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lunes, 19 de enero de 2026

Crítica: “Power play” de Avon Gale

                    

Male / male romance

Grumpy / sunshine 

... hockey de tercera, resultón

 

 


Power Play

Por AVON GALE Fecha: mayo de 2016

 

El tópico de este romance gay es grumpy / sunshine que, en teoría, se tendrían que llevar mal. El grumpy, el ruso Mijaíl («Misha») Samarin, intervino en una jugada que acabó con la carrera del sunshine (Max Ashford) en la NHL. Max era un pipiolo, y Misha, un veterano camino de ganar la Stanley Cup.

Cualquiera lo pensaría, ¿no? La víctima de semejante lance tendría que guardarle rencor a su supuesto victimario. 

Pero no es así. Claro que Misha no puede evitar sentirse algo culpable.

Misha (40) trabaja como entrenador principal de los Spitfires, un desastre de equipo; y contratan a Max (29) como asistente. Es una especie de apuesta que hace Belsey, el dueño del equipo, a ver si saltan chispas y el morbo hace que más gente vaya al estadio.

Lo que realmente tenía era un equipo de inadaptados capitaneado por un portero con problemas para controlar la ira y un piercing en la cara, entrenado por el hombre que acabó con la carrera profesional de hockey de Max, y propiedad de un imbécil sórdido que iba a usar eso como publicidad.

Porque sí, amigas, el mundo de Avon Gale no es el de la millonaria NHL, ni siquiera de los equipos de segunda que son filiales de la NHL y les sirve de granja de jugadores, esa es la AHL. 

No, queridas mías, aquí estamos en lo que sería la tercera regional, la ECHL. Olvidaos de contratos millonarios, jets privados y miles de aficionados animando. Esto es todo más cutre y limitado. No deben tener ni puck bunnies.

Y no, el dueño del club no consigue lo que quiere, eso de que la enemistad entre Max y Misha le llene el estadio.

Max no odia a Misha. Es más, nada más darse la mano y cambiar un par de palabras, está como quien dice deseando ponerse de rodillas delante de él, ya sabéis a lo que me refiero. 

O sea, está muy muy muy lejos de odiarlo. Claro que a ver quién se atreve a decirle nada a Misha.

Lo primero es que el equipo se enderece un poco, que logre dejar el último lugar y pueda encaminarse a los playoffs de la copa Kelly.

El clic se produce cuando Misha les dice que no piensen en el siguiente partido, ni siquiera el tiempo siguiente, sino este momento, el ahora, qué hacer ahora con el disco. Con semejante mindfulness deportivo algo pedestre empiezan a cambiar el chip.

Misha es un padentrista de antología. Aparte de que padece migrañas, el pobre.

—Soy ruso —dijo Misha con un leve atisbo de sonrisa— Nosotros nos angustiamos.

—Ya veo. Bueno, yo soy estadounidense. Les imponemos a otros las cosas que creemos que necesitan. Como la democracia. Y la música pop.

Max es un libro abierto, lo sabes todo de él. Un tipo alegre que acepta sin remilgos su bisexualidad y lo que le eche la vida.

En cambio, Misha es bastante cerrado. Intuyes que su pasado ha debido ser durillo. No habla de ello. No está dispuesto a que Max lo descubra. Cuanto más significa Max para él, menos posibilidades de que diga nada. No quiere perderlo por cosas del pasado remoto.

Hay toques de humor con las referencias al existencialismo de la literatura rusa, el angst y la culpabilidad. Algo bastante ajeno a Max, un feliz ignorante de la más básica Geografía,… bueno, y de historia, literatura, o cualquier cosa que pueda ser un poco complicada. 

Tampoco controla mucho lo del sexo entre varones, pero suple ignorancia con entusiasmo de sobra.

No es que sea un zote total: sí que sabe de hockey, y de cómo tratar a las personas.  

Entretenida, aunque me gustó más la otra que leí de la autora, Empty net, que es la siguiente a esta. Por eso había cosas que ya sabía cómo iban a pasar. Sería mejor leer la serie en orden.

De todas formas, si te gusta el romance gay deportivo, esta es una muy buena opción. Además, tiene como punto positivo, para mí, que se narra en tercera persona, aunque con el deep point of view, con diálogos ágiles y cierta gracia, incluso aunque toque temas algo difíciles, como la homofobia.

Mi experiencia: buena, 3 estrellas.

