viernes, 13 de diciembre de 2024

Memorias (4): En las genéricas hay de todo, como en botica

 

 

 

 


Variedad

Como conté en el primero de mis artículos sobre «esos harlequines viejunos», que en una novela de este tipo, en una genérica, cabe de todo: contemporáneas, históricas, suspense, espirituales cristianas, lo mismo una enfermera con PTSD que un muchacho amish,… lo que sea que atraiga la fantasía del lector.

En cada una de las líneas, lo importante es el tipo de novela y de tópicos que te vas a encontrar, más que el nombre del autor en la portada.

Sacan a la calle varios libros al mes, y tienen un público fijo, lo cual siempre es muy atractivo para el autor. Porque lo que busca el lector es un tipo de historia, una forma determinada de narrar.

A quien no lee harlequines todas las semanas, que es nuestro caso, lo que más le conviene es identificar esos elementos que te gustan, y saber encontrarlos en los harlequines.

Casi todas las líneas, desde Harlequin Presents hasta Harlequin Medical, suelen ser contemporáneas, pero también las hay históricas (Harlequin Historical, aquí Harlequin Internacional). Y de otros subgéneros, como el suspense (Harlequin Intrigue) o inspiracional/cristiana (Inspired).


 

 

Tópicos… ¿o estereotipos?

La novela genérica es el lugar por excelencia de los clichés románticos. Todos los tópicos que te puedas imaginar son escritos y reescritos: hijos secretos, embarazo inesperado, enemigos a amantes, fake relationship, matrimonios de conveniencia (algo realmente difícil de tramar en una ambientación contemporánea), cómo casarse con un millonario, ligar con el jefe, el regreso a la ciudad de la infancia, segundas oportunidades, amigos que se hacen amantes, fantasías prohibidas,…

Y los personajes más estereotipados: millonarios, jeques, magnates griegos, los jefes, vaqueros, médicos y enfermeras (que tienen su propia línea, Harlequin Medical).

Puedes encontrar el tópico que quieras, el nivel de sensualidad variado, las hay más cortitas o más largas, ambientaciones cosmopolitas de gran ciudad, o pequeñas localidades rurales o el Outback australiano.

En la página web de Harlequin te muestran el producto por lo que llaman géneros, organizando según tipos de entornos, personajes y tópicos, para que elijas lo que te va. Ya digo que aquí, más que el nombre del autor en la portada, lo que se busca es el personaje o la ambientación, o el tema, que nos hace tilín.

Como categorías destacadas te ponen, Holiday Romance, Victorian Historical Romance, Western Romance, o Crime Thriller, o sea, navideño, victoriano, del Oeste o suspense.

Pero luego te detallan más de seiscientas, de lo más específicas, como historia del siglo XIX, acción y aventura o Abdominal Diseases, Angels & Demons, Animal Humor, Apocalyptic & Post-Apocalyptic Science Fiction, por citar solo algunas de las que aparecen en primer lugar, por orden alfabético. ¿Con la P, por escoger una letra al azar? Pues hay Pain Management, Paleontology o Paranormal.

Se trata de que, sabiendo lo que te gusta, vayas a tiro hecho. Lo que me encanta es que ya en el título te lo dicen. 

Por ejemplo, ¿quieres algo con personaje español? Busca Spanish o Spaniard, y te encontrarás con títulos self-explanatory, o sea, que ya te dice de qué va: Her Spanish Boss de Barbara McMahon (HR-3875, 2006); Spanish Doctor, Pregnant Nurse, de Carol Marinelli (HPE-27, 2008); Spanish Billionaire, Innocent Wife, de Kate Walker (HP-2734, 2008); Spanish Magnate, Red-Hot Revenge, de Lynn Raye Harris (HP-2848, 2009); The Spanish Billionaire's Pregnant Wife, de Lynne Graham (HP-2795, 2009); Mistress: Pregnant by the Spanish Billionaire, de Kim Lawrence (HP-2919, 2010); The Spanish Millionaire's Runaway Bride, de Susan Meier (HR-4603, 2018).

