Este mes me toca hablar de una
de las escritoras que más respeto y admiración me merece. Puntillosa, con
héroes torturados y una intensidad emocional a flor de piel, no es novelista
apta para espíritus endebles y corazones ligeros. Lo más literario que puede
producir este género.
Una de las cosas por las que se recordará siempre a Laura
Kinsale en la historia de este género es la siguiente…
Sí, bueno, no le veis nada especial. Ni siquiera es un
libro que ahora guste mucho (véase reciente crítica en A la cama con… un libro). Pero fijaos en la portada. En los ochenta, todas las
portadas tenían al chico y la chica. Sólo hay que recordar cualquier romance Vergara
de la época, que conservaba las de la edición en inglés original. En posturas
forzadísimas. Ellas súper guapas y mostrando algo más que el canalillo. Kinsale
decidió que no, que en realidad tetas y bellezas irreales es algo que a la
lectora se la trae al pairo. Que es el
héroe el que carga con el peso del libro. Como objeto de deseo, sí, pero
también como personaje con el que el lector se identifica.
Así que hizo algo revolucionario, puso al héroe él solito
en la portada. No es fácil saber si fue la primera, pero desde luego sí que fue
una de las primeras. Con Fabio Lanzoni, otra figura imprescindible
en la historia de este género. De nuevo, a pesar de lo ridículo que puedan
resultar algunas cosas.
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| uno de los clásicos indiscutibles
del género |
Conocía a esta autora con Flores en la tormenta
(1992), con toda seguridad la más valorada de sus novelas y uno de los clásicos indiscutibles del género.
Me fascinó, me impresionó, me hizo exclamar, ¡ah, la
romántica también puede ser “así”!
“Así” significa profundidad psicológica en los personajes,
auténtica reconstrucción de una época sobre todo en la mentalidad, que es lo
que me parece más difícil de lograr. Y
un estilo, a la hora de escribir, que yo calificaría como “literario”: cuidado,
pulido, de ese en que no falta ni sobra una frase, todo medido con un rigor cuasi
científico.
Es la novela en la que piensas cuando alguien que desconoce
este género te dice que la novela romántica es toda igual, superficial, y que
va de chicas pobres que encuentran a su príncipe azul. Bueno, sólo si el
príncipe azul puede ser alguien que ha sufrido un ictus y que tiene serios
problemas de comunicación y lectoescritura, a quien la sociedad considera loco,…
Toda la parte del libro narrada desde la perspectiva de Christian me pareció
fascinante, recordándome un poquito a Flores para Algernon, un clásico de la ciencia ficción, en el sentido de la
fascinante exploración de una mente humana generalmente considerada
“defectuosa”.
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| Sin duda, la novela que más me ha impresionado
de esta autora, como novela histórica, más que como romántica, eso sí. |
Ahí entré en contacto también con algo que es un lujazo en las ediciones españolas de romántica: portadas dignas (aquí presento unas cuantas), traducciones excelentes. Plaza & Janés respeta a
Laura Kinsale, trata sus libros como lo que son, obras literarias que se
merecen la mejor versión posible en español. Destacaría Por el corazón de mi dama (1993), a cuya traducción le di, en mi
crítica, ovación y vuelta al ruedo.
Estas dos novelas, Flores
en la tormenta y Por el corazón de mi
dama, son mis favoritas de esta autora. La primera, por los personajes. La
segunda, por la increíble, asombrosa, maravillosa, alucinante… recreación de la
desolada Europa occidental del siglo XIV. Una novela histórica fantástica.
Laura Kinsale escribe novelas románticas históricas. Destacaría la facilidad con la que te
sientes en esos otros mundos con total credibilidad. No tienes la sensación de que haya anacronismos,
las tramas tienen sentido en esa época. Si es la Edad Media, los sentimientos,
creencias y supersticiones de los personajes son los propios de ese entonces.
¿Y cómo son sus protagonistas? Ellos, los héroes más oscuros, torturados, reprimidos,
sufridores, hasta morbosos, que puedas imaginarte. Candy Tan, en Beyond Heaving Bosoms: The Smart Bitches'
Guide to Romance Novels, de Sarah Wendell y Candy Tan (© Touchstone, 2009),
señala un héroe de Kinsale entre sus favoritos, Sheridan Drake, de Una dulce llama, y comentando las
características de este personaje, añade que “Dios sabe que nadie escribe
atractivos protagonistas dañados mejor que Laura Kinsale”.
