Male / male romance
Grumpy / sunshine
... hockey de tercera, resultón
Power Play
Por AVON GALE ‧ Fecha: mayo de 2016
Cualquiera lo pensaría, ¿no? La víctima de semejante lance tendría que guardarle rencor a su supuesto victimario.
Pero no es así. Claro que Misha no puede evitar sentirse algo culpable.
Misha (40) trabaja como entrenador principal de los Spitfires, un desastre de equipo; y contratan a Max (29) como asistente. Es una especie de apuesta que hace Belsey, el dueño del equipo, a ver si saltan chispas y el morbo hace que más gente vaya al estadio.
Lo que realmente tenía era un equipo de inadaptados capitaneado por un portero con problemas para controlar la ira y un piercing en la cara, entrenado por el hombre que acabó con la carrera profesional de hockey de Max, y propiedad de un imbécil sórdido que iba a usar eso como publicidad.
Porque sí, amigas, el mundo de Avon Gale no es el de la millonaria NHL, ni siquiera de los equipos de segunda que son filiales de la NHL y les sirve de granja de jugadores, esa es la AHL.
No, queridas mías, aquí estamos en lo que sería la tercera regional, la ECHL. Olvidaos de contratos millonarios, jets privados y miles de aficionados animando. Esto es todo más cutre y limitado. No deben tener ni puck bunnies.
Y no, el dueño del club no consigue lo que quiere, eso de que la enemistad entre Max y Misha le llene el estadio.
Max no odia a Misha. Es más, nada más darse la mano y cambiar un par de palabras, está como quien dice deseando ponerse de rodillas delante de él, ya sabéis a lo que me refiero.
O sea, está muy muy muy lejos de odiarlo. Claro que a ver quién se atreve a decirle nada a Misha.
Lo primero es que el equipo se enderece un poco, que logre dejar el último lugar y pueda encaminarse a los playoffs de la copa Kelly.
El clic se produce cuando Misha les dice que no piensen en el siguiente partido, ni siquiera el tiempo siguiente, sino este momento, el ahora, qué hacer ahora con el disco. Con semejante mindfulness deportivo algo pedestre empiezan a cambiar el chip.
Misha es un padentrista de antología. Aparte de que padece migrañas, el pobre.
—Soy ruso —dijo Misha con un leve atisbo de sonrisa— Nosotros nos angustiamos.
—Ya veo. Bueno, yo soy estadounidense. Les imponemos a otros las cosas que creemos que necesitan. Como la democracia. Y la música pop.
Max es un libro abierto, lo sabes todo de él. Un tipo alegre que acepta sin remilgos su bisexualidad y lo que le eche la vida.
En cambio, Misha es bastante cerrado. Intuyes que su pasado ha debido ser durillo. No habla de ello. No está dispuesto a que Max lo descubra. Cuanto más significa Max para él, menos posibilidades de que diga nada. No quiere perderlo por cosas del pasado remoto.
Hay toques de humor con las referencias al existencialismo de la literatura rusa, el angst y la culpabilidad. Algo bastante ajeno a Max, un feliz ignorante de la más básica Geografía,… bueno, y de historia, literatura, o cualquier cosa que pueda ser un poco complicada.
Tampoco controla mucho lo del sexo entre varones, pero suple ignorancia con entusiasmo de sobra.
No es que sea un zote total: sí que sabe de hockey, y de cómo tratar a las personas.
Entretenida, aunque me gustó más la otra que leí de la autora, Empty net, que es la siguiente a esta. Por eso había cosas que ya sabía cómo iban a pasar. Sería mejor leer la serie en orden.
De todas formas, si te gusta el romance gay deportivo, esta es una muy buena opción. Además, tiene como punto positivo, para mí, que se narra en tercera persona, aunque con el deep point of view, con diálogos ágiles y cierta gracia, incluso aunque toque temas algo difíciles, como la homofobia.
Mi experiencia: buena, 3 estrellas.
Audio / eBook / Print, 200 páginas
Dreamspinner Press (5/2016)
Parte de una serie: Scoring Chances #3
ISBN13: 9781634772433 (del trade paperback)
Joyfully Jay, 5 estrellas.
NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL

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