Lo mismo puedes hacer con cualquier otra cosa. Es verdad que, en las traducciones al español no siempre conservan estas ideas que transmiten los títulos. Por ejemplo, la que cito de Kim Lawrence, que sería «Amante: embarazada por el millonario español», aquí se llamó Una noche bajo las estrellas. Otras veces, sí, aunque siempre a su manera: The Greek commands his mistress (2015), de ynne Graham, se convirtió aquí en A las órdenes del griego.        

La diversidad alcanza también a minorías. Harlequin tuvo una línea, Harlequin Kimani, entre 2006 y 2019, con protagonistas afroamericanos. Los nombres que más me suenan de este sello son Brenda Jackson, Kianna Alexander y Niobia Bryant. La gran dama de la novela romántica afroamericana, Beverly Jenkins, también publicó un par de ellas aquí. 

Rhythms of Love: You Sang to Me 

Lo bueno, para que no te pierdas, es que te lo sacan en portadas. Harlequin sigue ilustrando sus novelitas de tal manera que más o menos sepas qué tipo de historia y de personaje vas a tener.

Actualmente, publican de vez en cuando romances genéricos LGBT. Así, novelas de chicas como Tempted by the Bollywood star, de Sophia Singh Sasson o The vet’s shelter surprise, de Elle Douglas. De chicos, temenos Secret heir for Christmas, de Laquette, The boyfriend subscription de Steven Salvatore.

Secret Heir for Christmas The Vet's Shelter Surprise    The Lights on Knockbridge Lane

Se dice que el primer harlequin gay que se publicó fue The Lights on Knockbridge Lane de Roan Parrish. En octubre de 2021, un SSE n.º 2866. 

Eso sí, Harlequin ya había publicado otros romances LGBTQ, durante años, en su sello Carina Press (digital). Tenían una línea específica de, creo, uno al mes, Carina Adores. En Goodreads he visto una lista de libros publicados por Carina Press como parte de Carina Adores. Puedes encontrar nombres como Charlie Adhara, Annabeth Albert o Roan Parrish.

Con un Harlequin muchas veces te preguntarás si tratan un tema, o realmente caen en el estereotipo. Lamento decir que la mayor parte de las veces, es esto último, sobre todo si es una anglosajona poniendo personajes mediterráneos, hispanoamericanos o de un vago Oriente Medio en el que siempre salen esos jeques que quieren modernizar sus países. Caen mucho en el tópico.

La británica Sarah Morgan, por ejemplo, escribió bastantes Harlequin Presents y Harlequin Medical. Tiene siempre un toque especial, alguna escena particularmente romántica, que la distinguía y no me extraña que luego haya pasado a los single titles. No obstante, a mí me tiene perdida porque me resultan insufribles sus topicazos sobre el sur de Europa, y ahí incluyo a Francia.

All Over You

 

Nivel de sensualidad

Ya lo adelanté más arriba, unas historias son muy sexis y explícitas y otras son más bien blancas. Ayuda la línea en que se saca. Pueden verse las diferencias en un artículo que publicaron en AAR en el año 2020.

Harlequin Desire o Harlequin Dare tienen escenas calentitas, mientras que en Harlequin Romance el nivel de sensualidad es inferior y en Love Inspired se limitan a besos, y sexo solo insinuado y dentro del matrimonio.

¿Hay una correlación con las líneas en español? Pues, como ya expliqué en otro artículo que dediqué a «esos harlequines viejunos», no hay una correspondencia exacta. No puedo decir: mira un Harlequin Temptation o Blaze se corresponde con un Julia o un Deseo.

Un romance Silhouette (SR) lo puedes encontrar lo mismo en Jazmín, en Bianca que en Julia.

En la línea Deseo, con ese nombre, te esperas que sean cosas un poco más subidas de tono. Se ha alimentado sobre todo de Silhouette Desire (SD).

Los harlequines históricos (HH) los encontrarás, eso sí, y hasta donde yo sé, en Harlequin Internacional.

 

Mi lista

Como ya hice con el artículo dedicado a las novelas históricas, no puedo terminar sin ofrecer la lista de las novelas que a mí más me han gustado, algunas de mis novelas cinco estrellas. O, en este caso, alguna de tres o cuatro.

