miércoles, 3 de junio de 2026

¿De verdad necesitas tantas páginas?


Ayer mismo dejé de leer The dandelion princess, una NA que me estaba aburriendo y empecé a leer a saltos y aún así se me hacía larguísima. Acabé dejándolo en el punto 41%, miro en Goodreads y se supone que son 449 páginas. Tedioso, reiterativo, y todo para nada, ñoñerías.

Y me acordé que tenía escrito este artículo desde meses, sobre la longitud de las novelas

Lo pensé cuando me coincidió en el tiempo la lectura de una romántica contemporánea (Intenta conmigo), con tres de ficción literaria (Williwaw, El tren llegó puntual y País de nieve), y un clásico del suspense (Estudio en escarlata).


El tocho de romántica contemporánea Consider me son 462 páginas, según Goodreads. La de Conan Doyle, 166 páginas en mi edición en español, que ya sabéis que suelen tener un poco más que los originales en inglés. Ninguna de las tres novelas literarias que menciono arriba alcanzó las doscientas páginas. Recordé otro clásico que he leído este año, El gran Gatsby. Según Goodreads, la primera edición tampoco llegó a las doscientas páginas (180).

¿Por qué las autoras de ficción comercial romántica se sienten ahora impulsadas a llenar páginas y páginas de irrelevancia? —me pregunté. 

Autores de calidad contrastada, incluso ganadores del premio Nobel de Literatura, no necesitan tanto para armar buenas historias, retratar personajes y al tiempo dejarte con la boca abierta por su forma de escribir

Que en la literatura no todo es el Ulises, El Quijote o Guerra y paz.

Además, me daba la impresión de que eso era algo reciente, que en el pasado hubo romántica más corta. Una vez superados los tochos de los setenta y ochenta, eso sí.

Entonces di un paso atrás. Me dije (sí, yo hablo mucho conmigo misma, hasta discuto, estar en mi cabeza es de lo más entretenido): «Echa el freno. ¿De verdad ahora llenan más páginas? ¿No será tu impresión porque ahora escriben mucha tontada que no te interesa?».

 

¿Cómo saber si es impresión o realidad?

Lo ideal sería saber cuántas palabras tiene una novela, pero eso lleva mucho tiempo estudiarlo. Así que me fijé en las páginas. Cogí de mi base de datos las novelas románticas más apreciadas de cada década, hallé la media y la mediana (para un universo en que la muestra es tan pequeña, prefiero este último dato), y me puse a mirar a ver si había diferencias estadísticamente significativas (más menos diez por ciento). 


 

Aunque cogí novelas románticas de todo el siglo veinte, la verdad es que solo puedo hacer un análisis en serio respecto al período 1970-2025, ese es mi universo. Por diversas razones que no vienen a cuento, pero principalmente, por la heterogeneidad y escasez de muestra en las décadas anteriores. Además, ¿qué consideraríamos una novela romántica entre los treinta y los sesenta del siglo pasado? ¿Catalina de Anya Seton, Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell, Frederica de Heyer, Nueve carruajes esperan de Stewart?

Es verdad que la muestra ha sido muy pequeña, y se basa en las más apreciadas según mi base de datos. Las once más apreciadas de cada década. Hay que tener en cuenta que varía por el tamaño de letra, la edición, tapa dura o de bolsillo, etc. También depende del género. En ciencia ficción o en fantasía suele haber más extensión porque hay todo un mundo diferente que construir. Esto es lo que, hasta cierto punto, ocurre también en histórica; pero de los ochenta a los noventa se nota el aligeramiento de las históricas, ya no hace falta contar cómo era la Regencia, el Oeste norteamericano o la Edad Media inglesa, porque el lector ya sabe (o cree que sabe) lo suficiente, al menos, lo imprescindible para seguir el hilo de la historia.

 

Aquí viene el resultado de mi estudio.

Observo dos cambios que me parecen estadísticamente significativos.

👉 De los ochenta a los noventa, la extensión disminuyó ⇓ en un trece por ciento. Es el cambio de las históricas de Woodiwiss a las de Kleypas, para entendernos.

✋ Se mantuvo ⇔ más o menos estable, entre las 350-400 páginas, esa década, y las dos siguientes. Garwood, Phillips, Kleypas, Loretta Chase,… escribieron novelas habitualmente en esa extensión.