Ellas, mujeres muy de su época que, sin embargo, tienen
convicciones propias. Aunque a veces quedan perplejas por las limitaciones de la
sociedad, saben buscar su camino personal en entornos no siempre favorables. Ejemplifican muy bien diversos “tipos” de protagonistas femeninas, como
se puede leer en la ya mencionada Beyond
Heaving Bosoms. Así Folie de Una
extraña locura o Leda de Sombra y
estrella serían el modelo de “heroína simple y fuerte”; Merlin de Luna de agosto, la “antiheroína”;
Melanthe, de Por el corazón de mi dama,
la “heroína alfa, kick-ass”; Zenia,
de Sueños del desierto o Leigh, de El señor de la medianoche, serían tu “paloma
herida” estándar; y, por último, Olympia, de Una dulce llama, encarnaría a la nada llamativa “chica normalita”
(simple Jane en inglés).
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Folie, su protagonista,
favorita de
Kinsale
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Preguntada sobre sus protagonistas preferidos, Laura
Kinsale dijo, en una entrevista en All About Romance que su heroína favorita era Folie, de
Una extraña locura, porque se
enfrenta a la vida con un extravagante sentido del humor. En cambio, no fue
capaz de elegir a un héroe como el mejor. En aquel momento, recién acabada Corazón en sombras, se sentía muy próxima
a Allegreto, un personaje que le resultó “fascinante escribir”, y le costó más
“dejar ir” a este personaje que a otros.
“Allegreto es muchas cosas, y podría
ser mi personaje más poderoso”.
El estilo de escritura
es, ya lo he dicho, cuidado, medido. Kinsale tiene una formación científica, no
de letras. Creo que de ahí le viene ese rigor y precisión tan poco habituales
en la novela romántica. Su sutileza exige una lectura reposada, muy atenta a lo
que se dice para poder leer entre líneas.
Ella misma lo reconoce, en esa misma entrevista a la que me
referí antes, cuando habla de que no le pone las cosas claras a los lectores,
que prefiere que los personajes muestren
lo que ocurre, más que andar ella explicándolo detalladamente. Considera que esto
“intensifica la experiencia para los lectores acercándoles más a las
percepciones de los personajes. Un lector tiene que prestar atención a las
pequeñas cosas, y puede que por eso la gente a menudo dice que sacan más de mis
libros en una segunda lectura”.
No, no son novelitas ligeras,
ágiles y rápidas de leer.
No, lo suyo no son las tramas
complejas o intrigantes, sino los personajes.
No, tampoco es el humor, sino la
intensidad emocional.
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| Merlin, la antiheroína |
El primer libro que vendió, según contó en Dear Author fue El corazón
escondido, quizá la más flojita de sus historias. Pensé que sería Una dulce llama, pero no, por lo visto
fue este otro. Cuenta que ella escribía varios capítulos de una historia y
luego se cansaba. Y eso era lo que mandaba a las editoriales. Que
sistemáticamente la rechazaban. Hasta que una le dijo que vale, que podría
interesarles, que enviara el resto de la historia… algo que todavía no había
existía más que en su imaginación. En vez de mandarla de paseo por lo que
podría considerarse escasa seriedad, la editorial le propuso que escribiera una escena
sensual, a ver qué tal se le daba. Lo hizo y les pareció aceptable, así que eso
le impulsó a terminar el libro. Dice que fue la única vez que pudo escribir una
escena con anticipación. Creo entender que es de las que trabaja en riguroso
orden cronológico.
Otra de las cosas que me gustan de su producción es que no
escriba series, sino libros individuales, con historias cerradas que empiezan y
acaban en sí mismas. Los personajes secundarios no son “carne de secuela” sino
que desempeñan un papel dentro de la historia. Sólo tiene un par de “dípticos”:
“Corazones victorianos”, formada por El
corazón escondido (1986) y Sombra y
estrella (1991) y “Corazones medievales”, que relaciona Por el corazón de mi dama (1993) y Corazón en sombras (2004).
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Una de las mejores de Kinsale
Y de las pocas que está relacionada
con
otro libro anterior de la autora
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El elevado nivel de auto-exigencia de esta autora hace que
no tenga una gran producción. Doce
novelas publicadas 1985 y 2010, o sea, en veinticinco años de actividad
profesional. Y con un lapso, del 1997 al 2004, en que no publicó nada nuevo.
¿El resultado? Ninguna de sus novelas es mediocre o irrelevante. Las hay excelentes,
unas cuantas buenas y, alguna, menos buena. Pero en todas puedes encontrar algo
especial. Es de las poquitas autoras de romántica que tiene traducida al
español toda su obra.
“Ahora escribo porque quiero escribir, no simplemente para
vender. He descubierto que es la única manera en que puedo seguir haciéndolo.
Naturalmente, las editoriales tienen una perspectiva totalmente diferente”.