Intento no poner más de una novela de la misma autora en el mismo período

 

1.ª década (1984-1993)

 

Alexandra Sellers: Captive of desire / En las redes del amor (1982) Harlequin Super Romance n.º 13 / Súper Jazmín n.º 34. Un escritor que ha sufrido el gulag es liberado por los soviéticos y se reencuentra con una periodista británica que ha estado enamorada de él desde hace años.

Georgia Bockoven: A gift of wild flowers/ Flores salvajes (1985) Harlequin Tempattion n.º 57 / Super Julia n.º 21. Un tipo de vuelta del éxito empresarial guía por las montañas a una ambiciosa fotógrafa que aún no ha realizado su sueño.

Judith Arnold: Best friends / Una amistad inquebrantable (1987) Harlequin American Romance n.º 189 /American Love n.º 161. Un amigos a amantes, la versión más sencilla y estilizada del tópico, que funciona a la perfección.

Sandra Brown: Adam’s Fall /Tentación (1988) Loveswept n.º 252 / En España la editó Talismán, del grupo editorial Grup 62. Un enemigos a amantes de esos que echan chispas, qué divertido es ver cómo se odian y discuten quienes se sienten atraídos a su pesar.

Linda Howard: MacKenzie’s mountain /Lecciones privadas (1989) Silhouette Intimate Moments n.º 281 / Colección: Top Novel 3. Qué decir de este clásico de Howard, atemporal, la maestra recién llegada y el nativo americano que se enamoran en medio de los prejuicios del pueblo.

Mackenzie's Mountain

 

2.ª década (1994-2003)

 

Kathleen Korbel: A soldier’s heart (1994) Silhouette Intimate Moments n.º 602. Una enfermera con PTSD que le da al drinking, y un soldado al que salvo la vida en la guerra de Vietnam.

Jennifer Cruise: Anyone but you (1996) Harlequin Love and Laughter n.º 4. Con esta novela, Harlequin inició un sello que era más de comedia romántica. Una de mis novelas románticas favoritas ever. Ella tiene cuarenta años y está divorciado, no le interesan los niños ni volver a casarse, solo rehacer su vida, feliz con el desgalichado perrito que ha rescatado de la perrera. Él es médico de urgencias, tiene, ejem, ¿25 años?, y entre ellos hay una química fabulosa.

Suzanne Brockmann: The Admiral's Bride / Desafiando las normas (1999) Silhouette Intimate Moments n.º 962. Suspense militar, con un almirante que se introduce en un grupo extremista, y la joven doctora que lo ayuda a desactivar un arma peligrosa. Pocas veces la diferencia de edad funcionó tan bien.

 


Para las siguientes dos décadas, la verdad es que las cosas que me han gustado han sido muy esporádicas. Ninguna es de cinco estrellas, sino de tres y cuatro. Suelen ser autoras que he descubierto por otras cosas, veo que tuvieron pasado harlequinero y pruebo a ver esos libros anteriores.

 

3.ª década (2004-2013)

Sarah Mayberry: She’s got it bad (2009) Harlequin Blaze n.º 464. Se quieren, se gustan, pero no se atreven a confiar en el futuro

Courtney Milan: Unlocked (HQN, 2011). Un homenaje a quienes alguna vez han sido acosados. Los Turner 1.5

Carol Townend: Bound to the barbarian / Atada a un un bárbaro (2012) Harlequin Historical Subscription n.º 326 / Internacional n.º 522. Historia sencillita, en un entorno poco frecuentado, el imperio bizantino.

Cara McKenna (escribiendo como MegMaguire): Taking him down (2013) Harlequin Blaze n.º 762. Un luchador y una casamentera en el mundo de las artes marciales mixtas

 

4.ª década (2014-2023)

 

Jackie Ashenden: Bad boss (2020) Harlequin Dare n.º 113. Un buen romance de oficina.

