miércoles, 2 de septiembre de 2026

20 años de…“A reason to live”, de Maureen McKade

 

Vaya peliculón, casi como una clásica del Oeste

 


 

DATOS GENERALES

 

Título original: A reason to live

Subgénero: histórica/1865

Fecha de publicación: 9/2006

Parte de una serie: Forrester Brothers #1

Editorial: Berkley Sensation

Páginas: 281

ISBN 9780425212202 (Mass Market Paperback)

 

NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL

 

SINOPSIS (de Fiction Data Base)

¿Cómo podía negarme al deseo de un hombre moribundo?

30 de mayo de 1865: durante la guerra, cuidé de demasiados jóvenes en el hospital; los consolaba mientras clamaban por sus seres queridos y me susurraban sus últimas palabras. Llevar un registro de sus nombres, familias y mensajes finales me parecía un pequeño homenaje a su sacrificio... hasta que la guerra terminó y encontré una nueva misión en la vida.

Visitaría a los seres queridos de aquellos pobres soldados y les entregaría sus mensajes, para que pudieran hallar algo de consuelo incluso en medio del dolor...

Pero Laurel Covey jamás esperó encontrar a un hombre como Creede Forrester: un antiguo pistolero que había cabalgado desde Texas hasta Virginia con la esperanza de encontrar a su hijo, y que terminó salvándola de una banda de rufianes. Le causa un profundo dolor tener que comunicarle la muerte del muchacho; cree que, en el fondo, Creede se culpa a sí mismo por haber alejado a su hijo. Sin embargo, hay algo más en este hombre de aspecto rudo y cansado. Algo que atrae a Laurel hacia él... algo a lo que no puede resistirse...

 

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?

Sí. Entró en mi primera lista de las mil mejores novelas románticas, en el puesto 223, y aún pasa el corte. Tuvo críticas máximas en dos páginas de referencia, The Romance Reader (un Five hearts Keeper) y All About Romance (Desert Island Keeper). Wendy the Superlibrarian le puso una A (la incluye en su Top de históricas del Oeste), ganó el premio RT 2006 en la categoría Romance histórico ambientado en Estados Unidos; en esa página también fue un Top Pick! En la encuesta que hacían en All About Romance entre sus lectores, ganó en la categoría de mejor romance de histórica estadounidense o de Frontera (empatada con otra). En la miniencuesta que hicieron en 2014 de novelas ambientadas en el Oeste o la Frontera, estuvo la 12. Fue escogida entre las favoritas de una de sus críticas (Pat). También en 2006 fue elegida entre las mejores del año por Romance Readers at Heart.

 

CRÍTICA

Esta es la novela más apreciada de una autora para mí desconocida. La compré en papel, en inglés, y me encantó. Quise leerla poco a poco, degustando cada palabra, pero me atrapó la historia y acabé leyendo casi de un tirón.

Estupenda, de esas que sigues pensando en los personajes tiempo después de haberla acabado.

El planteamiento es bien original. En Laurel Monteille Covey (27) tenemos a una norteña de Massachusetts que, por haberse casado con un oficial sureño, pasó la guerra de Secesión como enfermera del ejército confederado.

Los doctores confían en ella para hacer el triaje, o sea, decidir a qué soldados se puede razonablemente salvar y a quienes no. Acompaña a los desahuciados en sus últimos momentos, apunta sus nombres y, en algún caso, los mensajes que quieren enviar a sus seres queridos, quizá algún objeto personal.

Laurel, con fidelidad casi notarial, todo lo apunta y lo recoge.

Acabada la guerra, ya viuda, esto le pasa factura en algo que ahora reconocemos como PTSD, pero que en la época no tenía ese nombre ni se entendía bien. Realmente solo después de la guerra de Vietnam se aceptó esto del estrés postraumático. Me recordó a otra novela sobre enfermera con este padecimiento, A soldier’s heart (1994), de Kathleen Korbel, otro cinco estrellas. 

Hay una creencia generalizada en que los traumas se olvidan, algo muy freudiano. Pero la experiencia real es más bien la contraria: no te lo quitas de la cabeza, vuelve una y otra vez. A veces, en casos extremos, lo hace con tal realismo que no es que lo recuerdes, es que lo revives otra vez.

Es lo que le pasa a Laurel. Además de las pesadillas y los dolores de cabeza, a veces lo que la rodea desaparece y se encuentra de nuevo en ese hospital de campaña, rodeada de olores repulsivos y soldados moribundos, muchos unos auténticos críos.

Cree que se está volviendo loca. Pero tiene una última misión que cumplir, antes de enajenarse por completo: llevar esos mensajes a las familias. Está ya en la recta final de su viaje cuando se encuentra con el chico de la película.

¿Y quién es él?

Pues Creede Forrester (38), otro viudo, que la busca para saber de su hijo, quien se marchó de casa a la guerra. Laurel le informa de que su hijo murió pero, ay, de él no tiene ningún recuerdo ni últimas palabras.

