sábado, 19 de enero de 2019

Crítica: “The one you can’t forget”, de Roni Loren


Estupenda contemporánea con su dosis de drama



DATOS GENERALES

Título original: The One You Can’t Forget
Subgénero: contemporánea

Fecha de publicación original en inglés: junio de 2018
Editorial: Sourcebooks Casablanca
Páginas: 352

Parte de una serie: 2.º libro de Ones Who Got Away

SINOPSIS (según Fiction DB)


La mayor parte de los días, la exitosa abogada divorcista Rebecca Lindt se siente una impostora. El mundo la conoce como una superviviente, pero esa impresión cambiaría si todos supieran su secreto.

El chef Wes Garrett intenta ponerse en pie de nuevo después de perder el restaurante de sus sueños, su dinero y la mitad de su buen juicio en un cruel divorcio. Pero cuando interviene en un atraco tarde una noche y se encuentra que ha salvado a Rebecca Lindt, la abogada que ayudó a su exmujer, su vida simple se vuelve mucho más complicada.

La pareja pronto se encontrará ayudándose el uno al otro en sus objetivos vitales. Pero pronto, cuando el secreto de Rebecca peligre, descubrirán que pueden perder más de lo que creían, incluyendo lo que ellos nunca se dieron cuenta de que necesitaban: al otro.

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
 Sí, estaría entre las mil mejores novelas de romántica. En Publishers Weekly la han escogido como una de las mejores novelas románticas del año 2018.  I heart Romance & YA le dio lo máximo, 5 corazones, y la consideró entre sus romances favoritos del año, lo mismo que en Addicted to Romance. También en Smexy Books tuvo lo máximo, una A.


CRÍTICA

The Ones Who Got Away gira en torno a un grupo de cuatro mujeres que, siendo jóvenes, sobrevivieron a un tiroteo en su instituto. La protagonista de esta segunda novela es Rebecca: chica perfecta, con buenas notas, y convencida de que se casaría con su mejor amigo de toda la vida, Finn, su cita para el baile de graduación, y quien le salvó la vida.

Una bala le alcanzó la pierna y le quedan secuelas físicas de las que se avergüenza un poco y psíquicas que intenta ocultar. Brillar como abogada y ayudar a su padre en su carrera política le deja poco tiempo para tener una vida privada.

Por si eso fuera poco bagaje, su madre la abandonó siendo pequeña. Así que Rebecca tiene ese punto de persona que duda de sí, que llegó a preguntarse qué había de malo en ella que todos la abandonaban. Eso destroza a cualquiera.

Al hacerse un documental de aquella matanza, las cosas se le remueven por dentro. Otra vez flashbacks, confunde a personas vivas con aquellos que murieron,… o sea, reviviscencias horribles propias del síndrome de estrés postraumático.

Cuando una noche la asaltan para robarla, se queda paralizada, encontrándose otra vez (mentalmente) en aquel sangriento baile de graduación.

Un perro perdido y un tipo macizo la ayudan a salir del paso. Este amable samaritano le echa una mano, lleva al perro al veterinario y resulta un gozo para la vista. Lo tiene todo,… El problema es que… Ella llevó el divorcio a su esposa, y lo que recuerda es que él fue infiel, bebía demasiado, y tuvo problemas de gestión de la ira en pleno juicio.

Algo demasiado complicado y poco aconsejable, por muy bueno que esté y por mucho que la atraiga físicamente.

Wes tardará un poco en caer quién es ella. A pesar de todo, nacerá entre ellos una especie de complicidad, de amistad,… Deciden ser más o menos follamigos, porque ninguno de los dos busca una relación. No creen en ellas. Rebecca, por su trabajo y sus problemas de abandono. Wes, por su desagradabilísimo divorcio y porque aún está reconstruyendo su vida.

Leí la novela bastante rápido. Entretiene un montón. La parte romántica y la erótica están muy logradas. De ser dos personas de esas que no creen en el amor, por buenas razones relacionadas con su experiencia personal, pasan, al final, a atreverse con un compromiso que no tiene ninguna garantía de éxito. No tengo muy claro que las escenas sexis vengan siempre a cuento o que tengan nada especial, aunque están escritas –eso sí– con toda la sensualidad del mundo.