 Bad Boss

 

No me resisto a rematar el artículo con las novelas que, según mi base de datos, son las más apreciadas por el público en cada década:

Años 1980: Lecciones privadas (MacKenzie’s Mountain, 1989) de Linda Howard.  Mackenzies #1 / Silhouette Intimate Moments n.º 281 / Silhouette Sensation n.º 103

Años 1990: Anyone but you (1996), de Jennifer Cruise. Harlequin Love and Laughter n.º 4 / Mills & Boon Presents n.º 200

Años 2000: Tentando a la suerte (Get Lucky, 2000), de Suzanne Brockmann. Tall, Dark and Dangerous #9 / Mills & Boon Intimate (Australia) n.º 507 / Silhouette Intimate Moments n.º 991 / Silhouette Sensation n.º 612

Años 2010: Unveiled (2011), de Courtney Milan. HQN. The Turners #1

Años 2020: Tempted by her outcast viking (2022), de Lucy Morris. Shieldmaiden Sisters #2 / Harlequin Historical n.º 1681 / Mills & Boon Historical n.º 2097

Anyone But You    Get Lucky    Unveiled    Tempted by Her Outcast Viking

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Memorias (3): La base del escalafón, las genéricas

 

 


 

Siempre me he considerado afortunada por tener una familia en que hay gente de todas las ideologías. Eso evita que una tome demasiado en serio la política, demonizando al que no tiene mi mismo pensamiento. Las personas me parecen más importantes que la política. 


 

De toda la vida he encontrado curioso que esto de las novelitas genéricas tipo harlequin me venga de la parte roja de mi familia, no de la azul (en el sentido europeo del término, no como en EE. UU., que van al revés). Ya conté aquí  que una tía mía, allá por los años ochenta entró en una racha de leer harlequines. Montones de ellos. Todas las semanas se los compraba y, gracias a que veraneábamos en el mismo sitio, compartía esas historias con aquella adolescente lectora que era yo.

Nunca se me ocurrió pensar que aquellas novelitas pertenecieran al mismo género literario que los tochos de Kathleen Woodiwiss. Ahora, lo incluyo en romántica sin la menor duda.

A aquellos harlequines viejunos les dediqué nada menos que cinco artículos, en el año 2020. Muchas de las cosas que cuento aquí ya las dije entonces, me parece inevitable repetirme.

Son relatos cortitos, normalmente de no más de doscientas páginas y que te cuentan una historia de amor con bastante economía de medios. No obstante, en algunas líneas el conteo de páginas es superior y puede pasar de 300 páginas. Por ejemplo, Tempted by her outcast viking (Harlequin Historial n.º 1681, 2022), de Lucy Morris, tiene 368 páginas. Pero que no os despiste, es por el formato pequeño. Al final, el recuento de palabras es bajo y suele estar en torno a las 50.000.

Desde aquellos años de mi juventud hasta ahora, no puede decirse que haya sido lectora habitual de novelas genéricas. Pronto me cansé porque, en su mayor parte, no merecían la pena. Para mi gusto, son demasiado formulaicas y no suelen tener nada especial. Me dejaban insatisfecha, frustrada por dedicar mi tiempo a cosas que no valían ni el papel en el que estaban escritas.

Pero cuando he tenido la oportunidad de hacerme con alguna que me llamara la atención, me la he pimpado sin el menor reparo. Aquellas que me parecen particularmente logradas, se han quedado conmigo. Me parecen tan buenas como cualquier otra novela romántico, de otro formato.

Son las únicas que podemos llamar «novelas rosas» con todo el rigor. Sobre el modelo de mercado que representan y la economía que hay detrás de ella, profundicé en el artículo que antes he mencionado.

 

El origen

 

Las historias de amor de siglos pasados solían ser extensas. Las novelas sentimentales de los siglos XVIII y XIX acababan convirtiéndose en folletines interminables. 

El que se adopten formatos más breves me parece a mí que es algo del siglo XX. A principios de siglo, en Francia, se publicaban lo que se llamaba roman à l'eau de rose.

No he conseguido encontrar ningún sitio académico en que profundicen sobre ellos y pueda poneros ejemplos. En España se tradujeron unas cuantas en los años veinte y treinta. «La Novela Rosa» era el nombre de una colección que publicaba la editorial Juventud allá por los años veinte y treinta, de novelitas amorosas extranjeras y autóctonas.

Luego, en España, sí que hubo unas cuantas autoras, durante la República y el franquismo. Sobresale la figura de la asturiana Corín Tellado, que escribía precisamente este romance genérico. Alguna novela suya leí hace años, pero la verdad es que no me gustaron, por el lenguaje con el que estaba escrito, y no he vuelto a probar.

