enrique no se coscase. Chicas, no nos empeñemos: los hombres no nos leen la mente, ni entonces ni ahora.

La lectura fue decayendo. Pensé que sería uno de esos libros-catenaria, que remontan al final. No. Mejoró, pero sin llegar al nivel inicial.

Dos cosas destacaría: la ambientación en una época no muy habitual, hecha además de una manera creíble, y los personajes protagonistas son de esos majos que te caen bien y que ves que se ganan su final feliz. Vamos, Enrique sobre todo me pareció un cielo de hombre. Elena resultó un poco más irracional.

No cae en los dos defectos que suelo encontrar en la romántica en español: no es cursi ni machista. Tiene eso tan difícil que es el oído para los diálogos y el timing de las escenas. Así que resulta muy ágil de leer.

Otras cosas me gustaron menos. Personalmente, prefiero un poco más de misterio, que no me lo den todo mascadito. Lo del secuestro de la hermana, por ejemplo, acaba siendo un poco como los bandoleros de la señorita Pepis, para que ni los protagonistas ni los niños sufran.

Porque sí, es novela con niños. Ya sabéis que yo soy un poco Herodes.

En algunos momentos mi cabeza se iba de la lectura. Como los años, que no me cuadraban. Si se conocieron «seis años atrás», cuando ella tenía 19 años y él 22, no veo cómo es posible que en 1640 ella cumpla 27 años y él tenga 29.

O el empeño de Elena en que Enrique la tratara de señorita. Es una palabra que me sonaba muy decimonónica. 

O a peli de José-Luis López Vázquez, una de dos.

Cómo será la cosa que acabé mirando el CORDE y comprobé que la palabra existe desde, al menos, 1495. Pero como forma de trato en el Siglo de Oro, sigo teniendo mis dudas, pues no lo encontré en un par de artículos sobre cómo se trataba la gente en aquella época (aquí y aquí). Hasta me di una vuelta por El Quijote, a ver si aparecía esta palabra, y no la encontré.

Constanza, la hermana de Enrique, suelta en un determinado momento: «Lo único que yo lamento es no tener motivos para solicitar el divorcio. Ningún juez lo concede por infidelidades». 

Eso también dio que pensar a mi calenturienta mente de jurista. Hasta donde yo sé, entre 1564 y 1870 solo había un matrimonio, el canónico, y era la iglesia la que resolvía estas cosas, en exclusiva. En derecho canónico no había divorcio tal como lo entendemos nosotros. Sí usaban la palabra, pero para referirse a una separación, porque el vínculo subsistía. Jerónimo Zurita, en sus Anales de la Corona de Aragón menciona el «divorcio» de Sancha Jiménez de Aranós, condesa de Prades, refiriéndose a la separación de esta noble respecto a su marido, a quien al parecer tenía un miedo atroz. Sancha, por cierto, fue la dedicataria del Llibre de les dones, el de Eiximenis.

El adulterio sí era causa de divorcio eclesiástico. No lo concedía ningún juez civil sino un tribunal eclesiástico. Así fui a parar a un artículo de esos que a los juristas nos encantan, «Matrimonios y conflictos: abandono, divorcio y nulidad eclesiásticaen la Andalucía moderna (Arzobispado de Sevilla, siglo XVIII)». Es curioso ver las estadísticas, y casos concretos. La mayor parte de los divorcios los pedían las mujeres, tanto en la España peninsular como en la americana, y la causa principal que alegaban era el maltrato.

Cuando leo un libro, y me obsesiono con estas cosas, y hasta lo dejo a un lado para investigar cómo eran las cosas en aquella época, es que no me está enganchando. Mi mente se iba de La magia del corazón, y acababa preguntándome de qué iba el libro exactamente.

Lo que peor llevo es… sí, el gordo de Navidad que encuentro una y otra vez en libros en español: la manía del *punto y final. Que no, hombre, que no. Ya lo he dicho mil veces, que se dice punto final.

Punto final.

Aquí, explicación Fundéu. Que ya estoy cansada de contarlo yo.

En conjunto diría que ha sido una buena experiencia. Con sus momentos buenos y otros mñé. Quiero probar alguna otra de la autora, a ver, porque la ambientación en el Siglo de Oro para mí es un auténtico plus, y me apetece leer más historias así.

Valoración personal: se deja leer, 3

Se la recomendaría a: quienes busquen romántica histórica de un período infrecuente.

Otras críticas de la novela:

En español, crítica positiva en El rincón de la novela romántica

El Blog deVanedis, 4 libros

Pepa, en Otro romance más

Críticas, reseñas y opiniones de libros también la recomienda. 

Y como no he encontrado más, ahí van los sospechosos habituales:

Amazon, 3.8 estrellas

Goodreads, 3.78 estrellas