 

Audio / eBook / Print, 200 páginas

Dreamspinner Press (5/2016)

Parte de una serie: Scoring Chances #3

ISBN13: 9781634772433 (del trade paperback)

 

Joyfully Jay, 5 estrellas

 

NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL

miércoles, 24 de enero de 2024

Crítica: “Empty net”, de Avon Gale


Tierno, la redención de un malote en la tercera división del hockey


 

DATOS GENERALES

 

Título original: Empty net

Subgénero: contemporánea/gay

1.ª edición: 9/2016

Parte de una serie:Scoring Chances #4

Páginas: 200

ISBN13: 9781634775847

 

SINOPSIS (según Fiction DB

El portero y capitán de los Spartanburg Spitfires, Isaac Drake, terminó la temporada pasada con un viaje inesperado a los playoffs. Ha encontrado un hogar y una familia con su entrenador y mentor, Misha Samarin, y espera tener una opción seria de ganar la Copa Kelly. Pero las cosas toman un giro interesante cuando el archienemigo de Isaac, Laurent St. Savoy, es transferido a los Spitfire. Después del comportamiento despreciable de Laurent en los playoffs el año pasado, Isaac no quiere tener nada que ver con él, sin importar lo hermoso que sea. Pero eso cambia cuando Isaac descubre el motivo de la actitud de Laurent.

Laurent St. Savoy creció como el único hijo de un portero legendario de la NHL en un hogar plagado de abusos. Lo trataban constantemente como una decepción, dentro y fuera del hielo. Cuando un intento desesperado por escapar de la tiranía de su padre lo envía a los Spitfire, lo último que quiere Laurent es hacer amigos. Pero hay algo en Isaac Drake a lo que no puede resistirse. Laurent tiene la oportunidad de explorar su sexualidad por primera vez, pero está colapsando bajo las presiones del final de la temporada. Cuando se enfrentan a los playoffs y a una rivalidad convertida en vendetta personal, Isaac no está seguro de ser suficiente para aferrarse a Laurent... o a su relación.

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?

Pues la tengo bastante bien colocada en mi base de datos, en torno al puesto cuatro mil. Anne la escogió entre lo mejor del año 2016, Just Love le dio 5 estrellas, tiene uno de esos tópicos que gustan tanto, enemies to lovers, y la he visto en una lista titulada must read MM.

 

CRÍTICA

Para finalizar el año 2023 quise darme el gusto de leer una novela de algo que creo que es un subgénero por sí mismo, el male/male sport romance ambientado en el hockey sobre hielo.

Lo sé, algo muy concreto. A mí es un tipo de novela que me ha dado muchas alegrías en los últimos años. Aunque nada esté a la altura de Ilya y Shane, es un tipo de historia que siempre consigue atraparme.

No sé por qué me resulta tan atractivo. Quizá porque pocos deportes sean tan viriles, agresivos, un deporte rápido en que, si te abres la cara al cortarte con un patín, te vas al vestuario, te dan 75 puntos de sutura y luego vuelves al partido como si nada.

(Que se lo digan a Morgan Barron)

Me gusta este tipo de deporte, de equipo y con tipos varoniles. Un poco como el rugby.

Así que las fantasías románticas que se ambientan en este mundo me flipan.

Nada más empezar, ¡qué tranquilidad una narración en tercera persona! Gracias, gracias, gracias.

Ahora, aquí hay un tono algo diferente. Estaba leyendo este libro y lo veía no como una novela brillante de colores, sino en blanco y negro, o una de esas películas hiperrealistas de colores azulados, oscuros, sombríos.

Una indy de veinteañeros a quienes la vida no les ha tratado bien. Están lejos de ser estrellas del deporte que ganan millones de dólares.

No, lo intrigante de esta novela es que no se ambienta en la NHL. Ni siquiera en sus filiales de la AHL. No, esto desciende hasta la tercera división, la ECHL, antiguamente la East Coast Hockey League, tan abajo en el deporte profesional y tan desconocida para nosotros que ni siquiera tiene página en la Wikipedia en español.

Allí, los sueldos son mínimos.

Isaac Drake (25) ha tenido una vida chunga. En episodios anteriores de la serie debieron pasar cosas difíciles. Ahora está equilibrado, viviendo con sus entrenadores, fuera del armario, asumiendo la capitanía del equipo... Es portero titular. Algo horrible le pasó el año anterior, en los playoffs, le escupieron, y le insultaron, llamándole fag (que a mí me suena peor que nuestro castizo maricón).

Aquello les debió hacer perder los nervios, el partido y todo.

Lo sorprendente es que aquel mal bicho que ofendió tantísimo a Isaac llega a su vestuario, transferido desde el equipo rival.