Creede, vistos los peligros a los que se enfrenta Laurel y sabiendo que el final de su periplo es Texas, decide acompañarla y protegerla, sin saber muy bien por qué.

Al principio, Laurel lo rechaza. Luego se da cuenta de que eso es un enfurruñamiento algo infantil, y decide aceptar su compañía y ayuda. Juntos, irán recorriendo el sur posterior a la guerra, hablando con las familias, encontrando diferentes situaciones, unos lo llevan mejor, otros peor.

Encuentran paisanos muy particulares, como un dueño de hotel gay que Creede trata con fría distancia. Laurel lo acepta, como acepta todo:

—Después de lo que vi durante la guerra, he aprendido que una persona tiene que encontrar la felicidad donde pueda. No soy quien para juzgar.

Estar con Creede le hace preguntarse si no estará haciendo más mal que bien reabriendo la herida de aquellas familias. Ninguno de los dos es muy abierto con sus pasados; poco a poco se irán conociendo. La atracción física entre ellos está ahí presente, desde el primer momento, cosa que afrontan como adultos, hablándolo.

—Quiero más, Creede. Te quiero a ti.

—Sí, ahora sí, pero mañana lo lamentarías.

Sí, los mimitos están bien, pero no arreglan los problemas de fondo, o incluso los complican demasiado.

La compasiva Laurel ha sufrido, ha perdido demasiado y carece de esperanzas respecto a su futuro. Por eso, cierra su corazón y pretende distanciarse de todo.

Claro que peor es lo de Creede, que perdió a su mujer y a su hijo.

Me encanta que en Creede encontramos cero mansplaining. Respeta el conocimiento de Laurel, la apoya en lo que puede, sin pretender saber más de ella respecto a su ámbito de experiencia. Aunque, a veces, le frustra que Laurel se arriesgue tanto por desconocidos.

Conmovedora, durilla a veces, ¡no te extrañe si mojas la pestaña! Aunque también tiene momentos sexis y ciertos toques de humor, que parecen imposibles en un entorno tan tremendo.

Por eso creo yo que es fácil de leer, por la humanidad de los personajes, por esos diálogos entre personas adultas, que se plantean cosas serias, lo mismo que, a veces, se vacilan un poco.

Tiene de bueno que no romantiza el conflicto independentista llamado guerra de Secesión, ni la situación de los antiguos esclavos. Claro que el principal mensaje no es, creo yo, sobre el sufrimiento en sí de la guerra, o los motivos que llevaron a ella, sino que hace reflexionar a los personajes (y al lector con ellos) sobre eso que dice el título: «una razón para vivir» cuando has perdido a tus seres queridos.

¿Por qué se tomaba la molestia? ¿Quién era Laurel para él, aparte de alguien a quien acompañar hasta Texas? Sí, ella había estado con su hijo en sus últimos momentos, pero no tenía nada que ofrecerle a él —ninguna de esas preciosas palabras que regalaba a otras familias. Si tuviera una pizca de cerebro, se montaría en su caballo y se alejaría, dejándola a su suerte.

Entonces, ¿por qué no lo hacía? Porque ella atraería a todos los rufianes en un radio de ochenta kilómetros a la redonda. Porque, maldita sea, Laurel Covey era demasiado compasiva para su propio bien. Porque contra todo sentido común, estaba enamorándose de esta mujer tan frustrante, exasperante y hermosa.

Por cierto que hay un giro final que ves venir de lejos, pero no cómo lo resuelve. Muy hábil, sorprende y quieres abrazar a Creede y Laurel como peluchitos.

En mi experiencia, ha sido toda una joyita. No me extraña en absoluto que gustara a alguien tan exigente como Wendy the Superlibrarian, o que tenga crítica de DIK A en All About Romance, o ganara un premio RT, o las lectoras de AAR la escogieran entre lo mejor del año.

A ver si leo alguna cosa más de esta autora. Claro que esta manía mía de empezar a leer a un autor por lo más apreciado de su producción significa que el resto posiblemente no las disfrute tanto.

Valoración personal: sobresaliente, 5

Se la recomendaría a: quienes gusten de históricas bien escritas y mejor ambientadas.

Otras críticas de la novela:

En español no he encontrado nada. Paso al inglés:

All About Romance, DIK A

Wendy the Superlibrarian le dedica crítica de A, en un artículo titulado «Dead, my ass» (2006), considera que el western no está muerto, solo descuidado, en hibernación. ¿Ahora seguirá pensando lo mismo?

En The Good, the Bad and the Unread comentan este libro (y lo recomiendan) entre otros referents al romance del Oeste: «Recs: A Little Less Talk & A Lot More Western». 

The Passionate Reader incluyó esta novela entre las que ella calificó como A+, y si vas repasando, es una lista impresionante con un montón de novelas muy conocidas y populares.

Si quieres saber algo más sobre Maureen McKade, aquí está su entrada en Writer’s Space.

Enlace a Goodreads, donde tiene una valoración media discreta, 3.98 estrellas, con 344 ratings y 30 reviews