👉👉 En los años veinte de este siglo XXI se ha producido un incremento ⇑ de la extensión, hacia arriba, de nuevo en torno al diez por ciento.

 

¿Volvemos a los tochos de los ochenta? Sí y no.

Te ocupan las mismas páginas, pero no cuentan lo mismo

En aquellas décadas eran históricas que tenían toda una época que describir, y ocurría mucha peripecia a la heroína. Cenizas al viento, por ejemplo, tiene como dos partes, una en el sur, en Nueva Orleans, y otra en Minesota; la chica va y viene con mil disfraces. O Perfecta, de McNaught, abarcaba décadas de la historia romántica de una pareja, y el propio crecimiento de la heroína a lo largo de los años, desde que era cría, hasta que tiene su segunda oportunidad. He leído hace poco Los dulces años, de LaVyrle, largota, pero con un montón de peripecia, historias e historietas de lugares, y de personajes, muy interesantes, principales y secundarios.

O sea, había más páginas porque te contaban muchas cosas.

Como ya adelanté más arriba, entiendo que en romantasía o paranormal, por ejemplo, empleen más de cuatrocientas páginas por el worldbuilding. Son perfectamente comprensibles las 736 páginas de la edición en español de Alas de sangre, de Rebecca Yarros (2023). Pero se me hace más cuesta arriba entender que Emily Henry necesite 416 para contarnos Una historia divertida (2024).

Así llego a por qué Consider me (Intenta conmigo) se me hizo eterna. En contemporánea no me lo explico. Es un género que siempre ha tirado a la extensión corta o media. Para exigir más páginas tienes que «hacerte un McNaught»: abarcar varios años o lugares diferentes. Sin embargo, no suelen ser así las contemporáneas actuales. Rara vez hay cambios de escenario, y, si quitas los epílogos cursis de boda, niños, etc., no suelen transcurrir las historias más que en semanas o meses.


 

¿A qué dedican tanta página?

Dejando a un lado géneros específicos que exigen esa extensión, ya lo he dicho, como la romantasía, voy a centrarme a qué usan tanta página en cosas como contemporánea, que no tienes worldbuilding que construir.

Pues a contar en primera persona las rumiaciones, pensamientos y emociones de los personajes principales, que suelen ser siempre las mismas, una y otra vez. Lo que va y viene es la mente de los personajes no cambia mucho de un capítulo a otro. Al no ser personajes muy interesantes, ni especiales, ni graciosos (salvo raras excepciones), a mí me parecen muy tediosos. Me aburren los pensamientos de gente aburrida. La única que he leído de Emily Henry me resultó así.

Lo otro con lo que llenan páginas es con sexo. ¿A quien le amarga un dulce? Pues me sorprendo descubriendo que a mí. Con lo que siempre disfruté de que pusieran un poco de picante a las historias… Había tensión sexual no resuelta, y dos o tres escenas explícitas, y ya. Salvo en erótica, que entonces era un repertorio completo, variado, explorándose la relación entre los personajes de esa manera, evolucionaba al ritmo de los cambios en lo físico. El sexo, como le leí en una ocasión a Jennifer Crusie (parafraseo, quedaos con la idea), es lo que los personajes hacen, pero no lo que pasa en la historia.

Ahora, ¿qué encontramos? Una y otra vez, sexo descrito en detalle, en escenas que generalmente no marcan ninguna evolución en la historia; están ahí para hacer bonito, para excitar al lector, pero nada más. Muchas veces, me resultan reiterativas, no hacen nada nuevo, diferente, no hay tampoco una evolución o cambios en sus relaciones sexuales. No es que al principio tengan mal sexo y luego vayan aprendiendo a conocerse, intentando cosas diferentes, hasta dar con la tecla de unas relaciones fabulosas entre esos dos personajes en particular. 

Al final, no son sino estribillos repetidos de la misma canción.

Lo mismo ocurre si reservan el sexo para el final de la historia, el slow burn que le llaman; hasta llegar a ese punto ha habido, desde el minuto uno, mucho entumecimiento, humedades y chorreos, pero sin culminar nada. Contado una y otra vez lo sexis que se encuentran y lo mucho que se desean, y sus cambios físicos, pero que no llegan a tener sexo por razones equis, generalmente ridículas y muy forzadas.

 

¿A qué se debe esto?

¿Por qué se sienten compelidas a llenar páginas y páginas de nimiedades o chorreos?