Quien nunca haya leído nada de Laura Kinsale, puede empezar
por cualquiera de las tres que aparecen en el Top 100 de All About Romance de
2013 y cuyas críticas ya han aparecido aquí: Sombra y estrella (1991), Flores en la tormenta (1992) o Por el corazón de mi dama (1993). Yo añadiría Una
extraña locura (1997), con una primera parte de delicioso romance epistolar. Cualquiera de ellas entra dentro de la categoría de
excelente y servirá para saber si el estilo de esta autora te va o no te va.
Quizá la más accesible, o menos desafiante para el gusto medio, sea Sombra y estrella.
Iba a poner el
top ten de Laura Kinsale, pero teniendo sólo doce novelas, voy a hacer
una lista completa, por el orden que (creo yo) es de más apreciadas a menos. He
aquí el
Top
Twelve:
- Flowers From The Storm / Flores en la tormenta (1992)
- The Shadow and The Star / Sombra y estrella (1991)
- For My Lady’s Heart
/ Por el corazón de mi dama (1993)
- Shadowheart /
Corazón en sombras (2004) Premio RITA al
mejor romance histórico del año
- The Prince of
midnight / El señor de la medianoche (1990) Premio
RITA al mejor romance del año
- Uncertain Magic /
Magia dudosa (1987)
- Seize the Fire / Una
dulce llama (1985)
- My Sweet Folly / Una
extraña locura (1997)
- Midsummer Moon /
Luna de agosto (1987)
- Lessons in French /
El profesor de francés (2010)
- The Dream Hunter /
Sueños del desierto (1994)
- The Hidden Heart /
El corazón escondido (1986), quizá la obra
que menos entusiasmo despierta.
Para los que quieran intentar Audiobook, destaco que sus novelas tienen en inglés un narrador (Nicholas Boulton) de esos que cuentan con una voz que abriga más que una
manta zamorana.
Aquí, un clip de You Tube con Laura y Nick charlando en el
estudio de grabación. Cuando le preguntan por uno de los diez libros de Kinsale
que hasta entonces llevaba grabados, destaca la dificultad de Por el corazón de mi dama, por aquello
de los acentos y el inglés antiguo.
¿Queréis oír algo más de Nick? Al final de este artículo, hay un ejemplo de The
Prince of Midnight.
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| Lo último, hasta la fecha, de Laura
Kinsale |
Sus opiniones sobre el género me parecen fascinantes, aunque no estoy segura de
entenderla totalmente. El suyo es uno de los artículos que más me gustó en el
ensayo Dangerous Men and Adventurous
Women, editada por Jayne Ann Krentz (© University of Pennsylvania Press, 1992).
Se titula “The Androgynous Reader” (“El lector andrógino”). Viene a decir que
una cosa es identificarse con un personaje y otra colocarse en su lugar. En su
opinión, las lectoras no nos identificamos con la heroína, que muchas veces es
tontuna, irritante y ni de lejos el tipo de mujer que somos o querríamos ser
(pone de ejemplo a la irritante prota de Shanna).
“Estar en su lugar” es otra cosa diferente.
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Aquí, portada de Shanna,
de Kathleen Woodiwiss
Ejemplo de heroína insoportable
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Luego te habla del punto de vista, de cómo durante años los
editores se negaron a que la novela abandonase el punto de vista de la heroína.
Fue todo un triunfo que a finales de los ochenta se empezara a incluir el punto
de vista masculino y, puntualiza Kinsale con cierto recochineo, nadie ha vuelto
a quejarse ni a exigir “más punto de vista femenino”.
Su conclusión,
hasta donde llego a entenderla, es que el lector de romance (estadísticamente más lectoras que lectores) se implica más a menudo con el
héroe que con la heroína, y que lo más satisfactorio en un romance es cuando
espontáneamente te identificas con los dos personajes. Porque ni el héroe ni la
heroína son personas de verdad, sino ficciones literarias. Construcciones
internas dentro del lector, puesto que toda la aventura literaria es interior.
El final feliz del género sería, así, una dramatización
de la integración del yo íntimo, explorando y reconciliando los elementos
“masculinos” dentro del lector femenino. Esta teoría de identificación con el
héroe es algo que a Lisa Kleypas, por ejemplo, no la convence, según leo en el
ensayo ya mencionado de Wendell y Tan. Yo creo que el problema es de que
confundimos identificar con identificar en el deseo o amor del héroe por la
heroína, y no es eso, me parece más bien que es implicación emocional en la
peripecia del héroe.