Es Laurent St. Savoy (veintitantos), hijo de una estrella del hockey, que había sido su entrenador en el equipo anterior. Viene a ser segundo portero, que sustituirá a Isaac cuando haga falta.

Este tío borde y desagradable deja claro que no está para hacer amigos. Entra y sigue echando espumarajos por la boca contra el «equipo más gay de la ECHL». Nadie le soporta, ni Isaac, ni el resto de compañeros, ni los propios entrenadores, una pareja gay que debió ser protagonista en alguna entrega anterior de la serie.

Como Isaac y Laurent son porteros (aunque Laurent más alto y grandote), la rivalidad entre ellos es esperable. Podrías pensar que habrá rivalidad entre ellos para salir de titular.

Pero en realidad las cosas son diferentes. Toda la hostilidad de Laurent viene desde un lugar de mucho dolor y sufrimiento. Él mismo se avergüenza de lo que hizo y lo que hace, solo parece que no puede evitarlo. Es una de esas personas agresivas que la primera persona a la que desprecia y odia es a sí mismo.

Isaac se fija en él, no solo porque a pesar de que Laurent es un gilipollas, está bueno y le atrae. Se le van los ojos detrás de los chicos guapos. Un amigo le dice que toda esa homofobia de Laurent debe ser que es un homosexual reprimido. Lo cierto es que no se le conocen parejas, ni chicos ni chicas, y hay razones para ello.

De tanto fijarse en él, y de querer darle una oportunidad de convertirse en uno más del equipo… al final resulta que es el único que pilla cosas de Laurent que querría tener ocultas.

Mantener esa máscara, estar todo el rato interpretando a ese personaje tan atroz que se ha creado para protegerse, es algo que agota al propio Laurent. Resulta tierno cómo Isaac sabe leer a Laurent, cómo cuanto nota que a Laurent se le va la olla, simplemente le ordena que se calle, y Laurent lo agradece, así descansa de ser quien no quiere ser.

Las interacciones entre ellos van poco a poco. El enemies no se traduce en diálogos chispeantes, sino en momentos más de tensión y de reflexión, sobre todo por parte de Isaac, para captar, como buen capitán, cómo es en realidad su nuevo compañero.

Luego se enrollarán, se enamorarán, y más o menos a la altura de los dos tercios de la novela todo el pescado parece que está vendido… o no, porque a estos dos chicos todavía les quedan cosas que superar para poder ser ellos mismos.

Y a ver si esta vez llegan a los playoffs y pueden ganar la copa Kelly.

A pesar de las cosas tremendas que les han pasado en la vida, las limitaciones económicas, el tono algo grisáceo en que yo estaba viendo esta película en mi cabeza, a pesar de todo ello, al final no es una historia desgarradora.

Es intensa, pero no brutal. Las cosas malas pasan, o han pasado, fuera de escena.

Al contrario, acaba resultando una historia tierna, de dos jóvenes adultos que encuentran la felicidad, superándose a sí mismos, aceptándose, conociéndose (uno gay, otro demisexual, aunque este libro aparece en algunas listas de tópico asexual), con el apoyo de gente que los aprecia, y por supuesto el apoyo de una terapeuta profesional cuando hace falta. Los mimitos solos no te sanan de tus trastornos.

Laurent se le quedó mirando, y entonces se echó a llorar. Que alguien le dijera «te mereces a alguien como Isaac» era el sueño secreto de su corazón escondido, y no estaba seguro cómo manejar el que alguien se lo dijera en voz alta.

Aunque el deporte sea el mismo, el entorno social y económico está a años luz del glamur y la superficialidad de algunas historias de hockey, como las últimas entregas de los Brooklyn Brusiers, por ejemplo.

Con este libro he probado a una autora nueva, y seguiré leyendo libros suyos, porque me ha encantado.

Valoración personal: notable, 4

Se la recomendaría a: quienes gusten de un enemies to lovers cotidiano y tierno

Otras críticas de la novela:

No he encontrado nada en español. Paso al inglés, aunque tampoco es fácil encontrar cosas sobre una autora que no me parece a mi muy conocida.

Love Bytes Reviews, 5 corazones al audiolibro. 

Angry Elves, 5 estrellas

Writing Bookish Notes, 4 estrellas

 In a Word hace una crítica positiva, muy extensa y con destripes. La recomiendo más bien cuando ya has leído el libro. 

The Smut Report dedicó todo un artículo a libros de hockey, y entre ellos menciona este, «Saturday Smutty Six: Hockey Season = Hockey Romance».