Wes es un cielo, cocina que te mueres y enseña a adolescentes. Perdió su restaurante como consecuencia del divorcio y sueña ahora con montar otro. Una cosita más pequeña pero aun así, fuera de sus posibilidades. De momento.

A mí me tocó el corazoncito el personaje de Rebecca. Se esfuerza en hacerlo todo impecable y, sin embargo, sus traumas se le cuelan por las rendijas. Lo que más me entristeció –y me hizo llorar, estoy sensible– es su relación con sus padres. La madre la abandonó y el padre parece que solo la quiere si ella sigue siendo la hija ideal, si hace todo (en el trabajo, en sus relaciones, en cuestiones de dinero) tal como a él le parece correcto. Si no, amenaza con pasar de ella e incluso revelar su gran secreto.

¿Al final el padre preferirá ser ante todo padre y no perder la relación con ella? ¿O seguirá en sus trece con sus prejuicios…?

Para mí, Rebecca fue un personaje cercano, admirable incluso cuando se siente culpable. Envidio su capacidad para superar el palo que es que tus padres no te quieran, o no te quieran lo suficiente como para mantener una relación contigo. Si una pareja te deja, bueno, lo odiarás más o menos y al final, te será indiferente. Pero ¿que tu propia familia pase de ti? Siempre habrá un trozo de tu corazón que sigue amando en vano, que se siente dolido y humillado.

Esa es la parte que me gustó.

Lo que me convenció menos es la ambientación (nada especial), o la trama en sí en relación con adolescentes y obras de caridad. «El gran secreto de Rebecca» es algo previsible y no muy relevante, aunque a ella se le haga un mundo, y encima lo descubren en un momento de lo más melodramático.

Lo que más me sacaba de quicio era otra cosa. Odio, tanto en los libros como en la realidad, cuando la gente te llama por algo que tiene que ver con tu trabajo, pero fuera de él. No soporto que alguien se dirija a ti, en tu vida privada, como doctor, picapleitos, profe, señoría o poli

Oye, que si me estoy tomando un vermú con amigos es porque quiero desconectar.

Cada vez que Wes le decía a ella lawyer girl, me rechinaban los dientes.

Otra cosa que no me gustó nada es que Rebecca, después de oír la versión de Wes, le viene a decir algo así como que si hubiera sabido la verdad no habría defendido a su exesposa. ¡¿Comorr…?!

Desenfoca totalmente lo que debe ser un abogado: defensor de sus clientes, tengan o no la razón, de la mejor forma posible. Si se absuelve a un culpable, es solo que el abogado de la parte contraria, o el fiscal, no lo hizo suficientemente bien. O que no había pruebas. Pero lo que jamás podrá ser es porque no has tenido la mejor defensa posible. Wes es el típico que odia al abogado del contrario, sin plantearse ni por un momento que quizá su propio letrado no era el mejor. Lo que busca (y consigue) es hacer que el defensor contrario (Rebecca) se sienta culpable por hacer bien su trabajo.

(Llanto y crujir de dientes).

Aunque disfruté de este libro bastante menos que del anterior, seguiré con esta serie, que me parece estupenda, y cuyo tercer libro sale este mismo mes de enero.

Valoración personal: bueno, 3

Se la recomendaría a: la romántica contemporánea sexy, profunda y auténtica.

Otras críticas de la novela:

Como ya comenté al hablar del primero de la serie, en español encontré este post de Libropatas que la menciona como una de las que aconsejaría traducir al español. 

Ya dije que obtuvo críticas de 5 corazones en I love Romance & YA y una A le da Sheena en Smexy Books

4 ½ estrellas en Harlequin Junkie.


2 comentarios:

  1. Tengo pendiente a esta autora, a ver si este año puedo encontrarle hueco. Con tu reseña, desde luego animas.
    Besotes!

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    Respuestas
    1. A mi desde luego me encanta. Si quieres probar a ver si te va su estilo, recomiendo el corto del TBR Challenge, «Nice girls don't ride». La que más me ha gustado hasta la fecha, es –sin embargo–, la novela primera de esta serie, The ones who got away

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