 


La interesante historia editorial del romance genérico

Dentro de la industria romántica, lo que me resulta más interesante es precisamente lo que ocurrió con este segmento del mercado, el de los category romances o novelas genéricas.

La que creó realmente este producto de consumo masivo fue la británica Mills & Boon, fundada en 1908. A partir de los años treinta, se concentró especialmente en la novela romántica, por la tendencia al escapismo durante los años de la depresión. Empezó con tapa dura y sacó los libros en rústica en los años sesenta.

Desde 1958, tuvo un acuerdo con una editorial canadiense, Harlequin, para que esta, fundada en 1949 y que se dedicaba a otro tipo de libros, vendiera reediciones de los títulos de Mills & Boon en el mercado norteamericano.

En 1971, la familia Boon vendió la compañía a Harlequin Enterprises de Canadá. En el ámbito de la Commonwealth, no obstante, siguen conservando, hasta el día de hoy, su denominación Mills & Boon.

Por ejemplo, Suddenly you, de Sarah Mayberry (2012) , que ganó el premio Best Category Romance («mejor romance genérico») en la encuesta anual de All About Romance, es un Harlequin Super Romance (n.º 1812) y un Mills & Boon Cherish 2-in-1 (n.º 106)

Las autoras eran, mayoritariamente, británicas… hasta que llegaron los ochenta, y sus Romance wars. Llegó a haber nada menos que cuatro sellos que publicaban novelas de este tipo.

Al parecer, en los años setenta Harlequin distribuía sus novelitas en EE. UU. a través de Simon & Schuster y Pocket Books. Rescindió su contrato de distribución en el año 1976. Esto dejó a Simon & Schuster con un gran potencial de ventas y ningún producto que poner en el mercado.

¿Qué hacer? Pues nada, como buenos emprendedores, los de Simon & Schuster decidieron tapar el hueco, aprovechando el talento de escritoras estadounidenses, a las que Harlequin había rechazado, publicando sobre todo a británicas.

Así, Simon & Schuster creó Silhouette Books en 1980. Silhouette publicó varias líneas de romances genéricos, y animó a sus escritores a experimentar dentro del género, creando nuevos tipos de héroes y enfrentándose a temas sociales contemporáneos.

Para competir con Silhouette, Harlequin sacó una línea de romances genéricos ambientados en los EE. UU.: Harlequin Superromance, un poquito más largas que las de su rival.

¡Aquí hay negocio!, se dijeron otras editoriales. Y lanzaron sus propios sellos románticos. Así, Dell Doubleday creó Candlelight Ecstasy en 1980 y Bantam Books, Loveswept en 1983

Por buscar su hueco, Candlelight Ecstasy subió un poco el termostato, quitando la exigencia de que las heroínas fueran virginales.

Como esto de meter sexo dio resultado, Silhouette se subió al carro y lanzó líneas similares, Desire y Special Edition.

O sea que tenemos cuatro líneas que publicaban novela romántica cortita y contemporánea: Harlequin (Mills & Boon), Silhouette, Candlelight Ecstasy y Loveswept.

En todas ellas se iniciaron grandes nombres de romántica, como Nora Roberts, Jayne Ann Krentz, Linda Howard o Sandra Brown. 

Lo curioso es que al final no escribían para un solo sello. Os pongo el ejemplo de Sandra Brown que, con seudónimo o no, publicó con las cuatro: 

·        Rachel Ryan, Love's encore, Candlelight Ecstasy Romance n.º 21 (1981)

·        Erin St. Claire: Not even for love (Ni siquiera por amor) Silhouette Desire n.º 7 (1982)

·        Sandra Brown: Tomorrow's promise (Cuando llegue el mañana) Harlequin American Romance n.º 1 (1983)

·        Sandra Brown: Heaven’s price (Caricias ardientes) Loveswept n.º 1 (1983)

Love's Encore

Estas autoras son un ejemplo para otras que vinieron detrás. En el otro artículo que dediqué a «esos harlequines viejunos», cuento lo que reflexionaba Suzanne Brockmann al respecto, y por qué ella empezó con este tipo de novela, en los noventa.