…¿Por el estilo NA, que es un remedo pobretón de la corriente de conciencia y monólogo interior de Woolf o Joyce?¿El modernismo anglosajón triunfó con un siglo de retraso en un subgénero comercial?

…¿Será por el formato digital?

… ¿Por la autoedición que hace que no corten nada?

… ¿Será el Kindle Unlimited, que paga por página leída (o meramente pasada) por el lector?

… ¿O porque se sienten impulsadas a escribir mucho y rápido, sacar varios libros al año, para tener alguna ganancia en un mercado muy saturado? Hay un público inmenso para la novela romántica, pero no es infinito, y la competencia es dura.

… ¿Podría ser porque, quizá, por culpa de las redes sociales y el scroll infinito nuestra capacidad de atención se ha reducido al mínimo, saltando de acá para allá como un colibrí de flor en flor y necesitan contarnos lo mismo una y otra vez para que nos enteremos?

… ¿Les faltan editores? Suelo pensar que un autor debería escribir como un mono loco, furioso, páginas y páginas… pero luego revisar como un editor implacable, cortando y quitando todo lo que no sea esencial para la historia. Ser apasionado primero y frío después. Tengo la impresión de que se han olvidado de esta segunda parte. Por eso a veces digo que a una novela le falta un hervor, o que habría agradecido un editor que les quitara un tercio, o la mitad,…

La verdad es que… No tengo ni idea de cuál es la razón de este fenómeno. Sólo lo constato.

Al final, no es tanto las páginas que haya en el libro, sino a qué se dediquen.

 


Yo, francamente, prefiero que cada palabra sea relevante

Quiero que cada palabra cuente, que cada frase sea relevante, que contribuya a la historia o a la caracterización de cada personaje.

Tú te coges una de lectura lenta, como las de Heyer o, ahora que la he descubierto, las de Ibbotson, o el otro día me pasó, con una de Carla Kelly... y no te pierdes ni una coma, porque cada palabra sobre el papel encierra algo, tiene sentido en el marco general de la novela.

Las románticas de hace años… Las de Kinsale, Joanna Bourne o Lisa Kleypas; o, en contemporánea, las de Susan Elizabeth Phillips, Jennifer Crusie o Rachel Gibson, eran así para mí, me las leía de pe a pa y las cerraba con sonrisa de satisfacción.

Me podían gustar más o menos (casi todas las autoras tienen algún bodrio), pero no recuerdo haber tenido constantes ganas de saltarme nada.

En cambio, la mayor parte de las contemporáneas que pruebo ahora,… si están contadas en estilo NA, rara vez las leo enteras. Salto más que Armand Duplantis.

 

 💋 😃 💚 💛 💙 💗 💖 💓 💞

Total, que no sé yo a qué se debe el fenómeno de llenar tantas páginas, ahora, con lo que a mí me parecen nimiedades. Si alguien tiene alguna idea, por favor, que me lo cuente. Solo sé que yo no lo disfruto.

 

 💟 💙 💝 👄 💘 💕 💥 💜 💚

Nota final: La pregunta que no me he hecho ni tampoco he estudiado es si, en este punto, es justo comparar ficción comercial con ficción literaria. Si este fenómeno no ocurrirá igual en otras narrativas comerciales como la ciencia ficción, la novela negra o la histórica tipo Edhasa. Porque de eso, ay, no tengo bases de datos confiables.

1 comentario:

  1. Hola.
    Bona, yo tampoco disfruto con cómo se está escribiendo el romance actual. De entrada ya me cuesta trabajo empatizar con aquellos personajes que, supuestamente, son adultos por culpa del NA. Hay mucha paja a base de pensamientos que terminan en cosas que no llevan a ninguna parte y que te hace perder el hilo de una jod*** conversación, vamos unas parrafadas del copón que me salto por aburrimiento, pero también molesta porque no me gusta dejarme nada atrás, verdad?
    No sabría decir el por qué tantas páginas pero creo que hay algo de verdad en cada una de las cuestiones que planteas. Tengo la impresión, hablo del libro físico, que en romántica actual se cuida más el continente que el contenido. Se publican muchas ediciones especiales con un mínimo de 480 páginas pero con historias que solo hablan del mundo interior de los personajes principales, lo que hace difícil mantener la atención a lo largo de tantísimas páginas.

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