Por eso, paradójicamente, gustan tanto los “héroes
torturados”. Otros autores han interpretado esto incluso en clave feminista en
plan el poder de la mujer para dominar al macho, el hombre herido es más fácil
de domar… Quizá, dice Kinsale. Pero nos pregunta si esto es verdaderamente así,
cuando recuerda ciertos momentos climáticos que ya han pasado a la historia…
Cuando Rhett dice a
Escarlata, “Francamente, querida…”;
cuando Ruark Beauchamp de Shanna
lanza “un grito inhumano y furioso… desde la carreta acompañado por repetidos golpes
contra la pesada puerta de madera”; cuando Clayton Westmoreland rompe el vaso
de brandy con la mano en Tú eres mi amor
de Judith McNaught; cuando Slade en A
Matter of Choice de Nora Roberts gruñe, “Te quiero, maldita sea. Y me
gustaría estrangularte por ello” -¿quién,
pregunto yo, es el lector en ese
momento?
No la heroína, disfrutando a
tope de su femenina venganza o de ese triunfo que los va a unir.
Oh, no. Ella es el héroe.
Ahí queda eso.
Sí que comparto, sin duda alguna, la mayor parte de las
cosas que ella dice, siempre en un contexto de romance heterosexual:
a)
El peso del libro lo
lleva el héroe. Una novela romántica funciona o no por el héroe, no por la
heroína. Matizaría que, en subgéneros como la women’s fiction o el chick
lit el énfasis es otro, pero si el chico de la película no es lo que debe
ser un héroe de romántica, podrá funcionar como novela, pero no como romance. En
Beyond Heaving Bosoms Tan y Wendell
insisten en esta idea: “Si la heroína es demasiado estúpida para vivir,
decepcionante, de cartón piedra o le pones cualquier otra objeción, un gran
héroe puede mantener al lector interesado en el libro”.
b)
El héroe importa como
algo más que fantasía sexual. Nos gusta como personaje, sin más, y nos entusiasman sus
comportamientos, de la misma manera –pienso yo- que nos puede entusiasmar la
inteligencia o habilidad de un Poirot o un Montalbano o un James Bond o… Máximo
Décimo Meridio. No tiene nada que ver ni con roles de género, ni con sexualidad
sino a mi modo de ver, con esa parte épica que tenemos todos dentro y que en el
caso de la mujer, se ha reprimido dentro del rol tradicional, más lírico, por
así decirlo. Preguntada al respecto para Beyond
Heaving Bosoms, Kinsale se explica: “es una forma para las mujeres de explorar los elementos que
hay en el interior de ellas mismas y que, tradicionalmente, se han considerado masculinos
en nuestra cultura”.
c)
La lectora no se
“identifica” con la heroína, sino que mentalmente “se pone en su lugar”. Para vivir
experiencias ficticias como una forma de catarsis, añado yo. Algo tan viejuno
que se remonta a Aristóteles. No, de verdad, ningún hombre ni mujer quiere
realmente ser espía de Su Majestad y que el futuro de la civilización
occidental dependa de lo que uno haga o deje de hacer; pero es entretenidísimo
leer sobre eso y vivir esta experiencia sabiendo que al final el héroe
sobrevive y lo ha arreglado todo… épicamente.
Finalizo. Que me dejo llevar por el entusiasmo y acabo
enrollándome como una persiana.
No soy demasiado fan, es decir, no suelo idealizar a las
personas cuya obra admiro. No tengo mayor interés en conocerlas, ni saber qué
es de su vida personal. Esto es particularmente cierto en el caso de Kinsale.
Por cosas como la siguiente. Aunque algunas veces admite que
sus lectores pueden ver en sus novelas algo con lo que ella no contaba, otras ha
“corregido” al lector que ve su libro de una manera que ella no comparte. Así,
en la reseña en Dear Author de El profesor de francés se metió para criticar a quienes habían encontrado el libro
algo melancólico, diciendo que no, que no lo era…. En mi opinión, una vez que
el libro está ahí afuera, cada lector puede encontrar en él lo que quiera o
pueda. Si a alguien le resultó sombrío, ésa es su experiencia personal y real,
aunque no fuera intención del autor.
Por eso digo que, si tuviera que elegir una autora de
romántica con la que irme de blancos, Kinsale no estaría entre mis primeras
opciones... Aunque si tuviera que elegir un libro de romántica que me encantaría haber escrito, entre las decenas de miles que hay en este género, sería Por el corazón de mi dama.
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Esta es una de las fotos que se suelen
encontrar de esta autora, tomada de la solapa interior de Sombra y estrella, ed. Plaza & Janés.
De su primera comunión. Si entráis en el
enlace YouTube veréis que su aspecto reciente es otro.
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