Ya sabes aquello de que, si no puedes a tu enemigo, únete a él, ¿no?

Bueno, pues en 1984, Harlequin compró Silhouette a Simon & Schuster. A pesar de la adquisición, Silhouette siguió conservando el control editorial y publicando diversas líneas con su propio nombre. 

Cuando estas autoras que empezaron con ellos se apartan y triunfan con otro tipo de historias, publicando single titles largos con otra editorial, por ejemplo, lo que hace Harlequin es reeditar sus romances genéricos de décadas pasadas como si fueran single titles, con el sello MIRA Books.

Dicho sea de paso, a mí me parece que esto del romance genérico es una escuela muy buena para aprender los rudimentos de la narración: exposición-nudo-desenlace, caracterización de personajes, cómo mantener la tensión dramática, cómo pulir el lenguaje para quedarse en lo esencial, cómo construir diálogos eficaces…

 


¿Y ahora, cómo andamos?

 

En la parte editorial, sigue la publicación tradicional de los sellos ya vistos, o en Random o en Harper Collins. Tanto Dell como Bantam están incluidas en Random House, Inc. Por su parte, Harlequin Enterprises (que absorbió en su día Silhouette) fue propiedad de la canadiense Torstar Corporation entre 1981 y 2014. Luego la adquirió News Corp y hoy es parte de HarperCollins.

Así que aquellas cuatro líneas de los ochenta son actualmente propiedad, o bien de Random House, Inc., que forma parte de la compañía Bertelsmann, una empresa de medios de comunicación alemana; o bien de HarperCollins, compañía editorial perteneciente a la News Corporation de Rupert Murdoch.

Lo que ocurre es que actualmente, y más con la autopublicación, hay novelitas de este tipo sin que aparezcan con la portada Silhouette o Harlequin.

La idea la escuché a las Smart Bitches, en uno de sus podcasts de hace años, cuando todavía las escuchaba. Ellas comentaban que muchas veces se venden auto publicados romances que no tienen la apariencia de harlequines pero que, por el formato y longitud, son auténticos category romances.

Podríamos llamarlas «genéricas encubiertas», o «harlequines disimulados» que pretenden no serlo. Autoras como Carly Phillips, por ejemplo, o Jackie Lau, Serena Bell, Lauren Layne, Louise Bay, a veces Sarina Bowen o T. L. Swan, Vi Keeland o Elle Kennedy, en sus formatos más breves, escriben novelas genéricas, solo que como tienen otro tipo de cubierta, fingen que no lo son.

Si hay autores que sacan en un año tres, cinco, ¡diez novelas!, están siguiendo ese mismo modelo de producción, aunque se autopubliquen y no lo hagan con Harlequin.

Recientemente he leído cosas de autoras así, Bethany Lopez, Liz Alden o Jennifer Sucevic, de bastante tercera fila, por el poco renombre que tienen. Y que no se apartan un ápice de tu esquema harlequinero típico.

Lógicamente la inmensa mayoría de estos libros son una mierda. Es difícil publicar un libro al trimestre y que te salga bueno. Con sus repeticiones, deslavazadas, tramas con hilos sueltos que no van a ninguna parte, errores gramaticales u ortográficos, aburridos soliloquios,… Son un poco como esa ropa de mala calidad pero que te compras una camiseta nueva cada quince días, en vez de gastarte los cuartos en ropa que te vaya a durar décadas. 

Es España puede señalarse la particularidad de que Harlequin saca HQÑ, entiendo que para autores autóctonos. La extensión puede ir de las 150 a las 250 páginas. Veo títulos y nombres que me suenan poco o nada.

Os pongo ejemplos.

Los tejados de París, de Andrea Muñoz Majarrez; Versos en tu espalda, de Lucía Pecero Claro; El hechizo del ángel, por Claudia Cardozo; A orillas del Ness, de Mercedes Gallego; Con suerte en Navidad, por Mayte Esteban.

Otro día sigo hablando más de las genéricas, de su variedad y listas, por supuestos.

Os dejo a continuación imágenes de algunas de las primeras novelas que publicaron algunas de nuestras autoras favoritas.

Irish Thoroughbred Uneasy Alliance    All That Glitters    Hero Under Cover